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La desigual inserción laboral de las mujeres

La desigual inserción laboral de las mujeres a lo largo de su vida, la asimetría en la carga de tareas domésticas y de cuidados no remunerados, y muchas normas culturales que fueron cambiando con el correr del tiempo, hacen que la mayor parte de las trabajadoras del país no cuente con los años de aportes suficientes para acceder a una jubilación. Así lo señala la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación en un informe que advierte que, por esas razones, al cumplir los 60 años solo una de cada diez mujeres podrá jubilarse, siempre y cuando tengan 30 años de aportes.

“Políticas públicas y perspectiva de género” se denomina el informe del organismo nacional que indica, además, que de acuerdo a los datos del Boletín Estadístico de la Seguridad Social en la Argentina solo el 11,2 por ciento de las mujeres en edad jubilatoria, es decir las que tienen entre 55 y 59 años, cuentan con más de 20 años de aportes. Esto quiere decir que solo una de cada 10 mujeres en edad de jubilarse podría hacerlo sin una moratoria.

El informe confirma que en el país las mujeres enfrentan mayores niveles de desempleo y de precarización laboral que los varones. En ese sentido, observa que la brecha de ingresos es de 27,7 por ciento y aumenta cuando se trata de trabajos informales, alcanzando el 36,8 por ciento. Estas diferencias, asegura el documento, se ven reforzadas por una asimétrica distribución de las tareas domésticas y de cuidados no remunerados: las mujeres dedican hasta tres veces más de tiempo a estas labores que los varones. A su vez, se sabe que nueve de cada diez mujeres realiza este tipo de tareas y que esta jornada de trabajo (por la que no perciben remuneraciones) se extiende, en promedio, poco más de seis horas diarias. Un aspecto a tener en cuenta, y que es destacado por el informe, es que esta segunda jornada, que se realiza en los hogares, es un factor relevante a la hora de explicar por qué las mujeres tienen mayores niveles de precarización laboral y desempleo (ver informe. Pero eso no es todo. La brecha de género también se agravó con la pandemia de Covid 19, ya que debido al cierre de los establecimientos educativos y de los espacios de cuidado, estas tareas se volvieron un factor más relevante aún en los hogares, aumentando las horas necesarias para cubrirlas.

Más adelante, el informe observa que el resultado de las desigualdades en el mercado de trabajo y las brechas del trabajo doméstico y de cuidado, se traducen en una marcada feminización de la pobreza: las mujeres están sobrerrepresentadas en el decil de ingresos más bajos (69 por ciento) y subrepresentadas en el de ingresos más altos (37 por ciento).

Las políticas públicas no son neutrales al género, remarca el informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación que se puede leer en el sitio web del organismo nacional, y cuya lectura se recomienda a quienes, de una u otra manera, participan en el diseño de esas políticas y que entienden que, efectivamente, la desigual distribución de género de los trabajos productivos y reproductivos tiene un enorme impacto en el reparto de los ingresos y las condiciones de vida de millones de mujeres.

La economista Violeta Guitart sostiene que “durante años el trabajo doméstico y las tareas de cuidado estuvieron impuestos a las mujeres como un determinismo biológico”. “La desigual distribución de género de los trabajos productivos y reproductivos tiene un significativo impacto en la pobreza de las mujeres” agrega, para luego observar que, en rigor, el hecho de que varones y mujeres realicen trabajos típicamente femeninos o masculinos no es un problema en sí mismo, sino que el problema radica en que la sociedad valora más los trabajos productivos y vinculados con sectores masculinizados por encima de los trabajos típicamente femeninos, los cuales son fundamentales para la reproducción de la sociedad pero que históricamente han sido invisibilizados.

Según el documento “Políticas públicas y perspectiva de género”, en la actualidad, el 85,0 por ciento de las trabajadoras que se jubilan lo hace a través de una moratoria; lo que demuestra que este tipo de instrumentos son la principal vía de acceso de las mujeres a ese beneficio; y, por lo tanto, un reconocimiento al trabajo invisibilizado que realizan millones de argentinas.

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