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La Página del Lunes

El final del tercer ciclo chaqueño

Cuando el 3 de julio pasado -vísperas del Día del Cooperativismo- la jueza de Primera Instancia Civil y Comercial N° 2 de Sáenz Peña, María Laura Zovat, decretó la quiebra de la Cooperativa Agropecuaria La Unión Limitada terminó una lenta agonía que duró diecisiete años tras el inicio del concurso preventivo. Era una decisión anunciada de una pandemia que atacó al cooperativismo chaqueño, brillante y progresista por décadas, pero que sucumbió inexorablemente.

Eduardo López
Por: Eduardo López

Se podría decir que se cerró así el tercero de los ciclos que analizó, en su fundamental obra, el visionario del Chaco Guido Miranda cuando publicó “Tres ciclos chaqueños” y dividió su devenir en el proceso fundacional desde el inicio de Resistencia, el proceso del tanino y el desarrollo algodonero.

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En este período, a diferencia del ciclo forestal, según Miranda “el minifundio acompañó la ocupación del espacio fiscal. Se expandieron las chacras algodoneras principalmente en el centro y oeste con extensiones promedio de 50 hectáreas, tamaño entonces suficiente para explotaciones de tipo familiar. El apogeo del cultivo generó un paisaje agrario muy peculiar donde todo giró en torno al algodón. La afluencia de miles de braceros para la carpida y la cosecha dinamizó el comercio. Se inició un proceso de industrialización que se concentró en el desmote y la fabricación de aceite. La instalación de desmotadoras, empresas de acopio, industrias aceiteras y casas comerciales multirrubro fue exponencial y la cadena de servicios en función de esta producción se multiplicó. De este modo, y en pocos años, el llamado “oro blanco” convirtió al Chaco en una de las jurisdicciones más prósperas de la Argentina, atrayendo con su dinámica a miles de inmigrantes internos y externos y a emprendedores. A raíz del ciclo algodonero, el Chaco se convirtió en principal productor del textil a nivel nacional y adquirió una identidad distintiva que preservaría a lo largo de varias décadas”.

Quienes conocimos el Chaco en las décadas del 60 y 70 supimos de campañas de algodón con siembras cercanas al millón de hectáreas, con el auge de poderosas cooperativas, muchas de ellas federadas en UCAL, más poderosas todavía y que lideraban un cultivo continental influyente en el comercio exterior.

Hoy con el cierre de La Unión se termina ese ciclo, que se vino cayendo de a poco. Hoy el Chaco ya no es, ni siquiera, el primer productor de algodón del país; la superficie sembrada es, con suerte, un quinto de la que fue en sus mejores tiempos y han casi desparecido las desmotadoras y la industria textil, que había iniciado UCAL quedó en la nada. La mística algodonera que alguna vez se quiso instalar ha desaparecido y en cada campaña que se inicia, las siembras son limitadas, pese a una pretendida incentivación de los gobiernos de turno.

UNA RICA HISTORIA

La Unión se inició el 7 de febrero de 1937 con treinta agricultores checoeslovacos, que al año ya eran 61, y entonces se adquirió la primera desmotadora. En abril de 1939, a dos años de ser creada, se inauguró la sección Almacén y Proveeduría. A principios de 1944 compró una planta desmotadora en La Tigra y estableció su primera sucursal. En 1954 logró el récord nacional de algodón acopiado con 14.360 toneladas y sus socios llegaron a 661. En 1961 superó los 960 asociados y se creó la sección Granja y fábrica de Chacinados y embutidos. En 1977 inició el mayor plan de electrificación rural de Latinoamérica para 1.500 usuarios. Su padrón registraba más de 1.300 socios. Según Hipólito Ruiz, corresponsal de NORTE en Sáenz Peña, La Unión “Pudo soportar el embate del clima, de los mercados, de las crisis financieras y económicas, de la dictadura militar, pero no pudo superar la desatención del hombre, de alguna dirigencia, que debía cuidar de los intereses, como tampoco pudo soportar deslealtades de algunos socios”.

Días atrás la doctora Silvia Kesselman, quien fue directora de Cooperativas del Chaco y trabajó muchos años como asesora de cooperativas y mutuales, escribió en este diario sobre La Unión y su cierre y en su análisis atribuyó lo sucedido a “tres razones trascendentales. 1) La tradición algodonera que hizo que los productores y la cooperativa no se adecuaran a los nuevos tiempos, por ejemplo, no atendieron al auge de la soja y de otros cultivos, ni su industrialización. 2)El emprendimiento de nuevas actividades que tal vez los hubieran ayudado en esta contingencia. Los productores fueron aumentando la extensión de sus campos y no hubo un correlato en la organización para dar cabida a esos productos. 3) Creo que su caída se debió fundamentalmente a la dificultad de elegir consejeros y gerentes que los representaran eficazmente y de acuerdo a los tiempos”.

¿Y AHORA…?

Los analistas coinciden en que todo sucedió por “la desatención de algunos dirigentes y deslealtad de algunos socios” y “la dificultad de elegir consejeros y gerentes”. Pero le hubiera parecido utópico a Guido Miranda que, tras el tercer ciclo chaqueño, el del Algodón, con poderosas y ricas cooperativas, con mano de obra para cien mil braceros por cosecha, muchos de los cuales venían de otras provincias Y que todo esto derivara en éxodos hacia las periferias de las grandes ciudades del país y de Resistencia y a convirtiera al Chaco, de una tierra progresista, en líder de pobreza, desocupación y desnutrición, y en una carencia de iniciativas más allá de esperar todo del Estado, cuando se predicó hasta el cansancio que por su posición geográfica estaba llamado a ser el centro de un corredor bioceánico y un nudo de transporte en el corazón del Mercosur. No sólo no se concretaron estas metas, sino que se perdieron las pocas industrias metalúrgicas, aceiteras que prometían un mejor desarrollo.

El cierre definitivo de La Unión debe ser un último llamado de atención para recuperar un futuro progresista que se había instalado y que se perdió por la negligencia de los dirigentes y la falta de iniciativa de los gobiernos, algo que no se soluciona solo con el aporte de fondos.

 

Aledo en el Día del Amigo

 


Diría/ que la amistad es como un cálido paréntesis.
En él/ rescato siempre la alegría de estar vivo.
Entro en él y me hallo como en casa:
Me aflojo la corbata,
Y los cordones del calzado que me aprieta,
Enciendo un cigarrillo
Y acepto un vaso de licor: no importa cuál;
Y digo como Pedro en el Tabor: qué bueno es este sitio.
No caben dudas/ la amistad es un cálido paréntesis.

 


(ALEDO LUIS MELONI, LA AMISTAD, LEVE FULGOR -1995)