Por una economía con rostro humano
La Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) celebró un encuentro, de manera virtual, con representantes de distintos ámbitos de la comunidad para reflexionar sobre la realidad social nacional.
Tras los debates, que tuvieron lugar bajo el lema “Nadie se salva solo” y con la consigna “El día después: pensando la reactivación económica”, se destacó la necesidad de sentar las bases para una economía que ponga el centro de atención en las personas, la dignidad del trabajo y el diálogo.
En un documento que la Comisión de Pastoral Social difundió al término de la llamada “Semana Social virtual 2020”, se remarcó “la necesidad de una profunda conversión humanística y ecológica para construir una sociedad más igualitaria y avanzar hacia una economía con rostro humano”. En el texto se hace referencia también a la importancia de promover “una economía de la producción y el consumo antes que de la especulación”. Es que en los últimos años el juego de las finanzas logró imponerse a escala planetaria impregnando -como señala el doctor en Derecho Juan Hernández Vigueras en su libro “El casino que gobierna el mundo”- la gestión de gobiernos y administraciones públicas en la mayoría de los países, que apelan a mecanismos de especulación para obtener sus recursos.
La irrupción de la pandemia del nuevo coronavirus complicó aún más el escenario global, aunque como bien observa el documento de la Comisión de Pastoral Social “entendemos que estamos ante una tragedia, pero esta debe ser una oportunidad de transformación por el interés de la comunidad”. En ese sentido, la Comisión Episcopal también rescata el ejemplo solidario y “el comportamiento heroico que está teniendo nuestro pueblo a través de los comedores, escuelas, docentes, empresarios, dirigentes sindicales, políticos, jóvenes y el Ejército”, además por supuesto de quienes trabajan sin descanso en el sistema de salud para luchar contra la pandemia.
“Se trata de un momento de elección, un tiempo de prueba, donde tenemos que apostar a una profunda transformación de nuestra patria, teniendo presente que Tierra, Techo y Trabajo deben ser derechos sagrados y organizadores de la economía y la sociedad”, agrega el documento episcopal, para observar luego de que la pandemia ha impactado en todos los sectores sociales pero, especialmente, en los barrios populares, para los cuales además serán más graves las consecuencias. En el texto difundido se reconoce, además, que el país no estaba preparado, como otros tampoco, para afrontar una contingencia de esa magnitud, a pesar de lo cual se trabajó “para optimizar los recursos destinados a salud y valorizar el rol del hospital público como elemento fundamental, sobre todo para los sectores más carenciados”. Se advierte, por otra parte, la gravedad de las consecuencias de la pandemia en la educación y la ciudadanía, al verificarse un aumento en la brecha social a consecuencia de la falta de inclusión digital y conectividad, circunstancia que -añade el documento- revaloriza el acceso a la red Internet como “un derecho humano”.
Merece una especial atención también el párrafo del documento en el que se observa que “como escenario de salida pospandemia tenemos claro encontrarnos en un país con muchas dificultades, pero que necesita abrir nuevos caminos que superen el odio y los internismos, por ello es que también lo vemos como una oportunidad”. “Oportunidad en la cual el encuentro y el diálogo aparecen como imprescindibles para arribar a un gran acuerdo social y político, acuerdo que englobe el sistema educativo, judicial, energético, la matriz productiva, poniendo eje tanto en los mercados internos como externos. Que permita establecer modos de crecer la economía pero protegiendo el cuidado de la persona humana y el equilibrio ambiental, en el marco de un desarrollo sustentable como lo inspira Laudato Si” (la segunda encíclica del papa Francisco).
Por otra parte, se subraya la necesidad de recuperar el federalismo, para lo cual se propone “salir de los esquemas de concentración capitalinos y volver a poner en valor la diversidad productiva y las potencialidades de las distintas regiones del país”. Es de esperar que todos los sectores reflexionen sobre estas ideas que plantea la Comisión de Pastoral Social y asuman el compromiso de comenzar a construir una Argentina más justa, unida y solidaria, con una economía con rostro humano.










