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El legado vigente del Libertador

Se cumplen hoy 170 años de la muerte en Boulogne -sur-Mer, Francia, del Libertador José de San Martín.

En estos tiempos en los que el país enfrenta enormes desafíos, con sectores minoritarios que alimentan enfrentamientos estériles y la división de la ciudadanía argentina, el llamado constante del Padre de la Patria a la unión fraternal permanece más vigente que nunca.
“Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro de que los batiremos. Hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor”, escribió San Martín en una carta dirigida al brigadier general Estanislao López, que revela -junto a otros escritos y documentos históricos- la constante prédica del Libertador en favor de la unión de los patriotas y el decidido rechazo a cualquier iniciativa que significara empeñarse en luchas fratricidas.
En aquellos tiempos muchos no comprendieron el alcance de su gesta libertadora. Y como lamentablemente también ocurre hoy en esta Argentina del siglo XXI, unos pocos intereses mezquinos intentaban dividir para obtener ventajas particulares. Pero San Martín, además de ser un estratega militar, fue un estratega político que comprendió que a pesar que en su tiempo algunos miopes no alcanzaban a ver la magnitud del proyecto de liberar Chile y Perú, era necesario seguir adelante con esa empresa. En rigor, muy pocos de los que vivían en las Provincias Unidas entendieron cabalmente que con la restauración de Fernando VII en el trono, España podía recuperar Perú y eso significaría el fracaso del movimiento independentista americano. Del otro lado de la cordillera, Bernardo O’Higgins, en cambio, no dudó en aliarse con San Martín para cruzar los Andes con el objetivo de liberar Perú.
“La amistad de ambos próceres es una bella metáfora de la que debe siempre unir a ambos pueblos. Las proezas que juntos realizaron son ejemplo de lo que dos países hermanos pueden lograr si unen sus fuerzas en pos de objetivos compartidos”, señalan en una carta abierta el embajador de Chile en Argentina, Nicolás Monckeberg, y su par de Argentina en Chile, Rafael Bielsa, publicada días pasados en el diario El Mercurio de Chile, con motivo del el 170º aniversario del Paso a la Inmortalidad del Libertador. “San Martín y O’Higgins se abrazaron en Chacabuco y nos legaron su propósito de que sus hijos seamos hermanos. Hoy es tarea de las actuales generaciones que ese espíritu de hermandad crezca y se fortalezca día a día”, agrega la carta de los diplomáticos. Y así debe ser también en el interior de la Argentina donde toda la comunidad y especialmente los dirigentes de los distintos espacios con representación política, deben asumir el compromiso y redoblar sus esfuerzos para preservar el bien común.
Es necesario evitar que, en un contexto difícil como el actual, se alimenten odios y enfrentamientos estériles que generan tensión social. Tal como lo hizo en su tiempo el general San Martín con su prédica inteligente, hoy se debe allanar el camino de la comprensión entre los distintos sectores sociales. La ciudadanía debe dejar superar las divisiones para no repetir dolorosos errores del pasado. Hoy es necesario prestar atención a las familias que más sufren los efectos de la crisis sanitaria que vive el país y que tiene, por supuesto, su correlato económico.
En esta jornada especial la figura del general San Martín debe servir como un espejo en el cual debe mirarse la sociedad argentina. Como bien señala Felipe Pigna en su libro La voz del gran jefe. Vida y pensamiento de José de San Martín: “a los que siguen queriendo ver un San Martín exclusivamente militar, hay que recomendarles que analicen al San Martín político, a aquel que durante poco más de dos años gobernó con gran eficiencia, equidad y honestidad las provincias cuyanas”. “Su política integral iba desde medidas impositivas, para que pagaran más los que más tenían, el desarrollo de la industria, la educación, la salud pública, hasta el sistema carcelario”, agrega el historiador, destacando la claridad política que caracterizó al Libertador. Una claridad que es imprescindible en la Argentina de hoy, que no necesita propuestas descabelladas o extremas, sino la suma de esfuerzos que permita, con gestos de unidad y solidaridad, superar la difícil coyuntura que atraviesa el país.

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