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“Pensé que con niños sería más alegre, así que yo los hice”

“Sólo el olvido camina lento / bordeando la cañada, / donde no crece una flor / ni trashuma un pastor...”. La población de Japón envejece y disminuye, las áreas rurales se quedan sin habitantes. En una aldea sin niños, una artesana jubilada llena el vacío con muñecos que hace ella misma.

Cuando Ayano Tskukimi volvió a Nagoro (Shikoku), su pueblo natal, después de 50 años, encontró que muchos amigos y conocidos se habían mudado o habían muerto. Solo quedaban 35 habitantes. 

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La soledad del despoblado la abrumó, y para reponerse decidió hacer muñecos de tamaño natural y completar el espacio ocupado por cada vez menos humanos. 

 

“Aquí no hay oportunidades para los jóvenes”, dice Ayano. “Ni aunque fueran dueños podrían vivir de sus negocios”. Por eso dedica especial atención a la escuela, a la que ha llenado de pequeños muñecos: “Pensé que con niños sería más alegre”.

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