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Estados Unidos se sumerge en el caos

Tres meses después del asesinato de George Floyd, otro brutal crimen policial detonó esta semana nuevas protestas contra el racismo policial-institucional estadounidense. Al mismo tiempo, la Convención Republicana lanzaba oficialmente la campaña para la reelección de Trump, azuzando el miedo y el enfrentamiento social. Este artículo, escrito a principios de junio, describe aquellos acontecimientos y anticipa los presentes.

El 25 de mayo salía a la luz un vídeo en el que se veía a un policía de Minneapolis asfixiando hasta la muerte a George Floyd, hombre afroamericano de 46 años. Las imágenes rápidamente se compartieron por todo el mundo y, lo que empezó como unas manifestaciones en Minnesota, rápidamente se extendió a todo el país. En unos días EEUU se sumió en un caos de disturbios en más de 50 ciudades, imágenes nunca vistas desde hace décadas.

Jakob Blake fue asesinado por la espalda con siete disparos por un policía.

Un problema estructural

Nuevamente se produce en EEUU un estallido social de denuncia por la violencia policial contra la población afroamericana. Así fueron los terribles disturbios de 1992 de Los Ángeles por el caso Rodney King, o más recientemente las revueltas de Ferguson en 2014, con Obama en la presidencia. Este es solamente un nuevo episodio de un problema estructural, el racismo, que golpea a la sociedad estadounidense desde hace siglos.

Las protestas no involucran solo a la comunidad negra, sino a cada vez más blancos que rechazan la brutalidad institucional.

Los datos hablan claro: en EEUU un afroamericano tiene tres veces más posibilidades que un blanco de morir a manos de la policía. Según los datos de Mapping Police Violence, cada año ha habido entre 1.071 y 1.142 asesinatos policiales, la mayoría contra negros y latinos. A esto hay que añadir, claro está, el alto nivel de exclusión social y pobreza que vive la población afroamericana, y su consecuencia, en muchos casos, el alto nivel de delincuencia en este sector de la sociedad.

Actualmente tenemos un cóctel explosivo muy peligroso en EEUU; más de 100.000 muertos por la pandemia, 40 millones de desempleados, temor por una recesión equiparable a la Gran Depresión, además de una polarización política que se ha visto incrementada desde la llegada de Donald Trump a la presidencia. A ello se unen los problemas de tensión racial, militarización de la policía y la gran cantidad de armas que hay en las calles. Solo hacía falta la mecha que prendiese el incendio.

Después de que el vídeo de la muerte de George Floyd se hiciese viral, cientos de personas se manifestaron en Minneapolis para exigir justicia. A pesar de que los cuatro policías implicados en la muerte de Floyd fueron apartados, la rabia inundó las calles de la ciudad por la noche con múltiples disturbios al día siguiente.

Protestas en Kenosha, Wisconsin, en la noche del domingo 23, tras el asesinato de Jakob Blake.

Tras un nuevo día de manifestaciones y disturbios en Minneapolis, donde se llegó a incendiar una comisaría, el gobernador de Minnesota activó el Estado de Emergencia y procedió al despliegue de la Guardia Nacional. Mientras, las protestas por la muerte de George Floyd se extendían por el país (Nueva York, Los Ángeles, Louisville). Con sus continuas polémicas declaraciones Donald Trump tensionaba aún más si cabe el ambiente, llamando “matones” a los manifestantes y asegurando que “cuando los saqueos empiezan, los tiroteos también”.

El 29 de mayo, Derek Chauvin, el policía responsable de la muerte de George Floyd, fue arrestado e imputado por el delito de asesinato. Sin embargo, eso no calmó las protestas. En el mismo día se organizaron manifestaciones en más de 30 ciudades de EEUU, acabando en disturbios en muchas de ellas, como en Atlanta, donde fue asaltada la sede de la CNN. En Detroit, un joven negro de 19 años fue asesinado a tiros, y en Oakland dos agentes de la Oficina de Protección Federal fueron tiroteados, muriendo uno de ellos por las heridas. En Portland se declaró el Estado de Emergencia y el toque de queda, el gobernador de Kentucky ordenó la movilización de la Guardia Nacional, mientras que el alcalde de Louisville declaró el toque de queda del anochecer al amanecer.

El joven Kyle Rittenhouse, de 17 años, viajó con su fusil 40 km hasta Kenosha, donde en la noche del martes mató a dos manifestantes antirracistas. Salió caminando entre los patrulleros que custodiaban la zona sin que nadie lo detuviera.

Al día siguiente continuó la escalada de protestas, reportándose movilizaciones en más de 50 ciudades de EEUU. En la mayoría se pudieron ver fuertes disturbios, como en Los Ángeles, Seattle, Chicago o Philadelphia. En Nashville, manifestantes asaltaron el palacio de Justicia. Las imágenes de coches de policía incendiados, saqueos y manifestaciones recorrieron el mundo entero. La jornada acabó con cientos de detenidos, y tres muertos tras un tiroteo en Indianápolis. En al menos 25 ciudades de 16 estados las autoridades impusieron el toque de queda, mientras que la Guardia Nacional desplegó más de 5.000 efectivos en más de 15 estados.

