Paraguay: deforestan tierras indígenas para tapizar autos europeos
La organización británica Earthsight publicó una investigación que muestra cómo empresas brasileñas invadieron y deforestaron ilegalmente 2.600 hectáreas de bosques en tierras del último pueblo indígena en aislamiento voluntario fuera de la Amazonia, en el Alto Paraguay.

A través de tres diferentes rutas, que involucran a la curtiembre de las cooperativas menonitas Cencoprod, el Frigorífico Concepción, y las empresas Minerva y Lecom SA, el ganado vacuno proveniente de esas estancias se faena y el cuero es exportado a Pasubio Leather en Italia.
Esta empresa luego provee el cuero para tapizar autos de Jaguar, Land Rover y BMW. Según datos de Aduanas, la exportación de cueros y derivados movió más de u$s 38 millones sólo entre enero y agosto de 2020.
El extenso informe “Grand Theft Chaco” incluye más de 200 fuentes documentales, registros de la deforestación ilegal en el territorio Ayoreo con imágenes satelitales y visitas encubiertas a las curtiembres y establecimientos ganaderos involucrados en Paraguay.
También, seguimiento a los camiones que llevaban las vacas de las estancias a los mataderos, declaraciones de los propios empresarios y denunciantes dentro del Ministerio del Ambiente y el Infona, que demuestran “la corrupción y el tráfico de influencias que permiten esta destrucción”, según la investigación.

El Patrimonio Natural y Cultural Ayoreo Totobiegosode constituye una reserva de 550 mil hectáreas creada por el Estado paraguayo en 2001, tras décadas de lucha de activistas de esa etnia. Pero, desde 2005, se calcula que unas 53 mil de esas hectáreas han sido deforestadas para convertirse en pastura para ganado.
Una de las principales deforestadoras es Yaguareté Porá, empresa brasileña que “utilizó sus vínculos políticos” para obtener una licencia ambiental para el desmonte en tierras ancestrales. Aunque la licencia fue declarada ilegal, en 2013 la ministra del ambiente de Horacio Cartes, Cristina Morales, renovó el permiso a Yaguareté Porá. Ello dio lugar a la destrucción de otros miles de hectáreas.
Solo después de la intervención de la comunidad internacional, con reportes de la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Infona suspendió, en 2018, todo plan de manejo forestal de las empresas dentro de la reserva, volviendo ilegal cualquier desmonte. Pero dos meses después de esa resolución, Earthsight encontró que la deforestación siguió. En unos pocos meses, desaparecieron 2.100 hectáreas. En 2019, otras 520 hectáreas.
Para identificar a los responsables, investigadores viajaron a las tierras Totobiegosode a finales de 2019, donde contactaron con comunidades indígenas y descubrieron que otra empresa brasileña, Caucasian SA, y Félix Krahn, parte de la cooperativa menonita Chortitzer, habían deforestado el área. Registros públicos demostraron que Chortitzer compró 22 mil hectáreas dentro de la reserva en abril de 2019, poco antes de que la deforestación identificada en esa zona empezara y después de la resolución del Infona que prohibía toda actividad ganadera allí. Antes, la propiedad había pertenecido a la familia Scavone Oddone, encontrada culpable de deforestación ilegal en otro caso en 2020.
LA RUTA DEL CUERO SUCIO
Chortitzer faena sus vacas en su propio frigorífico, Frigochorti, y luego provee el cuero crudo a Cencoprod, la curtiembre de la que es accionista junto a otras dos cooperativas menonitas, Neuland y Fernheim. Cencoprod dice en su página web que asume “el compromiso del desarrollo sustentable con el medio ambiente”, pero ya estuvo involucrada en una grave acusación cuando en 2018 un informe de la ONU y una investigación de The Guardian demostraron que compraba cuero proveniente de estancias que utilizaban mano de obra esclava indígena.
Caucasian SA vende sus vacas a la multinacional brasileña Minerva, que se quedó con la mitad de todo el mercado de exportación de carne de Paraguay luego de comprar las acciones de la también brasileña JBS y Frigonorte.
Esta última compra generó conflicto con la Asociación Rural del Paraguay (ARP) –en cuyos eventos Caucasian promueve su ganado. La ARP denunció a Minerva por su “posición abusiva” en el mercado ante la Comisión de Libre Competencia, que dictaminó que la adquisición de Frigonorte posibilitaba al gigante brasileño manipular los precios.
Minerva luego vende el cuero crudo proveniente de Caucasian a Lecom SA, la empresa a la cual Waltrading, otra curtiembre, acusada de ser la responsable de contaminar la laguna en la ciudad de Limpio. Por último, Yaguareté Porá vende sus vacas al Frigorífico Concepción, el segundo exportador de carne del país.
Tras la limpieza del cuero en las curtiembres de Cencoprod, Frigomerc/Lecom y Frigorífico Concepción, usando metales como el cromo –que no se degradan bien en el ambiente– y sales como el sulfuro, el sodio y cloruro, que ahogan a los peces en el agua y a los humanos en el aire con su efecto y su olor– las empresas exportan el producto procesado a Pasubio Leather en Italia. Pasubio es el mayor importador de cuero paraguayo.
La empresa italiana compra el 39% de todas las exportaciones del país y destina en un 90% de sus ventas a la industria automotriz en Europa. Es un cliente muy importante de las curtiembres que Earthsight identificó como las que procesan el cuero de vacas provenientes de las estancias ilegales en la reserva Ayoreo.
Los datos indican que la mitad de la exportación de Lecom, el 45% de la de Frigomerc y el 61% de la de Frigorífico Concepción van a parar a Pasubio. Aunque no hay datos oficiales que permitan identificar exportaciones desde 2017, tanto Lecom como Cencoprod confirmaron en 2019 a investigadores de Earthsight –que se presentó como posible compradora– que Pasubio era su cliente más importante.
