El diálogo como herramienta para superar desencuentros
El presidente de la Nación, Alberto Fernández, llamó a empezar un diálogo sincero para transformar a la Argentina en un país de producción y trabajo con mayor cohesión social. Lo hizo al participar de las jornadas que organizó la Comisión Episcopal de Pastoral Social bajo el lema “Recomenzar la Argentina y la Patria Grande”, un espacio que convocó a representantes de distintos sectores del país y de América Latina para reflexionar sobre los desafíos que enfrenta la región más desigual del planeta.
La Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina
celebró estas jornadas que se llevan a cabo cada año en esta fecha para
promover discusiones sobre la realidad política argentina. En esta oportunidad,
el encuentro —que se llevó a cabo en forma virtual— también propuso
abrir debates sobre el papel de la integración regional y por eso se habilitaron
paneles como “La patria grande, caminos de encuentro”, “Integración. La Patria
Grande un desafío”, que se sumaron a otros no menos importantes, pero con
una mirada más local, como “El Federalismo: una Nación de Hermanos”, “Encuentro
y Creatividad: camino para el pleno empleo” y “El diálogo social para la
igualdad”. Fue en este último panel en el que el presidente Alberto Fernández
planteó la necesidad de “buscar puntos de acuerdo” entre los distintos sectores
del país y propuso hacerlo en el marco de un diálogo sincero. El primer mandatario
habló también de la necesidad de generar las condiciones para convivir
en la diferencia, respetando la pluralidad de ideas y opiniones. El respeto por
el otro, la solidaridad y la equidad social fueron conceptos que se repitieron en
los distintos debates, incluso en los que abordaron la problemática más amplia
de América Latina. En ese sentido, el obispo de Lomas de Zamora y presidente
de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina,
monseñor Jorge Lugones, destacó la necesidad de “practicar la solidaridad,
tanto en las relaciones interpersonales como en las estructuras sociales, para
obtener así una paz perdurable”. Cabe recordar que la prédica de Lugones en
favor del diálogo y de la inclusión social es conocida en el Chaco, ya que en los
años 90 se desempeñó como superior de la residencia de los jesuitas en la ciudad
de Resistencia y, además, brindó oficios religiosos en la parroquia San Francisco
Javier de la capital chaqueña. Lugones comparte con el Papa Francisco no
sólo su pertenencia a la misma orden, la Compañía de Jesús, sino también el
diagnóstico sobre América Latina y los orígenes de la mayoría de los problemas
económicos estructurales de la región. “América Latina no es el continente más
pobre, pero sí el más desigual. La acumulación desmedida de la renta hace que
los bienes estén concentrados en muy pocas personas y ha prevalecido la idea
del capital financiero sobre el capital productivo”, dijo el titular de la Comisión
Episcopal de Pastoral Social, para plantear luego que “el discernimiento social
de la Iglesia, insta a encontrar maneras de poner en práctica la fraternidad como
un principio regulador del orden económico”. Lugones también remarcó la necesidad
de retomar el camino de la integración regional y, en ese sentido, consideró
que resulta imprescindible constituir o fortalecer organizaciones continentales
de trabajadores y trabajadoras, de movimientos sociales, estudiantiles
y cooperativos. “Necesitamos también, consolidar experiencias como la Unión
de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos
y Caribeños (Celac) y el Mercosur”, subrayó.
La Argentina necesitará fortalecer el diálogo entre los distintos sectores de
sociedad para poder superar la difícil coyuntura que atraviesa, agravada por la
pandemia de Covid-19 y, a la vez, redoblar sus esfuerzos para alentar el diálogo,
la cooperación y los procesos de integración con los países de la región con
propuestas que contribuyan a fortalecer las instituciones democráticas, ayuden
a promover el respeto irrestricto a los derechos humanos, y alienten la igualdad
y la justicia social a lo largo y ancho de América Latina, un continente que no es
el más pobre, pero sí el más desigual.










