Esculturas de Monika Horčicová

¡Gloria al Creador, que tantas veces se muestra ingenioso!

Una pared rocosa exhibe multitud de agujeros
se aferran a su piel las plantas trepadoras,
apretadas al tacto,
golpea en los huesos de las rocas el agua, pegajosa en la mano.
Un bonzo de cabeza afeitada, sentado, sacude su matraca,
dos boncillos de curvos espinazos
al pie del santuario montan guardia.
Al llegar a la meta, una sabe
que el santo allí se transformó.
Fatigados los huesos, cansadas las rodillas,
siguen igual de vivos los deseos.
“La montaña de la pagoda del Maestro”, por Hồ Xuân Hương







Unos besan las sienes, otros besan las manos,
otros besan los ojos, otros besan la boca.
Pero de aquél a éste la diferencia es poca.
No son dioses, ¿qué quieres?, apenas humanos.
Pero, encontrar un día el espíritu sumo,
la condición divina en el pecho de un fuerte,
el hombre en cuya llama quisieras deshacerte
¡como al golpe de viento las columnas de humo!
La mano que al posarse, grave, sobre tu espalda,
haga noble tu pecho, generosa tu falda,
y más hondos los surcos creadores de tus sesos.
¡Y la mirada grande, que mientras te ilumine
te encienda al rojoblanco, y te arda, y te calcine
hasta el seco ramaje de los pálidos huesos!
“Pasión”, por Alfonsina Storni










