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A 120 años de la coronación pontificia

Pese a la pandemia se ratificó la devoción por Nuestra Señora de Itatí

Ayer miles de personas siguieron por internet la misa que presidió el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, para celebrar los 120 años de la coronación pontificia de Nuestra Señora Itatí.

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Crédito: Prensa Basílica de Itatí

Este año, por la pandemia, no se realizaron las actividades tradicionales  pero eso no impidió que cientos participaran.

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Crédito: Prensa Basílica de Itatí

El arzobispo durante la homilía dijo: “Aquí estamos de nuevo, queridísima Madre de Itatí, tus hijos, hermanos de tu Hijo Jesús, pueblo peregrino, afligidos por no poder estar cerca tuyo y contemplar tu rostro maternal. Tu mirada de amor nos llenaba de consuelo, de paz y de fortaleza, que tanto necesitamos para ser buenos cristianos y ayudarnos unos a otros en estos momentos de crisis. Nos duele aún más no estar junto a vos, porque este año se cumplen 120 años de la coronación pontificia de tu imagen”.

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Crédito: Prensa Basílica de Itatí

“Sabemos que vos, más que nadie, comprende los grandes problemas que nos agobian por las consecuencias de la pandemia del COVID-19. Pero aún más allá de las dolorosas secuelas a las que nos somete esta crisis, los heroicos gestos de solidaridad que vemos en tus hijos y tus hijas nos llenan de esperanza. Sin embargo y, por otra parte, nos preocupa mucho que seamos cada vez menos tolerantes con el que piensa diversamente, con poca disposición para el diálogo y para promover una convivencia fraterna y plural, como el mejor correctivo para los individualismos que no se orientan a la búsqueda común de soluciones que alivien a todos, especialmente a los que más padecen esta crisis”, añadió.

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Crédito: Prensa Basílica de Itatí

“La voluntad de Dios, esa que en el Padrenuestro pedimos que se haga en el cielo y en la tierra, es decir, en todas partes, y cuya señal más clara se manifiesta en el amor que perdona las ofensas. Por eso, cuando le pedimos a la Virgen que nos conceda la gracia de amar a su Hijo por sobre todas las cosas, enseguida ampliamos nuestra petición y añadimos: “un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en las tentaciones y consuelo en la muerte. Este es el avío espiritual, los dones que necesitamos para perseverar en la fe, hacer el bien y resistir al mal. Para ese combate, nos recuerda el papa Francisco, tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero”, determinó.

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Crédito: Prensa Basílica de Itatí

“En el Año Mariano que estamos transitando, nos inspira el lema: Con María, servidores de la esperanza. En los tiempos que nos toca vivir, necesitamos renovar la esperanza todos los días y cuidarnos de que no nos gane la desilusión y la amargura. Detengámonos con frecuencia ante el altar familiar, o una imagen de la Virgen, o del crucifijo, y supliquemos para nosotros, para nuestra patria y para el mundo entero, el don de la esperanza. La esperanza se alimenta de la memoria, y ésta se activa contemplando a Dios, como lo hizo la Virgen María. Con ella, abrimos nuestro corazón a su Divino Hijo Jesús, él es vida y esperanza nuestra; perdonados y amados por Él, nada malo nos puede pasar. Estemos atentos y vigilantes, porque en tiempos de crisis se desatan los demonios de la discordia, de la intriga, de la ambición desmedida. Servidores de la esperanza, estemos más bien en alerta y dispuestos a ayudar a los que más padecen las consecuencias del aislamiento obligatorio”, señaló.

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Crédito: Prensa Basílica de Itatí

“Con el dolor en el alma por no poder peregrinar, como lo hacíamos todos los años, y no poder saludar a nuestra patrona y protectora a las 00.00 horas, cuando salía su bella imagen por la puerta principal de la basílica, lo hacemos ahora desde lo más profundo de nuestros corazones. Desde donde nos encontremos, saquemos los pañuelos para saludar virtualmente a nuestra Madre, pero también para secarnos las lágrimas de emoción que brotan de nuestro corazón agradecido y suplicante. Agradecido porque sabemos que nos proteges con tu solicitud maternal; y suplicante porque te encomendamos especialmente a los que generosamente se prodigan para cuidarnos del contagio y a aquellos que atienden a los que contrajeron el mal; y a todos los que tienen responsabilidades de gobierno, en la función pública y en los servicios de seguridad para tomar las decisiones que correspondan al momento que estamos viviendo y aplicarlas con diligencia. Y renovamos la esperanza de encontrarnos todos aquí el año próximo para alegrarnos de ser peregrinos y devotos de nuestra amada y Tierna Madre de Itatí. Amén, concluyó.

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