Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

No perder la calma

La ciencia siempre tuvo buena prensa en relación con la vida de las personas, en el sentido de que sus aseveraciones parecieron incontrastables con cualquier otra opinión que surgiera desde el mundo espiritual. Ahora, la realidad que asecha a la humanidad por causa del coronavirus pone en evidencia que la ciencia navega en las tinieblas y no sabe para dónde ir.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) está totalmente perdida y desde que comenzó la pandemia no supo con certeza qué medidas tomar; y las que tomó, no solo no resultaron, sino que ocasionaron miles de muertes en todo el mundo.

La OMS dejó de ser la organización en la cual todos confiaban, ahora cada cual hace lo que mejor le parece y en base a la estrategia de la prueba y el error, las autoridades sanitarias de los países intentan encontrar la mejor salida posible de la pandemia.

La ciencia no es infalible

Pero no deberíamos ir a los extremos. No es que la ciencia no sirva. Decimos que es útil, pero también es totalmente falible; y por lo tanto, no posee las cualidades ni las facultades necesarias como para desechar lo que ocurre en el mundo de lo espiritual.

La ciencia le ha ayudado mucho al hombre y seguramente lo seguirá haciendo, pero no puede arbitrar en el mundo de lo invisible. El ser humano transita por medio de dos realidades.

Es como la vía del ferrocarril. La vía está formada por dos rieles paralelos que se extienden por kilómetros con el fin de llevar al tren a su destino. Pero el tren necesita transitar por dos rieles, no puede circular por uno solo. Los dos rieles forman una vía. Del mismo modo, salvando las diferencias, el ser humano transita sobre dos rieles. Un riel es el que todos conocemos porque es visible: nacemos, crecemos y luego morimos.

El otro riel es el invisible y pertenece al mundo espiritual. Algunos desarrollan el conocimiento del mundo espiritual, pero la mayoría no lo hace.

El que no lo hace se pierde el riel más importante, porque es el que influye positivamente o negativamente en el otro riel. Está demostrado, incluso por la ciencia médica, que los que creen en el mundo invisible y esperan algo de él, reciben beneficios que el resto no recibe.

Conozcamos el poder protector de Dios

El cristianismo genuino, es decir el que se guía por el texto bíblico, es el riel que le falta transitar a los incrédulos.  En ese riel, Dios, que es invisible pero infalible, ofrece un sin número de promesas de protección a cualquiera que pueda creer y seguir sus consejos. A cambio, solo pide obediencia y desaconseja la incredulidad. En sus promesas, se destaca el Salmo 91. En el texto bíblico se agrupan 150 salmos, una colección de poemas que se cantaban y se cantan en los templos judeocristianos. Cada uno tiene su particularidad, pero todos fueron inspirados por el Espíritu Santo de Dios.

El salmo 91 es un himno a la protección de Dios sobre los que creen y le siguen, su texto dice: “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Dios: esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré, y él te librará del lazo del cazador; de la peste destruidora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y escudo de cuero es su verdad. No tendrás temor de espanto nocturno, ni de flecha que vuele de día; ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra: mas a ti no llegará, ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los incrédulos. Porque tú has puesto a Dios, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada, pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te protejan en todos tus caminos; en las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y la víbora venenosa pisarás; aplastarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré: lo pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre, me invocará, y yo le responderé: con él estaré yo en la angustia: lo libraré, y le glorificaré, lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación”.

Confiar en lo que Dios puede hacer a favor de los que creen

Este Salmo está lleno de promesas de bendiciones y de protección para aquel que confía en Dios, de manera tal que si creemos no necesitamos temer al terror de la noche, ni a la enfermedad, ni al peligro, ni a la pestilencia; porque no sucederá ningún mal, ni ninguna calamidad llegará a nuestro hogar. Esto no quiere decir que nunca habrá dificultades o problemas. Significa que cuando alguien confía en Dios, aun las aflicciones podrán ser llevadas de otro modo, porque todas las cosas ayudan para el bien de los que aman al Creador.

Dios responde, Dios cuida, Dios bendice a quienes hacen de él su escudo. Él hasta envía a sus ángeles para que nos sirvan, solo nos pide obediencia a su Palabra. Pero debemos ser cautos, porque existe la idea, entre quienes están mal informados, que al recitar este Salmo o tener una Biblia abierta en esta página, habrá algún poder místico que cambiará nuestra vida. No es así. Es una falsa enseñanza.

Lo que sí cambiará nuestra vida para siempre será que habitemos al abrigo de Dios. Debemos hacer nuestra morada en Dios. Creamos en Jesús y sigamos sus enseñanzas y así podremos habitar al abrigo del Altísimo y no tendremos temor al terror de la noche, ni a la enfermedad, ni al peligro, ni a la pestilencia; porque no sucederá ningún mal, ni ninguna calamidad llegará a nuestro hogar.

Te puede interesar