La resciliente industria de Madagascar
Por muchos aspectos la isla de Madagascar del sureste de Africa es un territorio exótico y –tal vez- el último lugar del planeta donde se esperaria encontrar una industria automotriz que ya lleva 40 años de existencia.
Bosques tropicales, terrenos inexplorados y una pobre infraestructura vial no son el mejor paisaje para dedicarle esfuerzos de dieño y producción y , sin embargo, fue lo que permitió florecer a este sector de la economía local que también vivió los vaivenes de la política.

La industria automovilística del país malgache no solo permite disponer de coches adecuados a las particularidades de las vías del país, sino que además supone un estímulo para su economía. En los años 80 gobernaba la isla Didier Ratsiraka un militar que se hizo del poder desde los 70 y que ensayó un proceso de industrialización de su país.

A esto se le llamó el periodo de “inversión excesiva” y llevó al país malgache a fabricar coches, barcos e, incluso, aviones con apoyo de la ex Unión Soviética algo que –somo es de imaginarse- no cayó bien a los intereses enfocados en frenar el avance del comunismo en el continente. En el caso de los coches, el Instituto Malgache para la Innovación fue el encargado de diseñar los automóviles y sacar adelante su producción en 1984 cuando apareció la marca Karenjy, que significa «paseo».
Karenji llegó a producir tres modelos el Iraka, el Faoka y el Mazana de los cuales sobrevive el último en fabricación. Los coches son de apariencia peculiar, y muy rústicos, lo que la isla necesita para no terminar como chatarra al costado de los caminos. La idea es que se acoplaran perfectamente a la realidad del país, donde los caminos del interior son un reto al que muchos coches no podían hacer frente.
EL PAPAMOVIL
Otro dato poco conocido es que el Papamovil que utilizó Juan Pablo II en su visita a la isla fue de fabricación local. El año pasado, el mismo vehículo fue utilizado por el Papa Francisco. Se trata del Mazana, una especie de Volkswagen Safari. Fabricado en fibra de vidrio, con unas líneas simples y claras. Al contrario del resto del vehículo, el motor es importado, un diésel Renault de 2.0 litros.

Nuevos vientos llegaron a la isla despues de 1993. Tras las presiones, el dictador Katsikara aceptó llevar a cabo una transición democrática y convocar elecciones. No pudo hacerse con el poder democráticamente ya que Albert Zafy ganó las elecciones y se convirtió en el nuevo presidente. Los cambios no sentaron bien a Karenjy, que vio cómo el nuevo Gobierno se olvidaba de su existencia y abandonaba el proyecto a instancias de futuros “inversores” que prometieron traer prosperidad a la isla sin otro resultado que desempleo y más probreza.
Durante más de 10 años la fábrica de Karenjy estuvo abandonada, y mucho del conocimiento adquirido por su personal especializado se perdió. En 2009 un nuevo inversor se hizo con la empresa. La compañía franco-malgache Le Relais adquirió el lugar y, tras un año de rehabilitación, consiguió poner en funcionamiento la fábrica.

RESCATE EN LA SELVA
En un principio los franceses, se centraron exclusivamente en la producción de pequeños equipos agrícolas, y la posibilidad de volver a fabricar coches se vio como imposible pero la demanda seguía estando, la ruinosa economía no pudo construir mas rutas de las que había y se hacia necesaria movilidad local que pudiese ser reparada con respuestos y mano de obra de la isla.
El abandono del lugar había estropeado toda la maquinaria y el edificio había tenido que ser recuperado de entre la maleza. La empresa retomó la producción de los antiguos modelos hasta que en 2015 llegó el Mazana II, la modernización del ya mítico pionero que desplazó al Lanja, otro utilitario pero de tracción simple

A un precio de unos 16000 Dólares, los habitantes de Madagascar se pueden hacer con un coche pensado exclusivamente para su realidad. Con tracción a las cuatro ruedas, el Karenji cuenta con un motor Peugeot DV6CM diésel de 1.6 litros.
Desde 2016 el coche se puede conseguir en versiones “Endurance”, “Prestige” y “Essential” cada uno apuntando a un sector específico de la economia, turismo, producción y transporte La carrocería es de vidrio fino laminado de poliéster. Todo está pensado para la isla; es ligero para que se pueda empujar y el parabrisas es prácticamente vertical para evitar que el sol pegue directamente en el interior.

La instrumentación es mínima. Por ahora se producen entre 3 y 4 coches al mes, lo que para la isla es un gran estímulo dada la demanda y hay planes de crecer con inversión local y sin jugadas audaces .














