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La economía que propone Francisco

La pandemia de Covid-19, además de agravar los problemas sociales puso en evidencia la desigualdad extrema que padece el mundo, producto de reglas de juego opacas que permiten que el 1 por ciento de la población mundial posea más riqueza que el resto de las personas que viven en el planeta.

En opinión del Papa Francisco, esta grave situación es el resultado de una economía enferma y de un crecimiento desigual que obliga a imaginar una nueva economía más humana.
Para avanzar en el debate de las nuevas reglas para un sistema económico global más justo, el Vaticano realizará el encuentro “Economía de Francisco - El papa Francisco y los jóvenes del mundo para la economía del mañana”, que se celebrará en línea del 19 al 21 de noviembre próximos con la participación de jóvenes economistas de distintos países. En rigor, este encuentro debía realizarse en marzo pasado de manera presencial en la ciudad de Asís, Italia, pero por la pandemia la actividad se postergó y luego se resolvió que se lleve a cabo de manera virtual.
La convocatoria a participar del encuentro tuvo una gran repercusión. En pocas horas se registraron más de 2000 jóvenes economistas de 115 países. Alessandra Smerilli, religiosa de María Auxiliadora, docente de la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación y consejera en el Estado del Vaticano, explica el desafío que enfrenta la economía global después de la experiencia de la pandemia: “Se dice que después del Covid-19 deberemos partir nuevamente. ¿Pero estamos seguros que es útil retomar haciendo exactamente lo mismo que se hacía antes?” se preguntó. Smerilli coincide con lo que plantea el Papa Francisco, es decir unir esfuerzos para ir hacia una transformación de la economía, del mundo del trabajo y de la sociedad.
Por su parte, el director de la Oficina de Prensa del Sagrado Convento de Asís, Enzo Fortunato, dijo durante la presentación de “Economía de Francisco” que el encuentro puede servir para pensar “un nuevo sistema económico que no renuncia a crecer y desarrollarse aceptando el reto apremiante de la inclusión y renunciando al veneno del descarte”. A su turno, el director científico del encuentro y catedrático de Economía Política en la Universidad Libre María Santissima Assunta de Roma, Luigino Bruni destacó que “la Economía de Francisco se ha convertido en el más grande movimiento de jóvenes economistas y empresarios del mundo”.
Es evidente que el mundo necesita reglas económicas más justas. Las que rigen el mundo actual, que son sostenidas por poderosos intereses que apuestan a la especulación financiera y compran voluntades para hablar bien de las políticas de recortes sociales y de aquellas que producen el deterioro de los servicios públicos ya mostraron sus resultados: no solo son incapaces de resolver los problemas más acuciantes del planeta, sino que los agravan aún más, generando desigualdades extremas.
En algunos países, esa desigualdad es escandalosa. Según la organización humanitaria Oxfam, los directores generales de las cinco principales marcas de la industria de la moda del mundo en solo cuatro días ganan lo mismo que una trabajadora del sector textil de Bangladesh ganará durante toda su vida laboral. Con matices, esa disparidad entre las élites económicas y las clases más desfavorecidas se agudizó en los últimos años en la mayoría de los países del mundo. El caso de Chile es paradigmático. Presentado como ejemplo a seguir por el elenco estable de economistas que desfilan por los medios argentinos, una serie de masivas manifestaciones en el país trasandino sacaron a la luz los problemas estructurales de un modelo que, es cierto, favoreció el crecimiento, pero a la vez concentró beneficios en manos de unos pocos: solo el 1 por ciento de los chilenos acumula el 26,5 por ciento de la riqueza generada en todo el país, mientras que el 50 por ciento de los hogares de menores ingresos concentra solo el 2,1 por ciento de la riqueza neta del país. Para algunos observadores críticos, el modelo chileno demostró ser un rotundo fracaso; para otros, el resultado de reglas económicas nacidas durante la dictadura de Pinochet que lograron su objetivo: un país para pocos. La Argentina, en tanto, se encuentra ahora en una etapa que busca reducir los índices de pobreza y desigualdad. En ese camino se necesitarán de nuevas propuestas que, como señalan los organizadores del encuentro en Asís, no renuncien al crecimiento y al desarrollo, aceptando el reto apremiante de la inclusión.

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