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La pandemia afectó más al empleo joven

Un sondeo realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que desde el comienzo de la pandemia de coronavirus, más del 70 por ciento de los jóvenes de todo el mundo que estudian o combinan sus estudios con un trabajo, se vieron afectados por el cierre de escuelas, universidades y centros de formación.

Según el organismo, esa interrupción del proceso de enseñanza-aprendizaje incrementó la brecha entre los jóvenes de familias con recursos y sus pares de sectores más postergados de la sociedad. El informe, titulado “Los jóvenes y la pandemia de Covid-19: efectos en los empleos, la educación, los derechos y el bienestar mental”, advierte que el impacto de la crisis sanitaria en la educación de este sector de la población podría mermar la capacidad productiva de toda una generación.

A esa conclusión llegaron los especialistas de la OIT que participaron en la elaboración del documento que describe los efectos inmediatos de la pandemia en la vida de los jóvenes de 18 a 29 años en lo que respecta al empleo, la educación, el bienestar mental y los derechos. El trabajo de investigación se realizó en base a la consulta de más de 12.000 jóvenes que residen en 112 países de distintas regiones del mundo. De las respuestas de los consultados se desprende, además, que el impacto de la pandemia en los jóvenes “es sistemático, profundo y desproporcionado”. “Este impacto ha sido particularmente duro para las mujeres jóvenes, los jóvenes de menor edad y los jóvenes que viven en países de ingresos más bajos”, advierte el documento de la OIT que, por otra parte, revela que pese a los esfuerzos que hacen por continuar su formación, el 50 por ciento de los consultados opina que la conclusión de sus estudios se verá retrasada, y el 9 por ciento señala que podría tener que abandonarlos definitivamente. El panorama es más desalentador para los jóvenes que viven en los países de ingresos más bajos, en los que existen mayores deficiencias en materia de acceso a Internet y disponibilidad de equipos informáticos, y en muchos casos, de espacios adecuados en el hogar para poder estudiar. En ese sentido, el informe destaca que este aspecto en particular pone de relieve la enorme “brecha digital” entre regiones del mundo: mientras que el 65 por ciento de los jóvenes de los países de altos ingresos tuvieron acceso a clases impartidas por videoconferencia, la proporción de jóvenes que pudo continuar sus estudios en línea en los países de bajos ingresos fue únicamente del 18 por ciento. Según el informe, el 38 por ciento de los jóvenes tiene dudas por su futuro profesional. Uno de los problemas más serios, en opinión de los expertos de la OIT, es que todo indica que la crisis provocada por el Covid-19 podría dificultar el desarrollo del mercado laboral en todos los países y prolongar el período de transición de los jóvenes desde que terminan sus estudios hasta que logran su primer empleo.

El sondeo reveló también que uno de cada seis jóvenes se quedó sin empleo desde que comenzó la pandemia. Esto se debe, entre otras razones, a que por los general los trabajadores más jóvenes se desempeñan en sectores muy afectados por la crisis sanitaria, en particular los relacionados con la atención al cliente, la prestación de servicios y las ventas, de ahí que sean más vulnerables frente a los efectos económicos de la emergencia. Por otra parte, según el informe, el 42 por ciento de los jóvenes que han mantenido su empleo han visto reducidos sus ingresos.

Otro estudio elaborado por el Observatorio de la OIT, “Covid-19 y el mundo del trabajo”, sostiene que los jóvenes recibieron el impacto de la crisis de manera “desproporcionada”, y advierte que desde febrero de este año el incremento rápido y sustancial del desempleo en este sector de la población fue más profundo en las mujeres que en los hombres. Frente a la seriedad de este problema global, al que no escapan los jóvenes argentinos, es necesario promover medidas que estimulen la economía y el empleo. Es fundamental, como bien señala el organismo internacional, que se escuche la voz de los jóvenes para dar una respuesta más inclusiva a la crisis, ya que su participación en la toma de decisiones contribuirá a la eficacia de las políticas y los programas.

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