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Resistencia, mi ciudad

Jardines y huertas en la ciudad

Resistencia fue penada como colonia, es decir como lugar en el que se asienta la inmigración. Su posterior crecimiento la hizo convertir en pueblo y más delante en ciudad. En esta última condición la vivimos hoy con cada vez menos espacio libre y construcciones que se elevan cubriendo cada vez más la bóveda celeste.

¿Alguna persona puede tener una huerta en esta ciudad? El lugar necesario ha desaparecido de la zona céntrica, o del sitio que encierran las avenidas que circunvalan la ciudad, creando la zona céntrica de la misma.

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Pero no tenemos que alejarnos demasiado en el tiempo, sólo cuatro o cinco décadas para comprobar que en la zona mencionada existían las huertas. El primitivo trazado de la capital chaqueña tenía prevista la existencia de cien manzanas para pueblo, rodeadas de ciento cuarenta y ocho quintas y el resto destinado chacras, Este esquema matemático se fue quebrando, con el vertiginoso aumento de la población, sobre todo porque se dividían las quintas para asentar allí nuevas casas.

Aun así, para la década del cuarenta en el casco céntrico muchas casas, con terrenos de treinta o cincuenta metros exhibían en el fondo una huerta prolijamente diseñada con un gallinero al lado, dependencias del hogar que proporcionaban algunos de los materiales básicos de la alimentación. El trabajo que generaba la situación se convertía a menudo en una labor familiar, con indirectos fines educativos. Era en una época en que los comercios, hoy mercados o supermercados escaseaban y, si es que existían, no llegaban a los puntos más alejados del centro.

Se plantaban zanahorias, rabanitos, perejil y todo tipo de verdura que no necesitara mucho espacio. El zapallo y los tomates crecían desde los restos de frutas y verduras que se arrojaban a la basura. Los niños de la casa disfrutaban viendo nacer y crecer productos que luego se transformarían en alimentos. Algunas escuelas, en ciertos períodos, incorporaron oficialmente en sus programas, la materia Huerta y Jardinería, obteniendo excelentes resultados en la motivación que generaban.

Pero el crecimiento de Resistencia terminó con esta actividad. Los espacios de quintas fueron transformados en terrenos con destino a casa-habitación. Carencia que fue cubierta sin problemas por negocios dedicados a la venta de estos productos. Ayudó a lograrlo el hecho de que las amas de casa cumplían horarios de trabajo fuera del hogar, sin disponer del tiempo necesario.

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Hoy sería rarísimo hallar una casa en zona céntrica con huerta. Sin embargo, se percibe una cierta nostalgia, tal vez algo de añoranza al constatar que existen balcones en donde se cultivan productos en macetas.