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Pymes concientes

El confinamiento obligatorio por la pandemia del coronavirus, condujo a mucho de nosotros a probar cosas distintas, aprender alguna habilidad o adquirir nuevos hábitos que hasta marzo de 2020 pensábamos ajenos, imposibles o, al menos, lejanos. 

Sebastián Latashen
Por: Sebastián Latashen

En mi caso personal, la rutina incorporada fue la meditación. Desde niño, pasando por distintas experiencias como deportes con amigos, gimnasios o hacer largos de pileta, entendí que entrenar el cuerpo conducía a optimizar la mente. Sin embargo, durante este periodo me encontré con un hallazgo revelador: existe un camino inverso. Es que esta práctica se encarga de entrenar el equilibrio emocional y espiritual para que el resto de la estructura funcione.

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Interiorizándome en el tema en cuestión, descubrí que es posible para cualquier organización dirigida por un lector de esta maravillosa web transitar por esta vía. En ese marco, citaré a un compatriota que bien podría ser catalogado como el Messi de los asesores ejecutivos: Fred Kofman. El autor es un PhD con una larga trayectoria en el management estadounidense, responsable de numerosos Best Sellers internacionales. Por ello, en este artículo me referiré a un fragmento de su obra “La empresa consciente”, intentando, a partir de ella, transpolar a la realidad de una pyme las técnicas de autogestión que adquirí con la introspección. 

De este modo, el académico asevera que, en el ámbito emprendedor, para alcanzar el triunfo es necesario tratar con seres conscientes. Vale aclarar que con conciencia se refiere a la capacidad de aprender de la realidad y de estar atentos al mundo interior junto al que nos rodea. De hecho, ser conscientes significa varias cuestiones. A saber: hallarse despiertos, mantenerse abiertos al entorno, prestar atención a lo interno, comprender nuestras circunstancias, decidir cómo actuar frente a ellas y honrar las propias necesidades, valores y objetivos. 

Cabe destacar que ello implica necesariamente dejar de lado las ambiciones individuales en pro de un objetivo mayor. Pues, remarca Kofman, cuando las personas ascienden en la escala de una empresa, por lo general suelen tropezar. Ello se debe a que no logran hacer la transición desde los requerimientos operacionales de los peldaños más bajos de la jerarquía a los pertenecientes a los más altos.  En efecto, las mismas características que llevaron al éxito suelen auspiciar la caída. Entonces, caminar sin rumbo ni guías es una senda directa al fracaso, en tanto que evitar este destino requiere de líderes orientados con una paradójica combinación de humildad personal y voluntad profesional.

En consecuencia, esta orientación describe a la percepción de sí mismo. Es decir, el conocimiento de cómo uno se vincula con el afuera y viceversa. En orden de realizar este análisis, es menester formularse regularmente preguntas tales como ¿Por qué pienso lo que pienso? ¿Mis razonamientos tienen un fundamento sólido? ¿Estoy permitiendo que mis deseos nublen mi razón? ¿Quién soy? ¿Cuál es mi misión en la vida? ¿Qué valores deberían guiarme? ¿Cómo debería vivir? ¿Mi conducta es coherente con mis valores y objetivos? ¿Soy feliz?

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Igualmente, es dable acceder a las nociones de los otros (clientes, colaboradores, socios, proveedores, etc.) y cuestionar acerca de ellos constantemente ¿Qué lo lleva a pensar lo que está pensando? ¿Tiene evidencias para fundamentar sus razonamientos? ¿Por qué este asunto le resulta importante? ¿Qué es lo que verdaderamente quiere?  ¿Qué es lo más significativo en su vida? ¿Cuáles son sus esperanzas, sus sueños? ¿Qué valores orientan su conducta ¿Qué lo hace feliz?

Pues, la conciencia sobre sí mismo y sobre los otros, permite lograr capacidad de abstracción: ¿Qué es lo cierto? ¿Qué es la belleza? ¿Qué es el bien? ¿Cómo es la naturaleza humana? ¿Existen imperativos morales derivados de tal naturaleza? ¿Qué es una buena vida? ¿Qué nos brinda verdadera felicidad?

Para comprender mejor esta herramienta y llevarla a una realidad menos esotérica, propongo el ejemplo de un cliente que atendí hace algunos años. Este pyme de una provincia remota del centro político financiero del país se veía contrariado porque se sentía a merced de un proveedor monopólico de la capital que no le atendía el teléfono cuando él lo requería y, cuando se dignaba a hacerlo, lo hacía con destrato. El comerciante estaba enfadado, pero también necesitaba negociar condiciones y abastecerse para evitar la quiebra de su compañía. 

Frente a este panorama, mi consejo fue que abandone los intentos de negociaciones telefónicas. Le sugerí sin más que se haga una escapada a Buenos Aires e invite a comer al personaje en cuestión, pudiendo de esta forma sacarlo de su zona de confort y habilitar un conocimiento mutuo más íntimo. Le desaconsejé que vaya a pedirle lo de siempre: plazo y precio a menos volumen mínimo de compra, dado que eso los provisores están acostumbrados a escuchar.  Más bien, le advertí que escuche al interlocutor y trate de contestar los interrogantes citados más arriba, indagando sobre la persona detrás del distribuidor. 

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Tras un autoexamen mi cliente asumió que, aunque era un revendedor chico, su valía yacía en la alta estima y respeto por parte de sus compradores. Además, pudo diferenciar que su objetivo no era crecer a costa de otros sino junto con ellos. A su vez, entendió que la contraparte no deseaba su bancarrota ni el cierre de su comercio, simplemente ansiaba una ganancia propia. Con esta información, mi asesorado pudo idear una propuesta de un nuevo negocio que beneficie a ambas partes y, en definitiva, hoy ambos son aliados en la distribución del producto en toda la región mesopotámica. 

En conclusión, estimado empresario pyme, para trastocar casualidad por causalidad, lo invito a inquirirse preguntas existenciales acerca de su firma y así explicitar motivaciones, filosofías y visiones propias y ajenas. Siguiendo al genio suizo Carl Jung, es clave comprender que “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad, dado que lo que   se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino.”