Internet, la democracia de los crédulos
Hace pocos días noticias dramáticas sobre decenas de empresas extranjeras que se iban del país debido a la ruinosa situación de la economía argentina ganaron espacio en los medios.
La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás
Voltaire
Medios respetables y otros no tanto se hicieron eco, con mayor o menor aporte de reflexiones propias, de la catástrofe que dejaría al país sin Coca, sin Fernet, sin comida rápida, sin varias tiendas de capitales extranjeros, automóviles y motocicletas. “Apocalipsis comercial”, llegó a titular un centenario diario nacional.

Ninguna de las mencionadas en las noticias se fue todavía, y la mayoría firmaron una desmentida que pocos leyeron y solo colapsaron las empresas aéreas arrastradas por una crisis que no es argentina y tiene dimensión global.
¿Se trata de las conocidas “fake news”, o es algo más complicado que eso? ¿Nadie relacionó lo extraño que sonaba que se vaya Coca, llevándose su pareja inseparable el Fernet? “Solo falta viralizar que el gobierno prohibirá el choripán”, se burlaron unos pocos en las redes.
Tiene que ver con la difusión instantánea y libre que hay en Internet, “la democracia de los crédulos”, como la define el sociólogo francés Gérald Bronner en un documental presentado por la Deutsche Welle en el que sostiene que la red es un lugar donde cualquiera puede publicar lo que quiere y en la medida que consiga repeticiones lo suyo se volverá una verdad indiscutible, por más absurdo que parezca.
Noticias que se difunden sin filtros y sin pruebas por la red reciben el mismo crédito que contenidos periodísticos cuya veracidad ha sido constatada. ¿Según qué principios y patrones funcionan estos mitos? Y, si el cerebro es tan fácilmente influenciable, ¿tienen entonces oportunidad de prevalecer los hechos y la información frente a las falsedades?
El programador italiano, Alberto Brandolin enunció en el año 2000 el principio que lleva su nombre: “La cantidad de energía que se necesita para refutar (o corregir) una estupidez es de magnitud superior a la que se necesita para producir esa misma estupidez”.
No es un enunciado nuevo, pero es el que está de moda... En 1859, el pastor Charles Spurgeon dijo algo similar: “En el tiempo que una mentira le da la vuelta al mundo, la verdad está terminando de amarrarse los zapatos para empezar a andar”. El fenómeno no es nuevo, pero ahora lleva la velocidad de la luz, literalmente.
No pensar demasiado
Las noticias falsas, los rumores disparatados y teorías de conspiración tienen un escenario masivo y gratuito en Internet, y a eso ayuda un fenómeno bien conocido por los estudiosos de la psiquis humana: es una trampa de nuestro cerebro llamada “distorsión cognitiva”, que le sirvió a la humanidad para sobrevivir situaciones de peligro que requerían una rápida evaluación (no pensar demasiado), aseguran los expertos. Pero hoy, con el respaldo de Internet, ese “no pensar demasiado” genera percepciones erradas sobre los hechos.

Nuestro cerebro tiene tantas cosas de que ocuparse, que naturalmente está dispuesto a aceptar verdades fáciles de comprender y agradece cuando le llenan los huecos de las dudas que se pueda plantear. (En caso de duda, es más fácil afirmar que el hombre nunca llegó a la Luna basado en algún posteo de Tweeter que leer la historia y buscar la información necesaria).
Internet no está contribuyendo a difundir conocimiento, sino todo lo contrario. Y está comprobado que ningún otro medio ha logrado manipular tanto la conducta humana, sobre todo en el rango de edad más joven, donde están los principales cultores de teorías como el terraplanismo, el virus que nació del 5G, el rechazo a las vacunas o disparatadas teorías económicas adaptadas a la realidad de cada país.
Llegados a este punto, lo natural sería decir que sólo hay que chequear la información recibida. Pero esa tarea intelectual al cerebro le cuesta cierto trabajo, sobre todo cuando se acostumbró a recibir la información procesada que incluye una explicación razonable.
“Salió en las redes”, es el argumento que cierra la puerta a la necesidad de tomarse el tiempo para pensar y se vuelve más serio cuando la noticia está apuntalada por medios periodísticos que también cayeron en la trampa. Es el producto de una educación que pone poco énfasis en la duda y la curiosidad y premia el dogma y la repetición mecánica de conceptos.
Abusando del más débil
Entonces, ¿las fake news son producto de una conspiración de malas personas o es otro el fenómeno? Volviendo a las distorsiones cognitivas llevadas al plano de la globalización de la información, las personas que padecen depresión tienen una visión de la realidad en la que las distorsiones cognitivas juegan un papel principal.
Un planeta que hace 9 meses vive la angustia de la amenaza de muerte y donde las economías se desploman, está sumido en un estado de angustia y depresión que hacen más fácil convencernos de que el coronavirus es un “arma biológica” del gobierno chino para instalar gobiernos de izquierda en Latinoamérica (Jair Bolsonaro), que de lavarnos las manos y dejar de juntarnos en multitudes.
En este contexto, Internet se volvió terreno fértil para toda clase de disparates, algunos de los cuales ya ni califican como “fake news”, pero hay mucha gente que duerme un poco más tranquila cuando sus expectativas negativas fueron satisfechas y se les quitó un peso de encima. Eso les deja espacio en la mente para pasar a la próxima angustia, sea falsa o no.
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