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Juan Mora, músico

“Ser padre es el vínculo más feliz, intenso y fulgurante que existe”

Por el Día del Padre el pianista responde a corazón abierto sobre lo que representa ese tipo de relación, sobre las responsabilidades que conlleva, sus temores y aprendizajes. 

 

Entre las respuestas entrañables a la propuesta para esta fech está el músico y docente Juan Carlos Mora: “Soy padre hace 7 años y 9 meses y mi vida se ha revolucionado como nunca antes. Para siempre, porque ser padre es luchar día a día por acompañar ‘sabiamente’ a Juan Pablo. Es el vínculo más feliz, intenso y fulgurante que existe”.

Él eligió el correo electrónico para explayarse sobre un tema que claramente lo sensibiliza: “Por un lado, uno se refleja en sus hijos y revive su infancia -por lo menos eso me pasa-. Un hijo es un renacer de esas experiencias felices de la infancia perdida. Por otro, el mundo cobra un nuevo sentido. Uno comienza a mirar a los/as otros/as con más empatía. Como docente, por ejemplo, veo en los rostros de los estudiantes y de otros/as niños/as un poco de Juan Pablo. Gracias a él tengo más empatía con niñas y niños”.

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Los Juanes; uno de 40 años y otro de tan solo de siete.

“Como padre, veo a Juan Pablo como un niño muy dulce, cariñoso, obsesionado con sus ideas y juegos, generoso y siempre dispuesto a hacer cosas. Se enoja, ríe, baila, recita poemas, calla, dibuja caminos para unir a sus seres queridos y construye casas, hace sonar campanas y nos aterra con tornados. Es bombero y médico en tiempos de pandemia, y siempre nos regala palabras de cariño. Me quedo corto ante la inconmensurable lista de cosas que todo padre puede utilizar para describir a sus hijos. Lo que quiero decir es que Juan Pablo es libre. Y es una idea fundamental: que los padres amemos, cuidemos y los acompañemos para que sean libres”.

“A su vez, ser padre también es tener miedos. Hay una canción que sintetiza lo que siento. Es de Hugo Fatorusso y se titula Conmigo”.

 

Proceso complejo  

Además Juan Mora habla de los temores siempre y actuales: “A veces ser madre/padre es intentar que nuestro hijo no se frustre –aunque sabemos que necesita hacerlo-, queremos protegerlo de todo lo malo que el mundo pueda llegar a hacerle, como una especie de Guido Orefice en la Vida es bella. Por eso, pienso que el camino es una construcción, su construcción, acompañado de su madre, de su padre, abuela/o, tías/os, primas/os, amigos/as, docentes y vecinos/as, afrontando los desafíos que se le presenten. No podemos formarlo como quisiéramos, sino acompañar ese proceso tan complejo y difícil de transitar. Hoy existe el peligro de las sociedades que se vuelven injustas, que vulneran a los/as más desprotegidos/as y los/as invisibilizan, que generan vacíos, que permiten el quiebre de las relaciones humanas, que nos alejan del otro, que deterioran el modo de vida, que desvalorizan al arte y las ciencias, etcétera. Pero, charlando de esos temores con un amigo al que considero un hermano mayor, me regaló una canción muy popular de Joan Manuel Serrat, Esos locos bajitos, para apaciguar mi angustia”.

 

Compañeros en la vida

Antes de una despedida Mora dedica unas palabras a su par en estos últimos ocho años: “El ser más entregado y enamorado de su hijo es su madre. Ella se desveló más que yo y soportó los momentos más duros desde el embarazo, pasando por el parto y la terminación de sus estudios superiores, hasta el día a día que nos va poniendo a prueba permanentemente. Somos compañeros de vida y vamos caminando juntos, soportando todas las dificultades, porque amamos a nuestro hijo. Vemos en él a una buena persona que seguirá su camino de libertad acompañado de la palabra enamorada de su madre y de su padre que siempre lo verán como aquel bebé en brazos que abrió por primera vez sus ojos ese primer día en el cual se revolucionó el mundo”.