Boris, el de la sonrisa eterna
El dolor inconmensurable, la pérdida irreparable. Se fue Boris. El de la sonrisa franca, el del chiste y la ironía fáciles, el de la carcajada contagiante, el de la voz serena y franca.
Se fue el amigo, el que a la distancia te hacía sentir el calor y la presencia eterna. Al que le dolía el dolor del otro como si fuera propio.
Se fue el compañero de trabajo, el que siempre estaba dispuesto a darte una mano; más allá que en el último tiempo su camino en la política lo llevó a distanciarse de lo periodístico.

Se fue dejando una huella profunda y difícil de llenar. Tan grande y difícil de suplir como ese corazón enorme que dijo basta en medio de una pandemia que lo tuvo sin descanso, día tras día.
Por eso, el dolor es inconmensurable y la pérdida, irreparable. Se fue Boris, el de la sonrisa eterna. Te vamos a extrañar amigo.












