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Aumento de personas en situación de calle y en la indigencia

“La fe es acción y es compromiso”

El sacerdote Alberto José María Fogar describe la amplia demanda que atiende la Catedral de Resistencia.

La entrega de un refrigerio, alimento no perecedero y ropa los martes y jueves, más algún plato de comida caliente otro día de la semana ocupa buena parte del tiempo del voluntariado en la Catedral de Resistencia. 
Antes de la pandemia una gran mesa larga en el patio de acceso ayudaba a organizar mejor el momento de servir y compartir una infusión o un plato de comida caliente. “Ahora no se puede tener la atención que se tenía antes. Hubo cambio tras cambio y protocolos por los que la gente no se puede acercar”, describe Alberto José María Fogar, párroco de la catedral de San Fernando Rey. 

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Los días que hay desayuno solidario unos cuatro a seis voluntarios van temprano a prepararlo y a organizar las bolsas en las que se va a entregar mercadería.
Una mujer que esperaba en la cola por algunos productos cuenta que tiene seis hijos y llegó ahí por una amiga. “Entre los que venimos nos conocemos y avisamos si hay algún merendero o comedor que esté ayudando”, dice la madre de seis chicos, la mayoría en edad escolar. “Tengo una asignación universal pero ya no alcanza ni para la comida, menos para la ropa, zapatillas; acá una vez me dieron una toalla, una sábana y jabón”, comparte. 
“La pobreza es tan alta y las necesidades son cada vez más importantes, eso explica por qué la gente se moviliza en busca de ayuda”, agrega el sacerdote. 

Sobre la paciencia y templanza con las que hay que armarse en tiempos de confinamiento, un sacerdote -vía telefónica- asegura que “la expresión de la fe pasa por esto, por la ayuda al necesitado. Cada uno puede rezar por su lado, donde esté, y después se podrá ir a la iglesia”.  

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En la actualidad recibe numerosas demandas de la comunidad por una mayor apertura para ritos religiosos y de encuentro. 
Las tres misas que celebra en la semana no alcanzan, tampoco los contados bautismos en los que hay una familia o dos por turno ni la atención personalizada de miércoles y jueves. 
“Ojalá podamos volver pronto. Ahora hay que aprender a focalizar la fe y lo que es necesario nutrir; la fe es acción y es compromiso”, destaca. 
Es media mañana, cerca de las diez, y una breve conversación con dos personas mientras esperan la entrega de alimentos no perecederos atrae a otras tres más que buscan soluciones a su situación. 
Ana María, del barrio Cacique Pelayo (Fontana) pide que un asistente social acuda al sector tres donde ella vive y hay otras personas con discapacidad. Elba, de Villa el Parque plantea que hace falta que los ayuden más porque adonde van suelen tomar nota pero después no hay una respuesta. Néstor Rojas se dializa y es hipertenso, aunque percibe una pensión graciable cuenta que no alcanza para mucho después de pagar unos $4.000 a $5.000 en medicamentos; tampoco tiene heladera, vive en el barrio Ángel de la Guarda (mza A, pc 1, cel 3624519511). 
Al sacerdote de la Catedral se le pregunta qué hace falta y menciona lo más urgente: “Necesitamos lo básico; leche, yerba, azúcar, polenta, fideo, arroz, harina y grasa, que sirve mucho para hacer chipá cuerito. Son los artículos que en la mayoría de las casas tenemos”. 

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Cómo colaborar o donar 

La mayoría de las demandas y pedidos de colaboraciones se comunican en cada misa virtual y a través de avisos parroquiales hacia la comunidad. 
Además el área dedicada a esa función es Cáritas, que una o dos veces al año organiza colectas especiales, aunque es posible donar en cualquier momento del año. 
“Promovemos la solidaridad en varios mensajes, en el Facebook de la parroquia y por particulares que tienen contacto con algunos negocios que nos traen donaciones importantes”, apunta el padre Fogar. 

También en Villa Prosperidad 
  
Este martes el desayuno en la Catedral consistió en un vaso de leche y una medialuna. Media hora después se repartieron bolsas con productos alimenticios. Era difícil pedir que se respete el distanciamiento. “Hay muchos pedidos de donaciones y a veces viene la mitad de algunas cosas, o el paquete abierto”, señala una mujer. Un voluntario explica que en contadas ocasiones hay que fraccionar para que llegue a todas las familias más o menos lo mismo. Aunque con frecuencia lo hacen porque “lamentablemente hay personas que canjean o venden algunos productos”. Otra mujer reconoce que a diferencia de las áreas gubernamentales ahí les dan sin preguntar demasiado ni hacer controles de si reciben algún tipo de ayuda.  
Un día estándar fue el martes, con unas 50 personas y lo que había alcanzó para todas. Hay días en los que van unas 60, 70 y más. Además de las bolsas con unos seis productos todos los días hay algo de comida preparada para casos extremos que acuden. 
En la misma cola donde se espera por una mano solidaria una joven de la oenegé Dios es Fiel invita a que también a colaborar con un merendero nuevo en Villa Prosperidad sostenido por el movimiento MCC (contacto 3624771582).

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