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El cuidado y la atención de las personas mayores

Más allá del impacto en la salud de la población de todo el mundo, la pandemia coloca a las personas adultas mayores en una situación de mayor riesgo de pobreza, discriminación y aislamiento. Así lo advirtió la Organización de Naciones Unidas en un documento en el que pide una mayor protección a las personas mayores en la actual emergencia, dado que tienen un mayor riesgo de mortalidad y de desarrollar una enfermedad grave después de la infección.

La ONU señala que si bien las personas de cualquier edad corren el riesgo de contraer Covid-19, las estadísticas indican que los mayores de 80 años mueren a un ritmo cinco veces mayor que el promedio. También están expuestas a sufrir discriminación por edad en las decisiones sobre atención médica, triaje y terapias que salvan vidas. Según el organismo internacional, las desigualdades globales significan que, ya antes de la aparición de este nuevo coronavirus, hasta la mitad de las personas mayores en algunos países en desarrollo no tenían acceso a los servicios de salud esenciales. Con la irrupción del Covid-19 se conformó un escenario en el que el virus no solo amenaza la vida y la seguridad de las personas mayores, sino que también amenaza sus redes sociales, su acceso a los servicios de salud, sus trabajos y sus pensiones.

“Ninguna persona, joven o vieja, es prescindible”, dijo el secretario general de la ONU, António Guterres, en un mensaje a la comunidad internacional, tras señalar que los servicios de atención a largo plazo para las personas mayores deben reconocer y enfrentar los desafíos particulares a los que se ven expuestos, incluida su capacidad para acceder a tratamiento y atención médica. “Las personas de edad tienen los mismos derechos a la vida y a la salud que todos las demás”, subrayó el titular de la ONU y recordó que al adoptar decisiones difíciles respecto a la atención médica para salvar vidas en el actual contexto de crisis sanitaria, se deben respetar los derechos humanos y la dignidad de todos.

Distintos estudios poblacionales proyectan que en sólo una década el número de personas de 60 años o más aumentará en un 38 por ciento en el mundo, es decir se pasará de mil millones a 1,4 mil millones, superando en número a la juventud a escala global. Los expertos advierten que este crecimiento será especialmente mayor y más rápido en las regiones en vías de desarrollo, y por eso es necesario que se preste mayor atención a los desafíos que presentará la atención y el cuidado de las personas mayores.

Según la ONU, el envejecimiento de la población está a punto de convertirse en una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI, con consecuencias para casi todos los sectores de la sociedad, entre ellos, el mercado laboral y financiero y la demanda de bienes y servicios de viviendas, transportes y protección social, entre otros, así como para la estructura familiar y los lazos intergeneracionales. En otras palabras, el mundo ha iniciado un lento pero sostenido proceso de envejecimiento que plantea fuertes desafíos para las políticas públicas.

La Organización de Naciones Unidas también ha señalado esta semana en la que se conmemoró el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, que el maltrato de las personas mayores es un problema social que está presente en los países en desarrollo y desarrollados y, por lo general, no es visibilizado por las comunidades. Aunque se desconoce la magnitud de este serio problema, su importancia social y moral es indiscutible. Por eso, el organismo internacional señala que las formas de definir, detectar y resolver el maltrato que sufre este sector de la población deben enmarcarse en el contexto cultural y considerarse junto con los factores de riesgo que tienen una especificidad cultural. Desde una perspectiva sanitaria y social -advierte la ONU- si los sectores de atención primaria de salud y los servicios sociales no están bien preparados para detectar y resolver el problema, el maltrato de los adultos mayores seguirá siendo invisible a los ojos de la sociedad.

Se debe apoyar a las personas de mayor edad y sus cuidadores y, a la vez, avanzar en la agenda de género, ya que en la actualidad ocho de cada diez personas que cumplen tareas de cuidado son mujeres, lo que confirma que la cuestión del envejecimiento poblacional debe ser abordado también desde una perspectiva de género.

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