Pymes: sobreviviendo
"Me preguntaron como vivía, me preguntaron. Sobreviviendo, dije, sobreviviendo.' ” 
 La prosa citada más arriba corresponde a la fantástica canción escrita en el año 1984 por el cantautor Víctor Heredia y bien podría ser entonada en referencia a la mayoría de los empresarios argentinos de la actualidad. Es que, al ser preguntados por la situación de sus compañías, no son pocos los Pyme que responden con el estribillo de este clásico nacional.
Pues, en nuestro país las crisis son recurrentes y en los últimos dos años fueron más las empresas que cerraron que las que abrieron. De hecho, según datos oficiales, durante este año quebraron cerca de 60 mil industrias de menos de diez empleados. Esto significa al menos 600 mil familias sin una fuente de ingresos, muchos consumidores sin sus productos y proveedores sin clientes a quienes venderles. En efecto, se trata de una catástrofe por donde se mire: hoy contamos con más empresas cerradas que personas fallecidas por el coronavirus y, más aún, cientos de miles de errantes pymes sobreviviendo.
No obstante, hay empresarios que ya no quieren ser solo sobrevivientes. Me refiero a aquellos que dirigen firmas que tienen el mérito de perdurar a esta tragedia y salir adelante. Ahora bien, ¿cómo lo logran? Existen varias explicaciones, aunque hoy nos detendremos en una sola: la existencia de una ventaja competitiva.
En este orden, en el presente artículo se expondrán algunas de sus características, a la vez que se brindarán indicadores con el fin de que el lector analice y diagnostique desde esta perspectiva la realidad de su negocio.
Comencemos definiendo que se entiende por ventaja competitiva. Se trata ni más ni menos que de aquello que distingue a la organización en relación con la competencia. Más aún, es el rasgo definitivo que deriva de las habilidades fundamentales de la firma. En otras palabras, permite hacer algo que el resto no puede hacer. Ejemplos de ella son una trayectoria en el mercado con una marca robusta, especialización en un nicho, acceso a información preferencial, entre otras.

Ante ello, son muchos los empresarios que ponen a la CALIDAD como su principal beneficio ventajoso. No es casualidad ya que, implementada de manera adecuada, este diferencial consigue representar un buen mecanismo de destaque sostenible si y solo si la firma es capaz de mejorar continuamente en ese aspecto, pudiendo plasmarlo en los hechos. De todos modos, al tratare de un concepto un tanto ambiguo, al escucharlo en cualquier proceso de consultoría me surgen varias preguntas: ¿cómo se la mide? ¿La percibe el cliente realmente? ¿Es difícil de imitar por el competidor?
A su vez, a la hora de generar prerrogativas difíciles de ser copiadas por los emuladores, sirve pensar con las lógicas del diseño. Esto es abordar el problema de manera similar a como lo hacen los diseñadores gráficos, arquitectos o industriales con sus proyectos: pensando con el foco en el usuario.
Sin embargo, diseñar una ventaja es tan solo el primer paso. Luego le sigue lo más difícil que es sostenerla, es decir, ser capaces de explotar sus recursos con eficiencia y mantenerlos en el tiempo, a pesar de los movimientos del mercado y la evolución de la industria. En este sentido, capacitar a los equipos de trabajo, promover la flexibilidad cultural y anticiparse son tareas clave.
Al respecto, recuerdo el caso de un cliente que asesoré hace un tiempo, dueño de una fábrica de pastas especializada en proveer a los restaurantes de primer nivel de su ciudad. Por las particularidades de sus compradores, claro está, la calidad era su “caballito de batalla” y gran parte de los esfuerzos de esta consultoría estaban destinados a potenciar este atributo.
El desafío se presentaba ante el hecho de que la fábrica venía creciendo en demanda año a año. También debido a que los nuevos consumidores llegaban por recomendación, manifestando su interés no solo en las bondades de los productos sino en la excelencia del servicio. En base a esto último, se desarrolló un sistema de gestión capaz de obtener los datos de compra de cada interesado y anticipar la producción, con el objeto de que los pedidos llegasen en tiempo y forma. Igualmente, mi asesorado tuvo la precaución de patentar este software, de forma tal que, si sus competidores osaban copiarle, deberían pagar un costo alto por ello.
Para finalizar, recurriré a un proverbio zen que reza: El obstáculo es el camino. El mismo incita a ver aquellas dificultades que salen a nuestro paso como medio para el progreso de nuestros emprendimientos. Lo invito entonces, estimado empresario Pyme, a que encuentre en los problemas que se le presenten en su tránsito por en el mundo empresarial argentino, oportunidades para desarrollar ventajas competitivas y no solo sobrevivir, sino principalmente, sobresalir y crecer.
(Consultor en GrupoSet LATAM)
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