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Tu huerta durante la cuarentena

Producir tus propias frutas y verduras es mucho más simple de lo que parece. Te contamos qué podés sembrar en esta temporada.

Hacer una huerta en casa en estos días de cuarentena sería ideal para traer comida del balcón, patio o galería a tu cocina, sin escalas. Parecería muy complicado realizarlo, pero es más simple de lo que parece: casi cualquier ensalada puede crecer en tu balcón o en la ventana de tu cocina.

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Además, tiene sus ventajas, una la de cuidar tu bolsillo; producir tus propios alimentos evita el uso de agroquímicos, favorece el uso eficiente de agua y energía y te permite reutilizar residuos orgánicos. En síntesis, tener una huerta en casa es beneficioso para la salud y para el medioambiente. Y podés armar la tuya en simples pasos.

Los huertos urbanos permiten producir alimentos saludables y apoyar la economía familiar. Se coloca una bolsa de tela en un cajón, luego tierra, semillas esparcidas, otro poco más de tierra y agua.

Ni siquiera es indispensable disponer de un cajón. Cualquier contenedor puede ser utilizado para producir alimentos, siempre y cuando no haya almacenado sustancias tóxicas. Prescindir del suelo es una práctica para el cultivo en diferentes ciudades y se conoce como organoponia, una técnica que permite tener una huerta en medio de una jungla de cemento.

Se pueden construir canteros con maderas, piedras, ladrillos, bloques de concreto, macetas, envases, papel, botas y caños. Eso sí, deben tener algunas perforaciones en la base para que drene el agua, un buen sustrato de tierra y espacio suficiente para que crezca la planta.

Las plantas con raíces superficiales como el perejil o las verduras de hoja no se extienden más allá de los 10 cm. En cambio, los tomates y los repollos tienen raíces más profundas y requieren, al menos, 30 cm de profundidad.

Se puede crear un buen sustrato mezclando tierra con compost hecho en casa. Hacer tu propio compost evita que el 50% de los deshechos terminen en la basura. Otra alternativa es combinar tierra negra, abono orgánico y arena gruesa, pero no es indispensable. Lo más importante es evitar que la tierra se compacte.

En cambio, el sol sí es un factor fundamental para el buen desarrollo de los cultivos. Por eso se recomienda orientar la huerta hacia el sur, en un sitio al reparo del viento y contemplar que en verano los riegos sean más intensos que en otoño e invierno.

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QUÉ SEMBRAR

Lo más fácil de sembrar en general son los tomates, perejil, espinaca y berenjenas, pero en esta época del año se recomienda sembrar en particular: brócoli, coliflor, lechuga, puerro, arveja, acelga, ajo.

Ni siquiera es necesario salir de casa para comprar semillas. Existen muchas opciones de verduras que seguro tenés en la cocina y podés sembrar en tu balcón, patio o galería.

CEBOLLA

Cortá la tapa de la última cebolla que compraste y dejala unos días al aire hasta que se seque un poco. Luego colocala en la maceta, apenas con un poco de tierra y en pocos días brotarán tallos, y en unas semanas se enraizará con fuerza. Necesita riego abundante hasta que se formen los bulbos y luz directa o semisombra.

LECHUGA

Si se tiene los corazones de lechuga, cortando sus bases y colocándolas en cualquier recipiente con poca agua en 2 semanas habrá rebrotado. Después se siembra en una maceta o una lata, cubriendo la cabeza y dejando el brote en la superficie, ¡y listo! Necesita riego constante y tierra húmeda. Puede estar en la sombra hasta que brota y luego semisombra.

PUERRO

Se puede sembrar puerro empezando con uno que no tenga las raíces muy secas. Se recorta dejando unos 3 cm desde la base y la parte con las raíces se coloca en un recipiente con agua que las cubra. En una semana habrán crecido nuevas raíces y está lista para trasplantar. Es clave ir amontonando tierra alrededor del tallo para aumentar su blanqueamiento.

 

Compost en casa

El compost es una técnica simple y económica que evita que el 50% de nuestros deshechos terminen en la basura. El tratamiento de residuos se transformó en un serio problema para las grandes ciudades.

