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Cuando un auto atómico era buena idea

Hubo una época cuando la energía nuclear parecia la solución a todos nuestros problemas. En la década del 50 los físicos habían conseguido construir el primer reactor nuclear de fisión y aún resonaban ecos de la Segunda Guerra Mundial y el uso de bombas atómicas.

Ford no podia dejar pasar la oportunidad y dedicó un importante presupuesto para proyectar un automóvil que utilice un pequeño reactor nuclear. El Ford Nucleon fue, por suerte , sólo un concepto. Un vehículo que nunca llegó a hacerse realidad más allá de unas maquetas a escala. Como su propio nombre indica, estaba diseñado para contar en su interior con un reactor nuclear.

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Las líneas aerodinámicas del Nucleon eran solo un ensayo de estilo, Ford esperaba que los cientificos desarrollasen un generador de tamaño reducido para ser la primera en colocarlo en un auto.

Pero de este coche no es sólo interesante la loca idea de colocar un reactor bajo su capó, sino también ver su diseño e ideas. Los ingenieros y diseñadores de Ford trazaron en el Ford Nucleon unas ideas futuristas, adelantadas a su tiempo en muchos sentidos.

El proyecto apuntaba a darle al auto unos 8.000 kilómetros antes de necesitar un núcleo nuevo. La configuración del reactor dentro del coche era esencialmente similar a la de los submarinos nucleares, pero todo más pequeño para que quepa en el vehículo.

Mediante la fisión de uranio se tenia que calentar un generador de vapor que impulsaba a presión un conjunto de turbinas. Las turbinas posteriormente moverían el coche y además generarían la electricidad.. Finalmente el vapor se enfriaría y condensaría de nuevo en agua para empezar de nuevo el proceso.

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Ford estaba orgulloso de la capacidad de sus diseñadores y el Nucleon ocupó presupuesto y noticias durante algun tiempo en la década del 50.

DISEÑO DEL MAÑANA

Lo primero que se destaca del coche es su cabina especialmente adelantada incluso por delante del eje delantero del coche. Había que dejar espacio al enorme reactor nuclear colocado en la parte trasera, además de este modo se compensaría en parte el peso del reactor colocando la cabina más adelante y además un detalle de seguridad, había que alejar lo máximo posible a los pasajeros del núcleo de uranio.

Las entradas de aire eran otro detalle, habia varias y para enfríar el vapor y facilitar el ciclo cerrado del agua. Optimismo e ingenuidad Quizás lo mejor del Ford Nucleon es que permite ver en perspectiva el optimismo que había como sociedad acerca de la energía nuclear setenta años atrás.

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Una de las máquetas sobrevivientes del Nucleon, el auto de Ford que prometia terminar con el combustible fósil.

Optimismo e ingenuidad, porque aparentemente al riesgo de tener un reactor nuclear en el coche capaz de provocar un desastre radioactivo era algo a lo que no se le prestó mucha atención. Ford dependía de que se avanzara en el desarrollo de reactores nucleares pequeños , y eso era algo de lo que ellos no se iban a encargar.

Además también necesitaban materiales para blindar el núcleo más ligeros y de menor volumen, algo que tampoco avanzó. Colocar un reactor nuclear en un coche era prácticamente imposible con la tecnología existente (y casi que lo sigue siendo).

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