En las conversaciones con los investigadores, empresarios de las curtiembres en Paraguay mencionaron varias marcas famosas de autos que usaban sus productos. Entre ellas, dos de las mayores fábricas de autos de lujo en Alemania y Reino Unido: BMW y Jaguar Land Rover.
Consultada por Earthsight, BMW comunicó que sí compraba cuero de Pasubio, proveniente del Frigorífico Concepción, Frigomerc y Lecom. Informada con los resultados del informe “Grand Theft Chaco”, BMW dijo que “hasta ahora no tenían información” de que los proveedores de cuero para la marca en Latinoamérica “estaban siendo afectados por los problemas comunicados”.
La compañía alemana –que tiene trazabilidad de todo el cuero que utiliza– dijo que estaba explorando ampliar aún más su trazabilidad en Sudamérica, pero que su “estrategia a mediano plazo” es dejar de comprar cuero de la región. Evoque es empresa hermana de Jaguar Land Rover en Reino Unido. Y Land Rover es uno de los principales clientes de Pasubio: casi un cuarto de todas las ventas de la empresa italiana.
En junio de 2020, declinó confirmar o negar a Earthsight la compra de cuero paraguayo a través de Pasubio. Land Rover no tiene política anti-deforestación ni trazabilidad del cuero que utiliza. Luego de que Earthsight le diera una copia del informe “Grand Theft Chaco” antes de su publicación, Jaguar Land Rover respondió comunicando que tomaba de manera “extremadamente seria las denuncias de prácticas ilegales o antiéticas en nuestra cadena de proveedores” y que había iniciado “acciones inmediatas para investigar” las acusaciones a los proveedores involucrados.
Otras marcas de automóviles que compran de Pasubio son, por ejemplo, Volkswagen, que admitió que no tiene trazabilidad sobre el cuero que le provee Pasubio; Hyundai y Kia, que no respondieron preguntas de la ONG y; Ferrari y Volkswagen, que negaron utilizar cuero paraguayo, pese a los afirmado por curtiembres locales.
En 2017, Earthsight había publicado ya otro informe sobre los negocios a costa de la destrucción del ambiente en el Chaco: como la empresa del entonces ministro de Obras Públicas del presidente Cartes, Giménez Gaona, que hacía pasar su carbón en Europa como “sustentable” mientras deforestaba.
En ese entonces, la Federación de Madereros del Paraguay (Fedapar) rechazó ese informe. Parte de la comisión directiva de Fedapar era Cristina Goralewski, actual titular del Infona. Para “Grand Theft Chaco” la ONG contactó en Asunción a ex y actuales funcionarios públicos. Buscaban entender cómo estancieros podían con tanta impunidad deforestar ilegalmente “a escala industrial”.
Aunque no encontraron evidencia que apunte directamente a las empresas vinculadas en el informe, sí ilustra la relación entre el agronegocio y el Estado, “donde existe una cultura institucional que pone los intereses de los dueños de la tierra de Paraguay por encima de las leyes ambientales”.
La ONG entrevistó a Karen Colmán, exfuncionaria del Ministerio de Ambiente, quien identificó y denunció docenas de casos de deforestación ilegal, primero a sus superiores en el ministerio y luego a la Fiscalía General del Estado. En ambos casos, primero encontró silencio cómplice. Luego, intentaron sobornarla. Por último, la metieron en el freezer de la institución pública hasta que finalmente renunció. “Todo el sistema está viciado”, dijo en una publicación de Facebook.
CUERO PARA HOY, EXTINCIÓN PARA MAÑANA
Un funcionario actual del Ministerio del Ambiente, en condición de anonimato, describió cómo funcionarios de alto rango ordenan que se aprueben licencias pese a las irregularidades. Recordó a sus colegas siendo informados que “Esto es un pedido del ministro. Debés aprobar esta licencia”.
Las leyes en Paraguay son bien claras en la prohibición de venta de tierras indígenas. Sin embargo, el caso de Chortitzer demuestra cómo se pueden realizar esas compras violando la ley, a través de registros oficiales. Haciéndose pasar inversores en ganadería, Earthsight también contactó con la consultora GD Agronegocios en Encarnación, donde les ofrecieron no una, sino dos propiedades dentro de la tierra de los Totobiegosode.
Una incluso está oficialmente titulada a nombre del pueblo indígena y la otra se llama AgroRendá. Los investigadores de la ONG incluso le preguntaron a la consultora si era posible deforestar esas propiedades –algo claramente ilegal desde 2018. Los representantes de GD Agronegocios les aseguraron que sería fácil conseguir los documentos necesarios: “Todo se puede conseguir acá: si lo querés, lo vas a conseguir”, les dijo uno. Del otro lado del Atlántico, en Europa, las automotrices tampoco parecen muy interesadas en asegurarse que los productos que compran no provengan del trabajo esclavo o tierras indígenas robadas. Es de lo que se quejó Ferdinand Kehler, ejecutivo de Cencoprod.
“Cuando empezamos Cencoprod invertimos mucho en el lado ambiental de las cosas, asumiendo que nuestros clientes serían demandantes”, dijo a Earthsight. “Pero luego nos dimos cuenta de que, al final, el cliente solo mira el precio. Perdimos contratos con clientes multinacionales ante otras curtiembres que no ponen esfuerzos en el medioambiente. El costo de lidiar con esos problemas es alto y yo me decepciono frecuentemente cuando un cliente compara precios y compra de alguien que es más barato, pero no cumple con sus responsabilidades ambientales”, se quejó Kehler. *Publicado en ElSurti.com