Sin embargo, la mitad de nuestros desechos son de material orgánico que no necesariamente deberían ir a parar al tacho de basura: yerba, restos de frutas y verduras, carozos, cáscaras de huevo, saquitos de té y café son algunos de los elementos orgánicos que desperdiciamos a diario y que se podrían aprovechar.

Por eso el compostaje aparece como una respuesta al problema de la basura que aqueja a las grandes ciudades.

Para contribuir a la reutilización de los recursos orgánicos y a su vez sacar provecho de sus beneficios, todos podemos asumir el desafío de comprometernos con el compostaje y dejar de creer que se trata de un proceso arduo, complicado y poco higiénico.

Una vez que se vuelve costumbre, vas a descubrir la simpleza y los grandes beneficios que se asocian al proceso. El producto resultante, será una especie de tierra oscura y de aspecto y color semejantes a la tierra del bosque que es ideal para usar como abono natural.

Es importante tener en cuenta que no todos los materiales son aptos para hacer compost. Los materiales que SÍ pueden ingresar en la compostera son: restos de fruta y verdura, cáscaras de huevo y frutos secos, saquitos de té o café, yerba, toallitas de papel, papel de diario, hojas y restos de jardín y de poda. Los que no pueden ingresar son: carnes, lácteos o productos no orgánicos.

Compostera

La compostera es el contenedor que retiene la mezcla, la mantiene aireada y húmeda y protege de animales y de la intemperie. Allí dentro se genera un ecosistema en donde insectos y microorganismos se encargan de transformar los desechos orgánicos en tierra. Por esto es importante que esté ubicada en un lugar resguardado del viento y de la lluvia y que no reciba muchas horas de sol directo. Conviene ubicarla en un lugar con sombra para favorecer la humedad, muy necesaria para que los microorganismos hagan su tarea.

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Algunas ideas para usar de compostera son: cajones de fruta, tachos de alambre tejido, macetas de cemento (con drenaje), barriles de plástico, pallets o incluso hacer un pozo en el jardín. Es importante que la cubras con una tapa, lona o bolsa de plástico para protegerla de animales e insectos.

Si la compostera se encuentra sobre material y no está en contacto directo con la tierra, podés levantarla y colocar debajo un recipiente que retenga el líquido rico en nutrientes que también sale de la mezcla; otro fertilizante ideal para tus plantas.

Desechos

Una vez ubicada, ya podés ir desechando los restos orgánicos en la compostera. Para que el proceso se desarrolle bien, es conveniente agregar los restos de jardín con los orgánicos de comida en proporciones similares.

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La mezcla no debe estar ni muy seca ni muy húmeda; agregá agua si la ves muy seca y sumá desechos si la notás demasiado húmeda. El agua es muy importante para mantener vivos a los microorganismos.

Otro dato clave es que incluyas lombrices rojas a la mezcla, ya que estas ayudan a que los microorganismos aceleren varias veces los tiempos de descomposición. Siempre que haya humedad y desechos orgánicos, las lombrices van a reproducirse y generar cada vez mejor tierra.

Aireación 

El oxígeno es también muy importante en el proceso de compostaje. La aireación se consigue removiendo la mezcla una vez por semana. Una vez pasados los primeros siete días, revolvé los desechos depositados anteriormente y repetí esto cada semana. Podés agregar más material orgánico y siempre volver a tapar la compostera.

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Recordá agregar agua si la mezcla está muy seca. Los malos olores que muchos asocian al proceso son, en realidad, consecuencia de bacterias anaeróbicas que viven donde no hay oxígeno. Siempre que la mezcla sea aireada, el compost tendrá olor a tierra húmeda.

 

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Resultado

El proceso de compostaje lleva su tiempo: tarda entre tres y seis meses en madurar por completo. Cuanto más antigua sea tu compostera, más organismos habrán actuando a la vez y menos tardará en completarse el proceso.

Para saber si la tierra está lista, tomá un puñado y mirá su color. El resultado deberá ser una tierra negra, sin restos de lo depositado, húmeda y sin olor. Ahora sí, ya podés empezar a usarla como abono para tu jardín o macetas.