Ciencia al servicio de la salud y el desarrollo
Si se observan las medidas a largo plazo que sostienen los países con mayor desarrollo del mundo, se comprueba que el decidido apoyo que dan a la ciencia y la tecnología es un factor clave en sus estrategias de crecimiento económico. La noticia de que Argentina fue elegida para fabricar la vacuna que desarrollan la Universidad de Oxford y el laboratorio AstraZeneca, pone de relieve el grave error conceptual de algunos economistas que subestiman la capacidad científico-tecnológica del país.
Desde la tristemente célebre frase del recordado Domingo Cavallo, que en la década del 90 mandó a lavar los platos a los científicos, hasta estos días en que figuras mediáticas, que hablan mucho y sin sustancia, ponen en duda las advertencias que mujeres y hombres de ciencia de todo el mundo hacen sobre el alto nivel de contagiosidad del nuevo coronavirus; pasando por los que se hicieron los distraídos frente a la decisión del gobierno nacional anterior de eliminar el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, para degradarlo al rango de Secretaría, mucho tiempo ha pasado. Y mientras tanto el mundo sigue su marcha con naciones que corren continuamente su frontera tecnológica, como bien lo ha señalado en numerosas oportunidades el ingeniero en Materiales, doctor en Ciencias Naturales e investigador del Conicet, Fernando Stefani. El mismo que en una de sus charlas dijo una vez que “todos los países desarrollados tienen en el corazón de sus estrategias de crecimiento económico sustentable a la ciencia y la tecnología”.
En el anuncio que realizó esta semana el presidente de la Nación, Alberto Fernández, confirmando que la Argentina fue elegida para fabricar una de las vacunas contra el coronavirus, también se explicó que el país, además, recibirá en esta oportunidad transferencia de tecnología. Este dato no es menor, ya que actualmente en América Latina solo Argentina y Brasil tienen científicos preparados para intervenir en el sofisticado proceso de preparación de una vacuna con las exigencias que imponen los más altos estándares internacionales en la materia. De hecho, ese fue el motivo por el que se eligió a científicos locales para participar en la etapa de fabricación de las dosis que, si todo sale bien, servirían para inmunizar a la población contra el virus de Covid-19. Así lo confirmó el empresario Hugo Sigman, titular de mAbxience Biotech Argentina (empresa especializada en la fabricación de medicamentos para enfermedades oncológicas y autoinmunes), quien esta semana destacó el nivel alcanzado por los científicos argentinos. “La gente de AstraZeneca estaba sorprendida de nuestra gente. Me siento muy feliz, todos los argentinos tendrían que sentirse felices por tener este nivel en nuestro país”, sostuvo. Reveló además que los representantes del laboratorio AstraZeneca realizaron inspecciones en el laboratorio argentino y confirmaron que esas instalaciones eran las mejores de la región, y por lo tanto estaban preparadas para avanzar con la etapa de fabricación de la vacuna. Sigman dijo que esto permitirá que las dosis estén disponibles en el país en el menor tiempo posible, pero además posicionará mejor a la Argentina ante la comunidad científica internacional.
Todo lo expresado hasta aquí no tiene como intención exaltar en forma desmesurada lo nacional frente a lo extranjero. De lo que se trata es de invitar al lector a la reflexión sobre qué papel debe asignar la Argentina a la ciencia y la tecnología. ¿Cuando el Estado invierte en la formación de científicos y técnicos, está perdiendo tiempo y dinero que podría destinar a algo más importante o urgente? Para enriquecer el debate acaso sea necesario tener en cuenta que Israel, Corea del Sur y Japón, por ejemplo, son algunas de los países que más invierten en conocimiento como política de Estado. Finlandia, Austria, Suecia, Suiza, Dinamarca, Alemania y Estados Unidos completan la lista de los diez primeros.
Argentina debe seguir apoyando a su sistema de ciencia y tecnología. Afortunadamente, parece haber quedado atrás la tendencia a la caída presupuestaria que sufrieron estas áreas en el período 2015-2019. También resulta alentador el trabajo que viene realizando el equipo de ingenieros argentinos que viajaron a Cabo Cañaveral para participar en los preparativos de lanzamiento del satélite que completará la constelación Saocom, que está previsto para los últimos días de este mes. La elección de un laboratorio argentino para fabricar la vacuna contra el coronavirus y la labor que realizan quienes participaron en la fabricación del satélite argentino de observación son una muestra de lo que se puede lograr si se apuesta, en forma decidida, por la ciencia, la tecnología y la innovación.










