Improvisa una escuela bajo un árbol para ayudar a niños sin Internet
Denisse Toala cumplió 16 años en marzo. En abril instaló su escuela improvisada en uno de los barrios más pobres y alejados de Guayaquil
Denisse ayuda a unos 40 niños que no habían podido estudiar durante la cuarentena del coronavirus por falta de acceso a Internet. Desde que el Gobierno declaró la emergencia sanitaria --el país registra unos 69.570 contagios y más de 5.000 muertos-- los niños y adolescentes tienen que acceder a clases de manera virtual o a través de plataformas digitales de escuelas y minsiterios.

Pero en el barrio “Realidad de Dios”, al norte de Guayaquil, casi nadie tiene conexión a Internet en su casa ni dispositivos electrónicos para acceder a datos. Y en el terreno más alto de la zona, donde niños y adultos juegan al fútbol en una cancha de tierra, Toala aprovechó un gran árbol para instalar su “escuela”.

La joven de 16 años asiste a los niños para que repasen sus conocimientos y pone su teléfono celular para que las madres puedan recibir las disposiciones escolares para la educación de sus hijos en casa. “La Covid-19 causó dificultades también en la parte económica y especialmente en la educación”, dijo Denisse, quien cursa el último año de su secundaria.
“Ellos se merecen una educación”
Debajo del árbol Denisse instaló improvisados bancos para los niños que a diario caminan hasta el lugar, una pizarra, carteles didácticos y un letrero de bienvenida: “Aprender para enseñar”.

UNICEF Ecuador dijo en un artículo publicado en mayo que solo 37% de los hogares en el país tiene acceso a Internet, “lo que significa que 6 de cada 10 niños no pueden continuar sus estudios a través de plataformas digitales”. La situación es más grave para los niños de zonas rurales, donde sólo 16% de hogares tiene este servicio, explicó el reporte. El Ministerio de Telecomunicaciones reconoció en abril ante la Asamblea Nacional que de los tres millones de estudiantes del país, cerca de un millón no tiene conexión a Internet.
Los padres han apoyado la iniciativa ante la preocupación de que sus hijos se queden sin educación y el miedo a la pandemia, que en marzo y abril colapsó los servicios médicos en Guayaquil y obligó a las autoridades a recoger cadáveres de los hogares.

“Hay cosas que yo no entiendo y lo que es tecnología yo no entiendo. No hay Internet y mis hijos hubieran perdido el año, si no es por el árbol y la profesora”, dijo Gina Pérez, madre de cuatro que van a estudiar todas las tardes con Denisse.
(*Especial para Reuters)
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