La recuperación de la democracia en Bolivia
El contundente triunfo en las urnas del candidato del Movimiento al Socialismo, Luis Arce, abre las puertas a una nueva etapa en Bolivia. Considerado por muchos el artífice del milagro económico que permitió bajar los índices de pobreza durante la gestión de Evo Morales, el presidente electo promete trabajar por la estabilidad política, económica y social de un país que logró sobreponerse de un golpe de Estado y retomar rápidamente la senda democrática.
El conjunto de la sociedad boliviana debe celebrar este regreso a la democracia con un claro triunfo en primera vuelta que asegura una transición pacífica del poder. No es poca cosa en una región como América Latina, la más desigual del planeta, donde los más variados métodos de desestabilización siguen seduciendo a los sectores políticos más extremos. Bolivia mostró el domingo que, contra todos los pronósticos, pudo llevar adelante un proceso electoral en forma pacífica y ordenada a tan solo un año de la crisis que sacó del poder a Evo Morales y que dio lugar al surgimiento de figuras que no dudaron en utilizar el odio como arma política, alentados por comunicadores que lejos de bregar por la pacificación apostaron a la división de los bolivianos y hasta llegaron a pedir la proscripción del Movimiento al Socialismo.
Tras conocerse los resultados de los comicios, el presidente de la Nación, Alberto Fernández celebró el triunfo electoral del Movimiento al Socialismo (MAS) señalando que la victoria de Arce “no solo es una buena noticia para quienes defendemos la democracia en América Latina; es, además, un acto de justicia ante la agresión que sufrió el pueblo boliviano”. Por su parte, la vicepresidenta Cristina Kirchner también festejó el veredicto de las urnas, que brindaron un claro mensaje tras una jornada con un alto nivel de participación (votó el 87 por ciento del electorado boliviano). Basta comparar con lo registrado en las últimas elecciones en Chile, por ejemplo, donde votó menos del 40 por ciento del electorado, o incluso en las últimas jornadas electorales en Argentina donde la cantidad de votantes no superó el 75 por ciento, como para comprender mejor este particular capítulo de la democracia boliviana en el que el Movimiento al Socialismo (MAS) se impuso con más del 52 por ciento según los datos preliminares que, de confirmarse con los números oficiales, pondrán en duda la versión que sostuvo la OEA cuando aseguró que los comicios de octubre del año pasado habían sido objeto de manipulación por parte del entonces gobierno de Morales.
Está previsto que el presidente electo, Luis Arce, asuma sus funciones en el Palacio Quemado a mediados de noviembre. Tiene por delante enormes desafíos. Por un lado, lograr que no se profundicen las divisiones entre la región más rica y las más desfavorecidas del país, y por otra parte poner en marcha una economía que ya estaba en crisis cuando llegó la pandemia. Según algunas estimaciones, el PBI de Bolivia se desplomará un 8 por ciento este año por la parálisis que provocó la emergencia sanitaria en los distintos sectores productivos. También tendrá que lidiar con las posiciones extremas de los sectores más duros de la oposición que, aunque dividida y golpeada por la derrota electoral, intentará recuperar terreno a partir de un discurso que es bien conocido por estas latitudes: culparán exclusivamente a Evo Morales de todos los males, pasados y presentes, de Bolivia y acusarán al nuevo presidente de estar atado a las decisiones del exmandatario que sigue exiliado en la Argentina. Es tan previsible esa situación, que hasta se puede anticipar que esas serán las críticas que partirán de Santa Cruz de la Sierra, el distrito más rico del país, donde Arce perdió el domingo.
El rápido reconocimiento de los resultados de las urnas por parte de la oposición permite pensar, no obstante, que hay un saludable acuerdo tácito respecto a la necesidad de asegurar una transición pacífica, dentro de las reglas de juego de la democracia. Es probable que los demás candidatos, al ver que ni aún sumando todos sus votos alcanzaba para vencer a Arce, hayan comprendido que la voluntad popular dejó un claro mensaje que no debe ser ignorado.