El día 31 de mayo hubo protestas y disturbios en decenas de ciudades y la Guardia Nacional desplegada en 21 estados del país, mientras se imponía el toque de queda en 40 ciudades. Las protestas más fuertes se vivieron en Washington DC, donde los disturbios estallaron alrededor de la Casa Blanca (el New York Times desveló que la noche del viernes el servicio secreto trasladó a Trump a un bunker subterráneo). También se vivieron disturbios en Boston, Philadelphia o Long Beach, y como en días anteriores las manifestaciones empezaron siendo pacíficas hasta que, ya entrada la tarde-noche, degeneraron en desórdenes. En el país vecino, Canadá, también se produjeron protestas, e incluso enfrentamientos con la policía, como en Montreal.

Ese mismo día 31, el fiscal general William Barr publicó un comunicado en el que anunció que se utilizarían los equipos antiterroristas regionales del FBI para “identificar a los organizadores criminales e instigadores” de los disturbios.

Al día siguiente las protestas tomaron un cariz diferente: mientras que durante el día eran mayoritariamente pacíficas, al caer la noche los episodios violentos se multiplicaban. El 1 de junio se reportaron varios tiroteos en St Louis, Las Vegas, Los Ángeles… con varios policías heridos. La jornada ya había empezado a tensarse con la filtración de unos audios donde se escuchaba a Trump llamando “débiles” a los gobernadores mientras les instaba a “dominar las protestas”: “Es como una guerra… y la dominaremos rápido”. La tensión escaló con el llamamiento de un sector de los republicanos a desplegar al ejército (con apoyo de Trump). Mientras la Guardia Nacional se desplegaba en Washington DC, la autopsia oficial de George Floyd declaraba su muerte como un homicidio.

En medio de la nueva oleada de protestas se realizó la Convención Republicana, que llamó a votar a Trump como único garante del “orden”.

Pasadas las seis y media de la tarde, Donald Trump compareció ante la nación amenazando con desplegar al ejército si la situación empeoraba, pronunciando un discurso duro donde recomendaba desplegar a la Guardia Nacional para “dominar las calles”, así como prometiendo duras penas de prisión para los detenidos en las protestas. Como colofón a su puesta en escena, se dirigió a la iglesia de San Juan para posar con una biblia en la mano, para lo cual momentos antes la policía dispersó violentamente una manifestación pacífica para allanar el camino del Presidente.

En el centro del caos, destacaban las denuncias de periodistas por los asaltos y detenciones arbitrarias de la Policía durante la cobertura de las protestas. El Comité para la Protección de los Periodistas alertó sobre los ataques a la prensa. Según el CPJ, 125 violaciones de la libertad de prensa fueron reportadas en todo el país desde el 29 de mayo, incluyendo 20 detenidos.

El más sonado, la detención del reportero de la CNN Omar Jiménez, el día 29 de mayo en Minneapolis mientras cubría la manifestación. Pero la lista era más amplia, con imágenes de la policía disparando balas de goma a los reporteros. La fotógrafa independiente Linda Tirado perdió la visión de un ojo tras recibir un impacto de la policía. También se vieron episodios donde manifestantes impedían trabajar a los periodistas, por ejemplo en Washington DC, donde el reportero de la Fox Leland Vitter debió abandonar el lugar mientras era increpado.

Narrativa Demócrata o Republicana

El 31 de mayo Donald Trump anunció vía Twitter que EEUU designaba al movimiento ANTIFA (grupos de izquierda) como “organización terrorista”. De esta manera, el presidente consolidaba su narrativa sobre los disturbios en el país. Trump y otras figuras de su administración acusaron de entrada al movimiento ANTIFA y a la izquierda de estar detrás de las protestas de estos últimos días. De hecho, el 30 el presidente Trump tuiteaba: “Son los Antifa y la izquierda radical. No echen la culpa a otros”.

Existió gran polémica sobre quién estaría tras los disturbios. Diversas figuras del Partido Demócrata, como Alexandria Ocasio Cortez (congresista) o Tim Walz (gobernador de Minnesota), señalaron a los grupos supremacistas blancos de ultraderecha. El comisionado del Departamento de Seguridad de Minnesota admitió que tras la identificación de los detenidos se realizaba una investigación de grupos ultranacionalistas blancos que alentaban a sus miembros a través de internet a usar las protestas para crear caos.

Ambas narrativas intentaron imponerse para explicar los motivos de los disturbios y los saqueos. También se pudo escuchar en medios de comunicación como la CNN, cómo se insinuaba que Rusia podría estar detrás de los desórdenes, aunque es una tesis que no ha tenido arraigo en el país.

Conclusiones

¿Qué podemos esperar de estas protestas? Poco o nada, todo apunta a que se repetirá el círculo vicioso de los anteriores desórdenes; episodio de brutalidad policial-indignación y disturbios-desescalada-todo sigue igual-nuevo episodio de brutalidad policial. Quizás incluso la situación llegue a ser peor tras la crisis económica que se avecina, ya que ahora mismo no se atisba la posibilidad de que se ataquen los problemas estructurales de EEUU.

Por otra parte, esta crisis puede venirle bien a Donald Trump de cara a las presidenciales de noviembre. Trump querrá visibilizar los disturbios para que se olviden los estragos que ha dejado el coronavirus en el país, recordemos que EEUU es el principal foco mundial. El presidente seguirá la misma estrategia que ha resultado efectiva anteriormente a los republicanos, centrarse en las escenas de insurrección y llamar a “la ley y el orden” mientras tacha a los demócratas de “blandos”.

*Publicado en descifrandolaguerra.es

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