Atenciones que hacen llevadera una espera en la vereda
Dos hombres ofrecen un servicio al paso: sanitizante en cajeros automáticos y música a la gorra. Uno quedó varado con el cierre de frontera, otro vive con lo justo para atender a un hijo con discapacidad.
“Con lo que compran o me ayudan ya es una solución para sobrevivir”, dice Rodolfo Walter, un tucumano que a los doce aprendió a vender en la calle y hoy con 55 dice que se le hace cuesta arriba.

Sobre el coronavirus coincide con muchos que “todo se dificulta un poco más porque no hay medios para sobrellevarla, y se hace lo que se puede para llevar el pan cada día a la casa”.
Además aunque el barbijo ya sea un elemento cotidiano, la venta disminuyó porque la mayoría tiene más de uno. “Si compran es para cambiar el que se tenía o porque se olvidó el suyo en la casa o en el auto y lo estacionó lejos”, describe.
Rodolfo comercializa un tapaboca de doble tela a $100 y el común a $50. Si no vende ofrece rociar con sanitizante las manos de quienes esperan usar el cajero o ya lo hicieron.
Hace 12 años llegó a Resistencia donde nació Mauricio Gabriel, el más pequeño de sus cinco hijos. El diagnóstico de mielomeningocele obligó en su momento a viajar a Buenos Aires por un tratamiento y a que hoy se ocupe de lleno la mamá porque a veces tiene convulsiones. “No puedo llevar ningún germen a casa porque mi hijo no crea defensas”, contextualiza.
En un papelito resume su situación familiar por si alguien le quiere dar un aporte. Además se apoya en una muleta porque hace poco se cayó de un andamio: “ya le dije a mi señora, este año me está pasando de todo”.
Varado en el Chaco
En la misma esquina de avenida 9 de Julio y Güemes se oye una animada versiónde Tu cárcel. Es Jhoel acompañando la espera de quienes forman cola para usar el cajero. Acompañado de una guitarra repasa un repertorio popular de baladas latinoamericanas que incluye temas de Leo Dan y de Marco Antonio Solís, entre otros. “Trato de hacerlo con mi estilo, no sacarlo igual. Busco canciones que la gente conozca”, explica. Su buen semblante se explica en una máxima: “Hay que andar bien aunque no se esté bien; es la que nos queda, queramos o no”, dice.
Su itinerario viajero tuvo un cambio abrupto en marzo cuando se decretó el aislamiento social preventivo obligatorio. “Estaba en

Cruce Viejo, cerca de Puerto Tirol, camino a mi país”, narra el joven oriundo de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
Desde Uruguay había ingresado en la Argentina el 23 de febrero por Gualeguaychú. “Primero dijeron que habría una cuarentena por 15 días y después por otros 15”, recuerda. Si mañana se levantaran las restricciones no dudaría un segundo en volver a casa, donde pese a la distancia, sabe que sus familiares están bien y ellos saben que él también.
Contento con la idea de poder ir a todas partes con lo que cabe en una mochila, cuenta que en el Chaco hizo voluntariado, trabajando para aprender, por ejemplo cultivando plantas, preparando abono, entre otros cuidados. “Ofrezco mis servicios a cambio de un hospedaje y comida. Amo lo que hago y creo en la Pacha”, define.
Además de su afición por los viajes, se dedica a la música y a fabricar artesanías con lo que elementos y su creatividad ofrezcan. “Es muy bonito todo acá, la cultura y cómo es la gente, me gusta. Hay de todo, claro; no vamos a decir que la mayoría es buena onda. Hay miedo y también los entiendo, para mí esto que nos pasa es una locura pero depende de cada quien cómo lo entienda”.
Agradece haber encontrado buena gente viajando, y sobre tocar música en la calle nota que fuera de la peatonal, en otros lugares, no es tan común.










