Pymes: muchos ruidos y pocas ventas
Hace más de 70 años, Shannon y Weaber describían en su famoso modelo de la comunicación (aquel que aprendimos en el colegio) al ruido. Según su explicación, este se manifiesta como interferencia en un dialogo, como algo perturbador que altera el flujo del mensaje, distorsionándolo en su contenido, tono o intención.
No obstante, en la era donde la tecnología 4.0 permite que hagamos maravillas en cuanto a transmitir un contenido a los receptores que necesitemos, por el soporte que queramos y en una inmediatez sorprendente, se presentan nuevas complicaciones que alteran la información real que queremos divulgar.
Estos se dan principalmente por un aumento en la cantidad de intercambios, que actúan en detrimento de su calidad. Me refiero por ejemplo a las permanentes notificaciones en nuestros celulares o laptops de variados avisos que nos envían tanto personas o aplicaciones generadas por Big Data, ya sea directamente (chat o “like” en redes sociales) o indirectamente (publicidad digital).

Ahora bien, ¿cómo repercute este fenómeno en las Pymes?
En primer término, las múltiples posibilidades de expresión generan un aumento de la demanda. Esto es, pensar que la prioridad del otro debe ser la propia. Siguiendo esta lógica, probablemente, quien se haya desenvuelto en un ambiente empresarial, haya escuchado alguna vez, por parte de sus colegas o superiores, frases como: “Le mando un correo y me lo responde a los dos días, quien se cree”, o “Es un colgado/a, contesta cuando quiere”.
Ante esas afirmaciones cabe remarcar que, salvo contados roles, una persona está en una compañía para agregar valor, no para revisar casillas de mensajes todo el día. Al respecto, una recomendación útil en términos de productividad es evaluar la conveniencia de exigir tal premura y atención a la retroalimentación cuando el pedido no es esencial o urgente. Pues, si alguien dedica sus horas más productivas a responder, reenviar y redactar correos y no a hacer lo que en efecto le toca realizar, estará dejandosé llevar por lo operativo y permitiendo que la rutina le gane a lo importante. Más valdría guiarse por un calendario o agenda que ordene las tareas según criterios de prioridad y relevancia.
Siguiendo esta lógica, otra dificultad que se materializa en la correspondencia organizacional es el uso de los mismos canales para diversos objetivos, dado que de este modo resulta dificultoso establecer la jerarquía del recado. En consecuencia, lo ideal sería instituir los medios de contacto para cada tipo de anuncio.
En este sentido, se podrían delimitar explícitamente cuales son las posibilidades para cada cosa, para evitar que las distorsiones vengan desde la propia organización. Por ejemplo, definir a las llamadas para temas apremiantes, a las reuniones cara a cara (o por videollamadas) para notificar decisiones, al e-mail para tópicos serios y dejar a las demás opciones (charlas de pasillo, grupos de whatsapp, chats y conversaciones en almuerzos o braks) para otras cuestiones.
Asimismo, además de optar por el canal más adecuado, de debe definir qué se va a transmitir, cómo, a quién y para qué se lo va a hacer. Pensar estos pormenores puede llevar tiempo, pero se ahorrarán contrariedades y dolores de cabeza.
En otro orden de cosas, vale remarcar que las pequeñas firmas se caracterizan por la camaradería entre sus miembros y su ambiente casi familiar. De todos modos, no se debería confundir lazos fuertes con informalidad. En ese marco, cada vez es más normal escuchar casos de desvinculaciones laborales por whatsapp, publicaciones de Instagram de los empleados tomando alcohol en after offices vistiendo los uniformes del comercio, reuniones en el interior de la oficina o cadenas de mails corporativos para organizar un futbol 5, etc.

Por otra parte, es dable considerar que hoy en día, a diferencia de los tiempos en los que Shannon y Weber desarrollaron su teoría, los vínculos de un equipo no se limitan a las ocho horas de la jornada laboral ni tienen siempre un carácter lineal entre emisor y receptor. Al contrario, más bien atraviesa todos los aspectos de sus vidas, 24 horas al día, siete días a la semana, ya desde antes de la pandemia del coronavirus y mucho más desde su emergencia.
Entonces, teniendo en cuenta que el cuidado que debe tener un negocio sobre su imagen no termina en las puertas de sus locales, es clave recordar a los emprendedores que no basta sólo con ser ellos buenos comunicadores, también deben ayudar a sus empleados a serlo, ya que al expresarse ellos comprometen también a su ámbito de trabajo.
En definitiva, en el mundo pyme donde, por lo general, los recursos tangibles (como el dinero) son escasos, el uso eficiente de intangibles como la comunicación es elemental para desarrollar ventajas competitivas sostenibles. Ante esto debemos preguntarnos en todo momento: ¿Transmitimos nuestros objetivos correctamente, por los medios adecuados, a los destinatarios pertinentes?
Para finalizar, citaré al gran maestro de las palabras Miguel de Cervantes, quien dijo: “Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo.” Igualmente, estimado empresario pyme, lo invito a preocuparse por mejorar la eficacia de la comunicación en su organización, ya que este es tal vez el recurso más económico, pero a la vez, el que mal utilizado puede salir más caro.
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