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FMI y fuga de capitales

Durante la era Macri la Argentina recibió el préstamo más grande de su historia y asumió compromisos financieros que el gobierno de Cambiemos y el propio Fondo Monetario Internacional sabían que eran imposibles de cumplir.

Así lo advirtieron senadores del oficialismo que reiteraron que el dinero del FMI sirvió para financiar la fuga de capitales. Un técnico del organismo de crédito que participa de las negociaciones para redactar una nueva carta de intención con el país reconoció que, efectivamente, eso fue lo que pasó.
El fenómeno de la fuga de capitales no es nuevo en la Argentina. Se trata de maniobras que, a veces amparadas por operaciones legales y otras veces a la sombra de actividades opacas, permiten sacar grandes sumas de dinero en dólares y enviarlas al exterior, debilitando así el sistema bancario y financiero local. En otras palabras, esta conocida maniobra que para unos pocos privilegiados se ha convertido casi en un deporte nacional, no es otra cosa que una transferencia de la riqueza generada por la gran mayoría de los argentinos hacia paraísos fiscales o economías de otras naciones.
El viejo debate sobre la presencia del FMI en el país volvió a ocupar un espacio en la agenda de los medios nacionales al conocerse la noticia que dio cuenta que un técnico del FMI que participa de las negociaciones con la Argentina había leído la carta que el bloque de senadores del Frente de Todos envió la semana pasada a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva y, para sorpresa de muchos, reconoció que los legisladores del oficialismo tenían razón cuando afirmaban en la misiva que el FMI prestó dólares a la Argentina fuera de los límites que imponen sus normas, y que ese dinero sirvió para subsidiar el precio de la divisa para que se retire del sistema financiero local. Dicho de otro modo, el gobierno de Mauricio Macri, junto al “mejor equipo de los últimos 50 años” (como bautizó el ex mandatario a sus colaboradores) recibió del FMI un préstamo récord en la historia argentina pero, en forma inexplicable, el país se quedó al mismo tiempo sin plata.
Pese a que el artículo IV de la carta orgánica del FMI, establece claramente que “ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”, eso fue lo que pasó con los dólares que el organismo prestó a Macri. Es decir, ese dinero nunca sirvió para financiar las obligaciones del Estado en salud, educación, promoción del empleo, etc. Debe recordarse que, contrariamente a lo que muchos creen, el sistema habilita formas lícitas para fugar capitales.
¿Por qué el FMI prestó dinero a la Argentina durante la administración Macri si el organismo tenía suficientes elementos para demostrar que el país no podría cumplir con sus obligaciones? Se sabe ahora que la intervención del propio presidente de EEUU, Donald Trump, fue clave para que el Fondo habilitará el préstamo, cuya devolución en los términos acordados era “a todas luces incumplibles”, como señalan los senadores oficialistas en su carta a Kristalina Georgieva. Al parecer, Macri convenció a Trump que si no lo ayudaba con esos fondos un gobierno de signo político opuesto llegaría al poder en la Argentina, tal como finalmente sucedió.
Distintos economistas coinciden en señalar hoy que cuando el FMI prestó el dinero a la Argentina sabía que el país no iba a poder pagar. Aún así, el organismo continuó aportando dólares pese a que
los propios informes redactados por el número dos del Fondo, el economista norteamericano David Lipton, advertían que la deuda no era sustentable, que no se iba a poder pagar y que había una flagrante violación del artículo IV de la carta orgánica del FMI. Pero, claro, los directores del Fondo saben que es prácticamente imposible que las denuncias en su contra por mala praxis prosperen en cualquier parte del mundo, porque las inmunidades de las que gozan fueron ratificadas por la Convención de Inmunidades y Privilegios de las Naciones Unidas. De esa manera, por más antipatía que genere el FMI en los argentinos, sus autoridades son -en los hechos- intocables, y no importa cuánto daño puedan provocar a los países con sus decisiones. En todo caso, habría que buscar responsabilidades entre quienes hicieron posible lo imposible: que la Argentina reciba el préstamo más importante de su historia para quedarse al mismo tiempo sin plata.

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