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Las experiencias se iniciaron hace unos tres años

Con huertas comunitarias proveen a la familia, un comedor y para venta

Dos emprendimientos de la economía popular en el Gran Resistencia muestran cómo se sostuvieron durante la pandemia, como parte de un proceso reciente. 

“Elegimos que una huerta comunitaria sea una de nuestras unidades productivas para ayudar a que los compañeros lleven algo a la casa”, resume Alicia Soto, de El Zapallito.

El proyecto funciona en el excampo de tiro, por avenida Mac Lean al 4.800. En el predio, que hace cuatro años tenía unos 20 metros de largo y hoy ya ocupa una hectárea, vivieron duras pérdidas y también ganancias.

“Muchos se pudieron llevar algo de lo que se produce y una parte se vende en quioscos o verdulerías chicas de barrio o en puntos de venta de la economía popular”.

De una reserva natural toman parte del agua que se acumula en cada lluvia, con una bomba se distribuye a través de un sistema de riego por goteo. “Acá no llega el agua de red, la idea es tener una perforación y mientras tanto nos provee la represa, que es bastante grande”, explica Alicia.

A su lado se ve a Samuel (20 años) removiendo una parte de la tierra donde más adelante se sembrará cebollita de verdeo, con una azada va formando surcos en los que se retendrá algo de agua. “Para que haya humedad el riego por goteo se prende a la mañana y a la tarde. Hace dos meses que vengo, estoy aprendiendo”, dice. El joven vive en el barrio Bettina Vásquez y asegura que busca trabajo pero no hay. En la misma búsqueda está el esposo de una compañera.     

“Hace cinco años que nos mudamos de Burzaco, provincia de Buenos Aires, a Resistencia. Desde entonces mi marido no consigue trabajo. Él se dedica a la construcción, fue chofer, hace varios trabajos”, describe Lala.

La pareja tiene tres hijos de 9, 14 y 20 años y hace tres años que la mujer se sumó al proyecto “desde que la huerta ocupaba una partecita y lo demás era todo yuyo”.

Lala cuenta que siempre trabajó en limpieza y está satisfecha de haber llegado al Chaco: “Acá es diferente, son más unidos, hay más tiempo para la familia, más tranquilidad ¡acá se duerme siesta!; allá es correr todo el día”. De la experiencia hortícola celebra que ahora sean más integrantes y haber aprendido sobre la marcha. “De acá sacamos para comer. Unas zanahorias, lechuga, perejil, todo es una gran ayuda”, dice.

Alicia complementa: “Con las compañeras y los compañeros empezamos este trabajo para subsistir y para tener una formación laboral. Hoy invitamos a ver lo que hacemos. Es cansador trabajar la tierra pero estamos orgullosos de nuestra huerta”.  

A través del movimiento Evita obtuvieron el sistema de riego, tejido y algunas herramientas. “Todo sale carísimo y con lo que fuimos sacando de las ferias de la economía popular compramos otras herramientas y un boyero para proteger la huerta”, detalla Alicia.

En el lugar señala cuánto les costó comprar la mediasombra para cubrir lo que ya está más encaminado y señala los sectores donde ahora se ven montículos de tierra con abono. Lala indica cada cosa: “Acá vamos a sembrar perejil, cebollita, lechuga, acelga; y acá va a ir maíz, zapallo”, la segunda área aún está en preparación. “Pasaron muchas personas y ahora nos organizamos en dos grupos de cuatro integrantes cada uno. Rotamos así no nos da tiempo a cansarnos”, bromea.

“La necesidad nos llevó a aprender” 

En Tres Bocas, Puerto Vilelas, un grupo de doce personas comenzó con la siembra hortícola hace unos tres años. “En realidad empezamos hace cuatro, pero tuvimos que reubicar la huerta en un predio que nos prestaron”, cuenta Soledad González.

En la huerta [email protected] [email protected] tuvieron que empezar todo desde cero, desmalezando y sembrando. “Ahora sacamos varias verduras: repollo, verduras de hoja, zapallo, batata, mandioca”, agrega.

A medida que van produciendo las hortalizas se reparten entre quienes trabajaron en el proceso y el comedor.

El sostenimiento 

Además del consumo familiar, algunos productos se venden en la feria para comprar otros insumos que hacen falta para mantener la huerta funcionando.  

La organización de las tareas implica separarse en grupos y tareas.

Antes de obtener las primeras cosechas debieron capacitarse. Aunque algunos ya sabían algunos manejos.

El movimiento Evita les dio herramientas y semillas, y también asesoramiento. “Somos trabajadores de la economía popular que cobramos un salario social complementario”, explica Soledad.

Empezar de nuevo   

Desde las afueras de Resistencia, en el sudoeste más allá del canal de calle 8 y Mac Lean, Alicia Soto también habla de pérdidas.

“Tuvimos lluvias intensas como las de comienzos de enero hace un año que les hizo perder todo. Hubo que empezar desde cero. No todo el mundo sabe que es un trabajo grandísimo”, comparte.

A los errores por desconocimiento de la época, fueron haciendo experiencia con el hacer. “Nuestra huerta se iba a llamar Los Corajudos porque fuimos aprendiendo entre todos, la necesidad nos llevó a aprender. Después vinieron personas que nos enseñaron a preparar el compost y la temporada de cada semilla”, cuenta.   

Una carpintería, el otro proyecto  

Alicia Soto cuenta que la huerta no es la única unidad productiva, hay otra que consiste en instalar una carpintería en el barrio San José.

“Todavía está en construcción y ya cuenta con algunas máquinas. Ahí va a funcionar un taller de fabricación de muebles”, adelanta.

Una vez en marcha las posibilidades de tener un mejor salario se amplían.

La joven mamá también confía en que a medida que se vaya saliendo de las medidas más restrictivas de la pandemia, como el predio todo se va a extender se va a agregar más gente.   

Bajo cubierta se ven hay algunos morrones casi listos para cosechar, los mira y sonríe: “Así como empezamos con algo chiquito, les decimos a los compañeros que sueñen”.

Cómo colaborar con Lunita del Río  

El merendero Lunita del Rio en el paraje Tres Bocas, próximo a Puerto Vilelas, es otro de los destinos de contención que promueven desde la economía solidaria.

Además de la provisión de algunas verduras de estación sus impulsores agradecen a quienes deseen colaborar (el teléfono de contacto es 3624 569740).

Para ver en qué consiste el trabajo de voluntarios a través de Facebook buscando el nombre del merendero se podrán ver los platos y quiénes los prepararon.