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Roberto Garghini, recordando al “Gran delantero”

1986; la monotonía de las siestas en Villa San Juan y Saavedra se alteraba por el arribo, a carradas, de jugadores foráneos que llegaban al club del barrio para ganarse un puesto en el nuevo Nacional “B”.

Así una tarde de debut asomaba por el túnel, sin estridencias, un Chubutense de figura estilizada, rulos renegridos y aspecto prolijo que a más de tres décadas continúa perenne. Para quien el nutrimento era fútbol del bueno Roberto Gargini no sería ningún desconocido, era por antonomasia “Un gran jugador” que venía de Primera “A”. 

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Roberto Garghini defendiendo la posesión de la pelota. Fue un puntero acostumbrado a colaborar con sus volantes.

El Beto ya con sus primeras corridas se metió a la hinchada en el bolsillo validando su chapa de jugador inteligente, hábil y  entrega absoluta. Fue de la estirpe que mencionaba don Renato Cesarini: “Para que un jugador  sea considerado completo debe tener actitud atacando y defendiendo”. 

De movida metió todos los goles que se le negaban a Hugo Noremberg, su ladero en  aquél Ferro  que un par de años fuera sensación del fútbol grande. El Beto fue profesional ciento por ciento respetado hasta más allá de lo que limita una cancha, jamás sobreactuaba, un crack que desde su dominancia del juego cuando no podía convertir asistía sin egoísmo al compañero mejor ubicado. 

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Garghini con la pelota en su primera temporada en For Ever, en el primer torneo Nacional B, en la temporada 86-87.

Para aquel fútbol profesional que en el Chaco aún estaba en ciernes, el Beto, Hugo Lacava Schell y Mario Noremberg fueron una suerte de maestros para jugadores locales que, aunque de gran valía, en la zona cargaban el amateurismo a flor de piel. 

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Con la camiseta de Chaco For Ever maniobra entre defensores de Huracán. El Chubutense fue uno de los preferidos de la Hinchada albinegra.

 -Integraste el Ferrocarril Oeste más recordado en su historia futbolística…

-Tenía 17 años cuando probé en Ferro,  dos años antes ya había debutado en la primera de  Huracán de Trelew. Fiche en  1.981 cuando me tocó hacer la colimba en un año que jugué muy poco. En 1.982 por el tema Malvinas me reincorporaron en Buenos Aires, y como había hecho toda la pretemporada me seguían teniendo en cuenta aunque  debutando recién en diciembre. 

Al año siguiente alterné primera con reserva hasta ser el titular definitivo en primera cuando fuimos campeones del fútbol argentino ganando el derecho para jugar  Copa Libertadores (1.985).  

Jamás podré olvidar aquel 4 de noviembre  donde jugué el mejor partido de mi vida y coincide con la última vez que el club le ganó a  RIVER (2 -1) con dos goles del Gallego González después de dos asistencias mías. 

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El “Beto” Garghini hoy en familia con su esposa Leticia, su hija Ornella y Gianfranco, y Patricio, hijo de su primer matrimonio.

Después de aquel partido y hasta el día de hoy que Ferro no pudo ganarle más, solamente lo hizo en un amistoso. Con Ferrocarril Oeste jugué en el Maracaná por Copa Libertadores enfrentando al Flamengo de “Zico” en un partido que empatamos 0 a 0, algo histórico, por la cancha y la jerarquía de los jugadores que integraban aquél plantel. 

Griguol junto a “CAI” Aimar y el Profesor Bonini charlaban con León Najnudel (entrenador Básquet) intercambiabando esquemas que aplicábamos luego. Ferro era una máquina que te trituraba en todos los sectores de la cancha. Lo mejor que se vivió en ese momento y yo estuve, siendo mi gran orgullo. Nadie quería jugar contra nosotros. Francescoli, Burruchaga o Bochini alguna vez antes de mover la pelota nos confesaban que no preferían jugar con cualquiera menos con Ferro ya que presionaba constantemente.  

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Gol de For Ever: con el puño en alto va en busca de la hinchada. Una imagen recurrente para un notable delantero.

