Resistencia de las esculturas nómades
Mientras se prepara el traslado de “Camino de la nieve”, del sueco Dan Lestander, ubicada en Laprida 98 esquina Güemes, proponemos hablar sobre el extrañamiento de las esculturas, carentes de la raigambre social que las contenga y les dé sentido en nuestra ciudad.
La ciudad de las esculturas tiene muchos ejemplos de traslados de esculturas que luego aparecen en otros espacios configurando un insólito nomadismo por el espacio urbano. Un caso es la obra Vladimir Golovkov, escultor que representó a Rusia en la Bienal de Esculturas del año 2006 en el Domo del Centenario, cita que convocó a once artistas del mundo que realizaron a cielo abierto y ante la mirada de los resistencianos unas once obras originales e inéditas inspirada en “la música”.

Como es sabido, las producciones de las bienales no responden a un tema de interés ciudadano ni a determinada ubicación en la ciudad, sino que por el contrario se erigen como autónomas, respondiendo a temas tan vacuos como la música, la identidad, etc. Son piezas que responden a una consigna vacía sin contexto y que importa más su ejecución que el posterior emplazamiento.

“The simphony of the sky and the ground” fue elaborada por Vladimir Golovkov a partir de placas de metal, una estrella con puntas afiladas y un pedestal esbelto, configurándose en pieza única. El modo de organización promueve que la mayoría de las esculturas obtengan un premio, y a esta pieza correspondió el Premio Repsol YPF SA.
Tras su conclusión, la primera ubicación fue Avenida Lavalle al 500, en el parterre, lugar que hoy ocupa un cubo que publicita a la Bienal. Por razones que no fueron de público conocimiento, cinco años después de su primer emplazamiento la escultura recaló en las instalaciones del Club Sarmiento, en Avenida Alvear al 1800, y formó parte de los objetos urbanos colocados cuando se inauguró el estadio, el 25 de mayo de 2011.
Precisamente, al carecer de “raíces” por un mal emplazamiento, luego de las tormentas intensas la pieza estuvo “acostada” en el acceso del club durante meses en el año 2019.
¿Qué sucedería si “The simphony of the sky and the ground” tuviera arraigo, o si tuviera un grupo social que pida que se la vuelva a erigir? Porque el principal problema de estas esculturas es que no tienen ese conjunto de intereses sociales que hacen que una obra sea estable, y que la ligan a los ciudadanos en un lugar determinado.

Sucede que nadie reclama por ellas porque nadie pidió su emplazamiento. Sólo la fundación que impone este modo de ocupación del espacio público las emplaza, las traslada, las desaparece y las vuelve a emerger cuando “algún interés” aparece.
Deberíamos a esta altura superar la lógica de los carteles comerciales, que se colocan cuando se necesita promocionar una zona urbana o un edificio. La “planificación” está ausente, no hay estudio sobre cómo ocupar el lugar, de sus condicionantes, de los ritmos, y un largo etcétera, entonces se va poblando el espacio urbano con elementos caídos del cielo.
La historia de la modernidad nos relata la crisis del monumento conmemorativo y por ende de la escultura antropomórfica, que se produce cuando el poder pasa a manos del capital, ente anónimo que prescinde de representaciones figurativas. Consecuentemente, al no tener a quien “conmemorar”, tampoco tiene lugar concreto en la ciudad... “pudiendo ser instalada en cualquier sitio, convirtiéndose en un arte nómada”.
Al no tener qué conmemorar, ni con quiénes, la escultura pasó a ser un arte sin raíces y, por lo tanto, sin necesidad de pedestal. La integración de base y escultura es un signo indicador de esta ausencia de lugar, y esto es palpable en la obra del ruso Vladimir Golovkov.

El siglo XX fue crítico para la escultura y casi llegó al punto de perder su condición de “bella arte”. Solo la revolución iniciada por el minimalismo en los sesenta, que alcanzó la autonomía de la pintura e incorporó prácticas de disciplinas como la arquitectura y el urbanismo le devolvieron su condición perdida. Pero si seguimos admitiendo este tipo de producción de escultura y espacio público sin relación con lo social y lo urbano, seguiremos viendo el nomadismo de esculturas en Resistencia.










