Síntomas psicológicos y conductuales de la Enfermedad de Alzheimer
La Enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa del tejido nervioso, asociada a la vejez. Sus síntomas se manifiestan conforme la enfermedad evoluciona.

Muchos de ellos aparecen antes de que se lleve a cabo el diagnóstico de la enfermedad y por eso, retrospectivamente, se los reconoce al inicio: aislamiento social, depresión, ideas suicidas, rasgos paranoides, acusaciones sin motivo, ansiedad e irritabilidad, son algunos de ellos.
La persona se da cuenta de que algo no funciona bien: sus olvidos, su dificultad de pensar y lo vive con preocupación y angustia. Muchas veces se aísla o deja de intervenir en conversaciones para no exponerse y que esto no se haga notable. Pero también obedece a que su pensamiento se enlentece y no puede participar de conversaciones familiares, ya que no alcanza a comprender el sentido y no puede aportar. Sumado a eso, los olvidos y las repeticiones van generando respuestas en sus familiares: “Ya te lo dije”, “ya me lo contaste” acompañadas incluso con fastidio.

La identidad y el sentimiento de sí se ponen en jaque: empieza a no ser la persona que era, la mirada de admiración que recibía de su entorno puede cambiar a desdén o incluso sensación de que “se hace”. Todo esto atenta con la integración de la persona en el seno familiar y social.
Una de las manifestaciones que marca un hito es perderse en una ciudad que se conoce muy bien. Allí tanto la familia como la persona saben que ya no son olvidos ni confusiones “benignas”. El punto es de quiebre. Claramente indica el inicio de la dependencia.
Dejar las hornallas encendidas, perder dinero en las compras, no saber en qué lo gastó, indican que ya no debería salir sin compañía (a menos que se haga con dispositivos que permitan una localización) ni ocuparse de actividades instrumentales de la vida diaria: cocinar, conducir el vehículo, manejar dinero. Habrá restricciones que hablarán de sí y del entorno frente a sus dificultades: pena, impaciencia, impotencia, angustia van moviendo la rueda del malestar que inevitablemente se verá reflejado en su malestar y en conducta.
A medida que la enfermedad avanza se hacen patentes otros síntomas conductuales: agitación, deambular errático, hiperorexia (comer en exceso), insomnio, agresividad y desinhibición, que generan mucha dificultad para el entorno, respecto de cómo manejarlos, lo que amenazan generar claudicación en el sistema familiar y de apoyo, derivando en la institucionalización del paciente.
Es necesario que quienes cuidan a la persona con alzhéimer sepan que los síntomas psicológicos y conductuales muchas veces aparecen indicando la presencia de otras enfermedades concomitantes, dolores, infecciones, que tienen manifestaciones distintas en adultos mayores. Por lo que la consulta al médico geriatra es de vital importancia.
Se trata de encontrar la causa, no de medicar el síntoma. Las medicaciones que buscan atacar el síntoma suelen tener muchos efectos adversos como la rigidez o la somnolencia, que empeoran la capacidad de desplazarse y aumentan los riesgos de caídas. Además la mayoría de los pacientes tienen comorbilidades asociadas (cardiopatías, hipertensión arterial, diabetes) que contraindican algunos fármacos.
Las causas pueden ser abordadas si se busca conocer a la persona y aprender a decodificar sus mensajes, tanto verbales como corporales.
Cosas tan sencillas como resolver la necesidad de ir al baño se vuelven imposibles cuando se ha perdido la capacidad de planificar la tarea: llegar al baño, sacar el pantalón, etcétera. El malestar o dolor que genera la necesidad sin la capacidad de resolverla, puede generar explosiones de ira aparentemente inmotivadas.
Lo mismo para otras necesidades si no se tiene la capacidad de gestionarlas ni de expresarlas. Por eso, el entorno debe estar capacitado en la atención de personas con esa enfermedad y además conocer a la persona en cuestión: su biografía, sus gustos, el tipo de ropa que le queda cómoda, los sabores que elegía, los temas de conversación que podrían generar interés y de esa forma mantenerlo conectado y entretenido.
Si la persona disfrutaba de la socialización, es importante la inserción en un centro de día, donde podrá resolver varias situaciones a la vez: compartir con pares, estimulación cognitiva y apuntalamiento a la familia, el soporte fundamental.
En las fases moderadas y avanzadas, aparece la deambulación incontrolada, las vociferaciones y agresividad, porque su capacidad de valoración está abolida. Desorden motriz, y conductas desadaptadas.
Algunos síntomas no van a mejorar con medicación:
· Deambular sin rumbo.
· Orinar o defecar o desvestirse en lugres inapropiados
· Acciones perseverantes molestas, como aplaudir o repetir frases “molestas”
· Comer objetos no comestibles
· Aislamiento
¿Cómo actuar? Frente a la deambulación, por ejemplo, hay que permitírselo; asegurarse que no tenga obstáculos en el camino, mantener las puertas cerradas con llave y las llaves alejadas. Si quiere salir y se le impide, es posible que reaccione con violencia, lógicamente. No hay que olvidar que es una persona que ha tomado sus propias decisiones. La conducta adecuada es acompañarla adonde quiera ir, persuadirla, lograr su participación en las decisiones y no imponerle nada. Quitar de su alcance elementos no comestibles o permitir que los manipule solamente bajo supervisión. Trato digno y respetuoso hacia los restos de su capacidad de autonomía, hasta el final.
*La autora es psicóloga, especialista en Intervención y Gestión Gerontológica y preside la Fundación Gerontológica Puente a la Vida. A través de Zoom se organizaron charlas para un mejor conocimiento de la Enfermedad de Alzheimer. Las exposiciones se grabaron y pueden encontrarse en la página de Facebook de la fundación.
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