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Brechas de género en acceso a altos cargos

El 63 por ciento de las personas que egresan de una universidad pública o privada en la Argentina son mujeres, pero solo el 27 por ciento de los cargos directivos en las pequeñas y medianas empresas están ocupados por ellas. Estos porcentajes, que fueron puestos sobre la mesa en el segundo ciclo de charlas del Foro Económico de la Mujer que se llevó a cabo en el país, confirman que los progresos educativos de las argentinas todavía no se traducen en una mejora proporcional en altos cargos del mundo empresarial.

Como en otros ámbitos de la vida cotidiana, la relación desigual entre hombres y mujeres también se manifiesta en la brecha que se observa en el acceso a cargos directivos en empresas. Como bien señala la especialista en liderazgo con perspectiva de género, Virginia García Beaudoux, las mujeres en el mundo público deben participar de dos competencias: las que corren todas las personas sin importar su género para sumar experiencia, méritos y credenciales para progresar y, a la vez, una larga carrera de obstáculos. “En las corporaciones, las ciencias, la academia, la política y todos los ámbitos de actividad, encuentran poderosas arquitecturas sociales que impiden su desarrollo profesional”, reflexiona la experta, autoras de varios libros, entre ellos “¿Quién teme el poder de las mujeres? Bailar hacia atrás con tacones altos”, donde reflexiona sobre lo que significa ser una mujer ambiciosa en una sociedad todavía dominada por lo masculino y enumera las dificultades que deben sortear las candidatas a ocupar cargos públicos, políticas en ejercicio, ministras, intendentas, gobernadoras, diputadas, directivas de empresas, líderes sociales y comunitarias, juezas y muchas otras mujeres que , a pesar de destacarse en distintos ámbitos no ocupan más posiciones de poder e influencia política y económica en sus comunidades.

García Beaudoux se pregunta también cuáles son las razones por las que las mujeres encuentran tantas dificultades para acceder a cargos de representación y dirección. La respuesta que ofrece sirve como disparador para un debate que debe darse en las sociedades que se consideran democráticas pero que conservan reglas y prácticas para el espacio público que perpetúan la desigualdad de género. “Necesitamos encontrar la manera de no sentirnos impostoras frente a la ambición, frente a expresar nuestras opiniones, frente a nuestros apetitos de poder. Necesitamos encontrar la manera de no sentirnos intrusas por querer liderar, por mandar, por ser presidentas, por estar en la cresta de la ola”, plantea la especialista en el libro.
En el ciclo de charlas del Foro Económico de la Mujer en la Argentina, cinco directoras de empresas que tienen sede y operan en el país coincidieron en expresar su preocupación por cómo las mujeres siguen relegadas respecto del hombre en los espacios de trabajo. En el encuentro, que se desarrolló en formato virtual, se aportaron cifras y porcentajes que confirman la naturalización de construcciones sociales de género fuertemente arraigadas. Por ejemplo, se indicó que en la Argentina el 72 por ciento de los cargos directivos están ocupados por hombres en la gestión pública, mientras que de todas las compañías que cotizan en Bolsa, sólo el 11 por ciento tiene mujeres en sus directorios.

García Beaudoux sostiene que los llamados “techos de cristal” son las barreras invisibles más conocidas entre los múltiples obstáculos que enfrentan las mujeres que aspiran a ejercer altos cargos directivos en igualdad de condiciones y salario en organizaciones corporativas, partidarias, gubernamentales o educativas. “Es una barrera organizacional, vertical, transparente y efectiva, que hace que aunque ellas cuenten con preparación y experiencia, se estanquen y sólo logren llegar hasta los niveles medios”, advierte la experta.

Esta realidad muestra la necesidad de seguir avanzando en la construcción de espacios igualdad y en la erradicación de todos aquellos obstáculos y barreras que enfrentan las mujeres en el acceso al mundo laboral y en el progreso en sus carreras profesionales. Para eso será necesario implementar políticas públicas y promover prácticas que ayuden a cerrar la brecha de género y a generar una mayor equidad en los distintos ámbitos, en el marco de la histórica lucha por la igualdad que llevan adelante las mujeres argentinas.

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