-¿Qué hizo que recalaras en Chaco cuando te ibas consolidando como jugador de Primera División?

 -Por la propuesta económica que Polo García (presidente) hizo al club comprando también a Mario Norembeg. En Chaco estuve muy a gusto ya que jugábamos a cancha llena y desde el primer momento puse la mente en el ascenso, hasta que una grave lesión de ligamentos (88) frustró el deseo.  

Volví en el 90 con el club en Primera y quedé libre, entonces decidí ir a Grecia por un año. Regresé a Alvarado de Mar del Plata, Germinal de Rawson, Racing de Trelew y el retiro en Huracán de Trelew con 33 años. 

En 2003 fundé el club Los Aromos (Trelew) que participa en la Liga local con infantiles y primera. Con Noremberg formamos chicos que todos los años llevamos a Buenos Aires como  también a Europa, como ser el sur de Italia y España. Chicos entre 13 y 15 años que hoy por la pandemia no pudimos viajar. 

He dirigido primera aunque hago más de coordinador. Administro canchas de fútbol 5 pero con la emergencia tuve que reinventarme acompañando a mi hijo en un local de mates (Mates Sur). 

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Otra postal en familia en un estadio.

-¿Y alguno de tus hijos siguieron los caminos del fútbol?

-Tengo un hijo Chaqueño (Patricio) producto de mi primer matrimonio. En 1992 junto a Leticia formamos una nueva familia donde nacieron Gianfranco (23) y Ornella (20). Patricio (33) estuvo dos años en Italia jugando en Ligas menores. 

Gianfranco llegó a primera en Ferro y emigró a Italia (serie “D”), la pandemia lo agarró paseando en Argentina y al final se quedó conmigo en Chubut. 

Mi hija Ornella es modelo y suele aparecer con su cara en la imagen del Banco Río, en gigantografías colocadas dentro de los subtes de Buenos Aires, también es modelo de Leo Leiva (peluquero). 

-¿Qué momentos con Chaco For Ever te siguen acompañando?

-Jugando una noche contra Belgrano de Córdoba donde convertí tres goles pero al equipo no le alcanzó. Tampoco olvido mi primer día en Resistencia cuando a las 5 de la misma tarde el Gaita (García) nos llevó a Goya para jugar un amistoso nocturno. Nos subimos a un Mercedes Benz que corría a 200 km por hora y estuvimos en Goya en solo una hora.  Ganamos uno a cero con gol mío en un equipo donde no conocíamos a nadie. Allá cenamos y en la misma mesa lo sentaron a “Pepo Fernández”;  lo más loco que hasta ahí había conocido. Cuando el mozo se da vuelta apenas sirvió el postre Pepo sacó sus dientes postizos y los clavó en el flan reclamando que le traigan. Después de eso no costaría integrarnos, nos matábamos de risa en las concentraciones. 

También recuerdo a Freyre, un tipo que también tenía cosas risueñas. Pasé lindos momentos con el Nene Alarcón y Mauricio Esquivel, otro jugador tremendo. El hecho que junto a Merlo (arquero) pasamos al club en forma definitiva hizo que me aceptaran rápidamente. Regresé a Resistencia en el 2007 y el club me entregó una placa prometiendo volver para el centenario del club aunque no fue posible. 

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Roberto Gerghini en sus comienzos en Ferro, abajo a la derecha, junto a otro ídolo de For Ever, Hugo Mario Noremberg (con la pelota).

LA TARDE EN QUE SE ROMPIÓ LA RODILLA

Y fue una tarde contra Douglas Haig que el incisivo Chubutense de tanto ir al área se encontró de frente con “el mudo” Héctor Cassé (arquero hipoacúsico) llevando el infortunio amurado a su regatte.

La mole del arquero se estrelló contra su rodilla, y el gran jugador a partir de ésa instancia no fue el mismo; larga recuperación (un año) con vuelta intermitente deambulando ya con el club ascendido hasta que un día, así como había llegado, sin mayores ruidos se mudó buscando otros aires.

En el estadio forevista había quedado como marca indeleble su exquisito juego y entrega, también el idilio con la vieja hinchada que siempre llevó como propósito, eso no mudará jamás.

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