Los recuerdos, las pérdidas, la memoria
Aún resuenan los ecos de la muerte de Diego Maradona, el impacto deportivo y social que la misma generó sirve para explicar mucho de nuestra cultura, pero también de cómo vivimos los duelos, las pérdidas y en qué se transforman..
No importa si esa pérdida es la muerte, o el final de una relación personal, laboral, de un proyecto, de una etapa. Perdemos esa conexión que unió nuestra vida a la del que se fue´, o lo que dejamos atrás. La conexión ahora es con los recuerdos, las huellas de una vida en la nuestra, de una experiencia, que se transforman en memoria.
Maradona se murió un miércoles, y para Argentina y el mundo, dejó de ser un miércoles común. No se habló de coronavirus, y entre el mediático, fervoroso, controversial y descontrolado velorio, nuestras mentes –las de los que pasamos los 40 y las de los que no lo vieron jugar- viajaron a esas conexiones, a esos recuerdos que nos unían a Maradona, y a partir de allí comenzaron a gestarse las memorias.

Para mí Maradona no era un ídolo, no era el gol a los ingleses, Maradona fue ese gol a Grecia, en el 94’. Ese grito de desahogo. No era la revancha de Maradona, era la nuestra, tras haber perdido en Italia 90’. Era el recuerdo de dormir en la terraza de mi casa en Sáenz Peña, y bajar a las 5 de la mañana para ver las eliminatorias con Australia, la del Diego que nos vino a rescatar porque el fútbol siempre será todo para los argentinos, incluso un espejo –sin pedirlo- de nuestras debilidades y fortalezas. Por eso, para los argentinos el duelo no es solo la pérdida del ídolo, es la pérdida de lo que él significaba.
Ese hilo invisible que tejemos con el otro, no distingue entre un amigo, un compañero de trabajo, el ídolo, o un jefe. La pérdida puede tener muchas dimensiones: la afectiva, la social, e incluso la del lugar que una persona ocupaba, o lo que representaba.
Miguel Fernández, director periodístico de Diario Norte murió un lunes, un lunes que fue diferente para todos los que integramos el medio. La conexión es inevitable; más allá de la experiencia única que cada persona vive con el que se va, siempre los recuerdos, la memoria y la pérdida son personales.

Lo vi en personas pocas veces en los años que llevo en NORTE –que son muchos- en las reuniones de corresponsales. Juntaba todos mis reclamos, impronta, y dudas de joven periodista para soltarlo allí. Hubo una reunión en particular, en la cual se me acercó para hablar, y yo me esperaba una llamada de atención, por todo lo que había dicho; en cambio me dijo “¿por qué dejaste de escribir? Tenés que seguir escribiendo”. Cuando creía que él no sabía que existía, me di cuenta que él si sabía cuál era mi fortaleza periodística y mi motivación.
Aunque los debates y posiciones fueran diferentes sobre cuestiones periodísticas, nunca fui censurada (y eso que hubo debates intensos). Miguel tenía el peso de su experiencia, de su personalidad y su forma de hacer periodismo, pero siempre escuchó lo que tenía para decir.
Pero, el recuerdo y la memoria que, principalmente me ha quedado de él es la insistencia con la que nos hacía rescatar la historia de nuestros pueblos: los recuerdos, las pérdidas, la memoria.
Esa frase que suena poderosa, mezquina, egoísta y grandilocuente “no importa que hiciste con tu vida, sino lo que hiciste con la mía” (que se atribuye a Roberto Fontanarrosa), fue la que más se repitió con Maradona. Los prismas con los cuales lo vimos, el recuerdo y la memoria que construiremos será fruto del impacto de esa vida que fue, en la nuestra.
Las pérdidas de cualquier tipo implican cierres y nuevos comienzos, con las huellas que ha dejado en nosotros lo que hemos perdido. Como decía Gustavo Cerati “vendrá un nuevo amanecer…. Saber decir adiós, es crecer”.











