El peso económico del idioma español
Desde una perspectiva económica, la lengua es un componente esencial del capital humano y social de una comunidad. De hecho, se estima que el 15 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) de un país está vinculado a la lengua. Así lo señala el Anuario 2020 El español en el mundo que acaba de presentar el Instituto Cervantes de Madrid, con datos que confirman que el español, como lengua materna, ya es el segundo idioma del mundo.
En el apartado dedicado a los vínculos entre el idioma y la economía, el anuario comienza señalando que en la actualidad el 7,6 por ciento de la población mundial es hispanohablante, y observa luego que el peso y potencial de un idioma están íntimamente relacionados con los índices macroeconómicos de los países en los que es lengua oficial. Según el documento del Instituto Cervantes, los hablantes de español que hay en el mundo tienen un poder de compra conjunto de alrededor del 9 por ciento del PBI mundial; mientras que solo en los países donde el español es el idioma oficial se genera casi el 7 por ciento del PBI global.
El informe explica que la importancia económica de una lengua se mide teniendo en cuenta diferentes factores, como su número de hablantes, su extensión geográfica, el número de países en los que tiene rango de oficial, el índice de desarrollo humano de sus hablantes (que combina nivel educativo, esperanza de vida e ingreso per cápita), la capacidad comercial de los países donde esa lengua es oficial, su tradición literaria y científica o su papel en la diplomacia multilateral. De estos, el número de hablantes, su capacidad de compra y el carácter internacional son los tres factores fundamentales que determinan la potencia económica de un idioma frente a otros. El español se encuentra entre las cinco primeras lenguas del mundo en número de hablantes, en número de países donde es oficial y en extensión geográfica.
¿Qué relevancia tienen estos datos para un país como Argentina o una provincia como el Chaco? El capítulo dedicado a explicar los ámbitos económicos del español ofrece algunas pistas para responder a la pregunta, cuando observa que el valor de pertenecer a un mismo grupo lingüístico aumenta con el número de hablantes, ya que las posibilidades de llevar a cabo transacciones e intercambios se multiplican. “De hecho, los idiomas entran dentro de la categoría de lo que en economía se denominan bienes públicos, porque cumplen sus dos principios fundamentales: el de no exclusión y el de no rivalidad en el consumo. Así, resulta extremadamente difícil hacer que alguien que ya ha adquirido una lengua deje de utilizarla. Del mismo modo, el uso de una determinada lengua por parte de un individuo no implica que otros tengan que dejar de utilizarla. Es más, a los idiomas se los ha definido también como bienes de club para dar cuenta de un elemento diferenciador: el hecho de que su valor aumente a medida que crece su número de hablantes. Por tanto, la demografía es el primer factor sobre el que se asienta la potencia económica del español”, señala el anuario.
Más adelante se explica que el segundo factor que debe tomarse en consideración es el ingreso per cápita de esos hablantes, porque la capacidad de compra de quien habla es la que multiplica los intercambios y las transacciones mutuas. En ese sentido, se calcula que los más de 560 millones de hablantes de español que hay en el mundo, sin incluir a los estudiantes de español como lengua extranjera, tienen un poder de compra conjunto que rondaría el 9 por ciento del PBI mundial.
El informe aclara que para valorar en su justa medida la pujanza económica del ámbito hispanohablante, al PBI generado en los países donde el español es lengua oficial es necesario agregar el generado por la comunidad hispana de Estados Unidos. En 2018, el PBI nominal generado por esta comunidad ascendía a 2,3 billones de dólares.
Si, como afirman algunos estudiosos, la lengua y la economía se interrelacionan y retroalimentan, es de esperar que estos datos sirvan para pensar desde el Chaco nuevas estrategias que potencien los productos y conocimientos locales en un mundo cada vez más globalizado.










