El sistema operativo que cambió al mundo
Hace 25 años la empresa Microsoft lanzaba al mercado su producto Windows 95, el sistema operativo que marcó un antes y un después en el uso de las computadoras personales.
El éxito de esta creación de la compañía multinacional aceleró la revolución de las tecnologías digitales de información y comunicación que ya se venía gestando y transformó la vida de millones de personas en todo el mundo.
El famoso producto de la compañía de Bill Gates no tardó en ser aceptado por los usuarios de computadoras personales, debido fundamentalmente a que el nuevo sistema operativo -que no era el único en el mercado en ese entonces- era fácil de usar y, además, intuitivo. La combinación de ambas características facilitó el acceso de nuevos usuarios al mundo de la informática en todo el planeta y representó, por supuesto, un excelente negocio para Microsoft: en las primeras cinco semanas de estar disponible para el público, se vendieron siete millones de copias sólo en Estados Unidos.
Por aquellos años, aquí en el Chaco, a miles de kilómetros de distancia de la sede de Microsoft Corporation en Redmond, Estados Unidos, donde se desarrollaba Windows 95, un puñado de pioneros del diseño gráfico y de empresarios pymes se entusiasmaban con la posibilidad de contar con computadoras más accesibles en precio que las MacIntosh de Apple que existían por entonces en Resistencia y otras localidades del interior provincial, que también protagonizaban el despertar de la informática.
El sociólogo español Manuel Castells afirma que una revolución tecnológica, centrada en torno a las tecnologías de la información, está modificando la base material de la sociedad a un ritmo acelerado. “Las economías de todo el mundo se han hecho interdependientes a escala global, introduciendo una nueva forma de relación entre economía, Estado y sociedad”, reflexiona quien es uno de los expertos que más investigó el impacto de las nuevas tecnologías en la economía.
Hoy es imposible pensar un mundo sin computadoras. Y en buena medida la creación de Microsoft, que acaba de cumplir un cuarto de siglo, tuvo mucho que ver en esa transformación que llega a todos los rincones del planeta, incluido el Chaco, por supuesto, donde la red de fibra óptica llega actualmente a 47 municipios y que, según adelantó el gobierno provincial la semana pasada, se podrá extender a 56 de las 69 comunas del territorio provincial, sumando a 23.000 usuarios de nueve localidades con acceso a Internet, a partir del reciente convenio firmado por la provincia con la Nación.
Hay quienes sostienen que un hecho histórico como la caída del muro de Berlín en 1989 representó simbólicamente el final del siglo XX, pero que el siglo XXI se puso de pie y comenzó a andar recién a partir de 1995 con la incorporación de Windows 95 en millones de computadoras de todo el mundo.
El ritmo vertiginoso de la vida actual hace que a ese sistema operativo hoy se lo vea como un invento de la prehistoria. La irrupción de la pandemia a nivel global no hizo otra cosa que acelerar aún más el proceso de digitalización que ya experimentaban tanto los países más desarrollados como los más rezagados, aunque estos últimos -es cierto- en menor escala.
Así, el año pasado no eran tantos los que pensaban en las oportunidades de la educación a distancia, en las ventajas y desventajas del teletrabajo, o en la necesidad de contar con una plataforma para videollamadas o reuniones virtuales, alternativas que hoy en presentes en la vida cotidiana de cada vez más personas. Pero también es cierto que la pandemia de coronavirus volvió a dejar al descubierto las desigualdades de distintos órdenes que padece el tejido social de un país como la Argentina, que todavía no ha logrado reducir en forma significativa el índice de pobreza.
Y, en ese sentido, el acceso a la formación escolar no escapa al problema: según un informe del Observatorio Argentinos por la Educación, hoy a 25 años del lanzamiento del sistema operativo que cambió el mundo, por cada cien hogares argentinos, al menos 37 no tienen acceso a un servicio de Internet fijo, lo que reduce las posibilidades de chicos y adolescentes de los sectores con menos recursos de continuar sus estudios a distancia en estos tiempos de pandemia.











