Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/196357

Enseñar a leer y escribir en tiempos de pandemia

El cierre temporal de las escuelas y la suspensión de las clases presenciales por la emergencia sanitaria transformaron muchos hogares argentinos en aulas improvisadas. Si bien el proceso de enseñanza-aprendizaje se vio alterado en todos los niveles educativos, la interrupción afectó más a estudiantes de primer grado que estaban dando sus primeros pasos con la lectura y la escritura.

La pandemia reveló muchas cosas. Una de ellas es la que dejó en evidencia que no todos los hogares tienen los suficientes recursos como para reemplazar la actividad en el aula. Basta pensar en los casos de las familias más pobres que carecen de viviendas dignas y que tampoco tienen acceso a Internet ni disponen de computadoras para los chicos. La crisis sanitaria que obligó al aislamiento preventivo también mostró que la noble tarea del docente en el aula no se reemplaza con facilidad y que ayudar a niños de primer grado a adquirir competencias para interpretar un texto y escribir requiere algo más que buena voluntad. En este nuevo contexto muchos chicos y chicas de primer grado tuvieron que ser alfabetizados por sus madres o padres, quienes debieron marchar cuesta arriba para, en el mejor de los casos, generar un escenario lo más parecido al aula. Una tarea difícil, por no decir imposible, si se tiene en cuenta que la interacción entre los niños en el aula y el vínculo de éstos con la maestra o el maestro es prácticamente único.

En las últimas semanas, distintos organismos internacional se refirieron a este tema. El secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, advirtió que el cierre de las escuelas en todo el mundo podría causar una ‘catástrofe generacional‘. Según el alto funcionario, la pandemia de Covid-19 causó la mayor interrupción de la educación en la historia, dejando a millones de estudiantes sin la posibilidad de asistir a las aulas. Para Guterres esta situación podría conducir a ‘una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, socavar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas‘. Indicó además que al menos 40 millones de niños y niñas más en todo el mundo han dejado de asistir a clases ‘en su año preescolar crítico‘. Los expertos de la ONU que monitorean la situación en todo el mundo estiman que más de 250 millones de niños ya no estaban escolarizados antes de la pandemia, y solo una cuarta parte de las personas en los países en desarrollo abandonaron la escuela ‘con habilidades básicas‘.

Para la Organización de Naciones Unidas el gran desafío que tienen por delante los gobiernos de los países que logren contener la propagación del virus es adoptar las medidas más adecuadas para que los estudiantes vuelvan a las escuelas y a las instituciones de aprendizaje de la manera más segura posible. El organismo internacional recomienda actuar en cuatro áreas: adoptar medidas para garantizar que, una vez controlada la transmisión local de Covid-19, las escuelas abrirán sus puertas y recibirán a los alumnos de manera segura, para lo cual aconseja consultar a todos los actores implicados, incluidos los padres de familia, los docentes y los trabajadores del sector de la salud. En segundo lugar, pide que se otorgue prioridad a la educación en las decisiones que se toman a la hora de diseñar los presupuestos. Tercero, que las iniciativas de educación lleguen a quienes corren mayor riesgo de quedarse atrás, como las personas en situaciones de emergencia o crisis, los grupos minoritarios, los desplazados y las personas con discapacidades.

Cuarto, que se dé un salto hacia sistemas progresistas que impartan educación de calidad para todos como una vía para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esto requiere inversiones en la alfabetización y la infraestructura digitales, además del reforzamiento de los vínculos entre los sectores formal e informal de la educación.

‘Ahora que el mundo enfrenta niveles insostenibles de desigualdad, necesitamos la educación -el gran igualador- más que nunca. Debemos tomar medidas audaces ahora, a fin de crear sistemas educativos de calidad, inclusivos y resilientes, adecuados para el futuro‘, remarcó el secretario general de la ONU en un mensaje con el que todos deberían estar de acuerdo.