Una chaqueña en el centro de un misterio que sorprende a España
La mujer, de 68 años, nació en Quitilipi y emigró a Europa con su familia en 1973. En 1995 se fue sin dejar rastros. Ahora la encontraron bajo otro nombre.
Un día de 1995, en Saelices, un pueblo de la provincia española de León, Blanca Mabel Otero desapareció como si se la hubiera tragado la tierra. No dejó rastros ni su familia encontró más faltantes que ella y la ropa que llevaba puesta. Pasaron los días, las semanas, los meses, y no hubo señales.

Hoy, 25 años después, Blanca fue encontrada con vida, viviendo bajo otro nombre en una localidad situada a apenas 135 kilómetros del que había sido su hogar. El hallazgo fue fortuito, a raíz de que los vecinos de esa señora sola y amable que conocían de todos los días llevaba tiempo sin asomar. Temían que le hubiese sucedido algo y dieron aviso a la policía, que ingresó a la vivienda de “Eva” (el nombre que ella declaraba a todos) y la encontró descompuesta y confundida.
¿Qué pasó en medio de tanta historia? Es el misterio que ahora atrae a los españoles cada vez que el tema aparece en diarios, portales y noticiarios.
DE QUITILIPI A LEÓN
De acuerdo a lo que cuenta el periódico digital Infobae, en un informe que firma Joaquín Cavanna, Blanca Otero Alvarez nació en 1952, en Quitilipi, pleno corazón geográfico del Chaco.
Sus padres eran españoles y es probable que hubiesen llegado a nuestra provincia para dejar atrás las duras secuelas que la Segunda Guerra Mundial dejó en Europa.
Pero en los ‘70 los padres de Blanca se decidieron a volver al terruño. La familia regresó a su pueblo de origen, Saelices, un diminuto punto del mapa español con apenas unos cientos habitantes. Blanca era docente pero consiguió trabajo como empleada de la empresa ferroviaria estatal Renfe. Los días de ella, sus hermanos y sus padres transcurrían sin sobresaltos.
LA DESAPARICIÓN
Sin embargo, en 1995 la vida de todos se fracturó. Blanca desapareció. Así de simple y así de terrible.
Ni quienes en los últimos 25 años conocieron a Blanca como Eva,ni quienes la trataron antes consideran que ella sea una desequilibrada. Entonces, ¿qué la hizo perderse en la nada de un dia para otro? A la historia no le faltan elementos sugestivos. Por ejemplo, se dice que la familia recién formalizó una denuncia de desaparición de Blanca en 1997, dos años después de ocurrida. ¿Por qué?
A partir de allí, la búsqueda se mantuvo. Poco después, la policía informó a la familia que había dado con Blanca en Gijón, que estaba bien pero que no quería mantener contacto con sus padres y hermanos. Y ella misma les envió en 2005 una carta con una foto (la que ilustra esta nota) en la que pedía disculpas por su partida sin despedidas y reafirmaba que no quería volver a tener un vínculo con ellos. Sólo dejaba abierta la puerta de un “tal vez” en el futuro.
El sábado pasado, la policía de La Fresneda, pueblo cercano a Saelices, la halló casi desvanecida en la casa que alquila. Allí era “Eva”.
Eva, la de la sonrisa amable y dispuesta
En La Fresneda, la localidad española en la que fue encontrada Blanca Mabel Otero, todos quienes la conocen no salen de su asombro al ver, en la prensa, cuántas cosas no dichas había detrás de la vida pública de esa mujer amable y solitaria a la que conocían como Eva.
“Todos nos hemos visto sorprendidos, pero puedo asegurar que nadie ha cambiado ni un poco lo que piensa de Eva. Yo ni siquiera quiero saber qué le pasó en su vida anterior para que haya tenido que cambiar de identidad. Es su intimidad y hay que respetarla. Lo único es que sí me da pena que haya tenido que guardarse ese silencio durante tanto tiempo. Eso le habrá impedido poder hacer amistades muy fuertes”, dijo María Nosti, una vecina con la que pudo dialogar un cronista del sitio Infobae.
“Cuando nació mi hijo, hace ocho años, mi marido trabajaba todo el día. Entonces, a veces, cuando yo tenía que ir a algún lugar o a comprar algo, le dejaba a mi hijo a Eva. La dulzura con la que lo trataba era hermosa”, relató María.
“Hoy mi hijo la considera casi como una abuela, vamos”, agregó.
Su madre, de 90 años, aún no sabe nada
La madre de Blanca Otero se llama María Luisa y tiene 90 años. Vive en un albergue para ancianos y sus otros hijos todavía no le dieron la noticia de la aparición con vida de “Blanqui”. Las personas que la asisten en el geriátrico evalúan de qué modo hacerlo sin afectarla en demasía.
Es que la hipótesis de que Blanca había muerto siempre flotó en la familia. Uno de sus hermanos, incluso, creyó que ella era “La Dama del Camello”, una historia policial irresuelta. En la Playa del Camello, en Santander, se encontró en 2001 el cuerpo de una mujer asesinada, que nunca pudo ser identificada. Los análisis de ADN desestimaron que fuese Blanca.
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