Una perspectiva de género también para la economía
La crisis generada por el coronavirus impactó con más fuerza entre las trabajadoras mujeres ya que, incluso antes de que el patógeno llegara al país, sufrían los mayores niveles de desempleo y precarización laboral. Según cifras oficiales ellas venían percibiendo, en promedio, un 29% menos que sus pares varones, brecha que era más amplia para las asalariadas informales, donde la disparidad alcanzaba un 35,6%. Estos datos confirman la necesidad de incluir medidas que permitan cerrar esta brecha en las políticas que se diseñan para la pospandemia.
Debe reconocerse que varias de las medidas que puso en marcha el gobierno nacional permitieron avanzar en la impostergable tarea de cerrar esa brecha y, en ese sentido, puede mencionarse por ejemplo el programa de Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). Por otra parte, la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación acaba de presentar el informe “Políticas públicas y perspectiva de género. La desigualdad a través del Presupuesto”, un documento que ofrece un detallado análisis de la incidencia de las políticas públicas sobre las brechas de ingresos entre varones y mujeres.
Según el estudio, elaborado en colaboración con la Oficina Nacional de Presupuesto (ONP), el 55,7% de los beneficiarios del Ingreso Familiar de Emergencia son mujeres, quienes, además, están sobrerrepresentadas en el sector de menores ingresos de la población, donde 7 de cada 10 personas son mujeres. Se calcula que desde que comenzó la emergencia sanitaria en el país más de 272.000 trabajadoras de casas particulares recibieron esa ayuda. Otro dato a tener en cuenta es que el 68% de las políticas de transferencia aplicadas hasta la fecha, como el mencionado Ingreso Familiar de Emergencia, los bonos de la Asignación Universal por Hijo, bonos para jubilaciones mínimas y refuerzo de la tarjeta Alimentar, se dirigieron al 50% de la población de menores ingresos.
Desde la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación se remarcó que estos datos muestran los efectos que las políticas públicas tienen sobre las brechas de género, lo que permite mejorar los instrumentos con los que cuenta el Estado para llegar a los sectores que más lo necesitan y revertir inercias que refuerzan la desigualdad. Al respecto, la titular de ese organismo, Mercedes D’Alessandro, destacó que muchas de las políticas que se pusieron en marcha desde el principio de la crisis del coronavirus sirvieron para evitar una situación económica más grave. En su opinión, las transferencias monetarias evitaron que entre 2,7 y 4,5 millones de personas entren en la pobreza o la indigencia. Es que, según se explica en el informe, gran parte de estas medidas están orientadas a los deciles de menores ingresos, en donde las mujeres son mayoría.
Ante las desigualdades estructurales que tiene la Argentina, algo que quedó aún más claro con la pandemia, es necesario abordar los problemas de la economía con una perspectiva de género.
Es que, en rigor, el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado son dos factores que deben estar presentes si se quiere entender el problema de la desigualdad. Sobre ese tema, el documento titulado “Las brechas de género en la Argentina”, elaborado por la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género observa que el punto de partida para exponer el lugar de las mujeres en el sistema productivo es un concepto básico y fundamental de la economía: el trabajo. En general, plantea ese informe, la definición de trabajo que aparece contenida tanto en las estadísticas como en el diseño de las políticas públicas lo asume como una actividad mediada por un pago y deja fuera del análisis económico al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que se realiza en los hogares. Esta dimensión que, en general, no se considera a la hora de pensar las condiciones y posibilidades de empleo de las personas, hace que la desigualdad se reproduzca y amplíe. Por ello, incorporar al análisis la distribución social de estos trabajos no remunerados y los roles de género que se reproducen socialmente es clave para entender las desigualdades que luego se registran en los indicadores laborales y que sí aparecen de manera visible en gran parte de las estadísticas e información sobre la cuestión.
¿Qué pasaría si mañana todos tuvieran que volver a sus puestos de trabajo pero sin escuelas, jardines o trabajadoras domésticas?, plantea la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género. Estos son, sin duda, los problemas que se deben resolver para reducir las brechas entre varones y mujeres.










