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El comportamiento social es clave para la salud pública

Mientras se mantienen las medidas para prevenir nuevos contagios de Covid-19, es necesario que se comprenda que la epidemia es un problema de salud pública que está estrechamente relacionado con el comportamiento social. De ahí la importancia de reforzar los nuevos hábitos de cuidado, como la correcta higiene de las manos, que no deberán abandonarse aun cuando se logre superar la emergencia sanitaria.

Si bien en distintos puntos del país se pasó a la modalidad de distanciamiento social obligatorio, en el Gran Resistencia y otros conglomerados urbanos continúan las medidas más estrictas para prevenir nuevos contagios de coronavirus; tanto en una situación como en otra se impone la necesidad de generar conciencia sobre la importancia de cambiar una serie de comportamientos para evitar, en esta larga batalla, la propagación de este nuevo coronavirus y, por supuesto, de otras enfermedades. Es que así como el acceso al agua potable y al saneamiento adecuado son los recursos más importantes de la salud pública para prevenir las enfermedades infecciosas y proteger la salud de las personas, además de ser claves para el desarrollo de una comunidad, es necesario que en esta nueva etapa se refuercen hábitos como el lavado de manos varias veces al día y evitar tocarse la cara.

La epidemia del coronavirus dejará una fuerte impronta en las personas y en la sociedad, que ahora marchan entre el temor al virus y la esperanza del hallazgo de una vacuna que inmunice a la población. Mientras tanto, es necesario prepararse para las próximas etapas que seguirán a la salida gradual del confinamiento y que exigirán que se tomen ciertas precauciones. A medida que las restricciones a la circulación vayan disminuyendo, habrá más gente en los espacios públicos y por eso la responsabilidad de cada uno será crucial para no tener que volver atrás y postergar la apertura de actividades comerciales, laborales, educativas, sociales y de entretenimiento.

El Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo, por ejemplo, dio a conocer una serie de recomendaciones para aquellos países en los que se empieza a reducir las restricciones a la movilidad, alertando que existe el riesgo de que se vean nuevos picos de infecciones por Covid-19. El informe observa que en el nuevo escenario los ciudadanos “tendrán la difícil tarea de superar profundos sesgos de comportamiento y barreras que guían sus decisiones, las cuales, lamentablemente, se acentúan en condiciones de estrés, cansancio e incertidumbre”; y en ese marco aconseja promover el uso en forma más intensiva de productos de limpieza en lugares comunes o públicos; cumplir los límites de capacidad en fábricas, estadios, restaurantes y transporte público, entre otros; promover el trabajo en forma remota, por turnos o con horarios desfasados; adoptar nuevas tecnologías para facilitar la identificación de casos de Covid-19; compartir información privada (síntomas, contactos) relevante para que las autoridades puedan informar sus decisiones de política.

Desde la Fundación Ineco, una institución con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que se dedica a promover la investigación científica en neurociencias, se señala que contener la propagación del virus implicará el cambio de conductas. “A las personas habitualmente nos cuesta cambiar conductas, estamos en un escenario muy especial donde se desarman nuestras conductas habituales y tenemos que rápidamente poner conductas nuevas para frenar el virus”, sostiene el director de esa institución, Fernando Torrente.

En todos los ámbitos, comenzando por los hogares y la escuela, habrá que enseñar a modificar hábitos. Pero está comprobado que el cambio de conductas muy arraigadas no se logra de un día para otro. Por eso expertos en salud proponen abordar el problema con propuestas innovadoras que podrían mejorar la efectividad de las intervenciones destinadas a prevenir y tratar enfermedades. En ese sentido, estudios científicos sobre el comportamiento humano confirman que las personas no actúan siempre guiadas por criterios racionales. En otras palabras, los miedos, prejuicios y deseos influyen en las valoraciones cotidianas y en la toma de decisiones. Como ejemplo, citan el caso de las personas que no abandonan el hábito de fumar a pesar de los consejos médicos y a toda la información que conoce sobre los efectos dañinos del tabaco sobre la salud. Todo indica que hay algo más que impide adoptar mejores conductas y por eso, en la nueva etapa que se iniciará cuando se atenúe la peligrosidad del virus, será necesario contar con nuevas estrategias para promover hábitos más saludables en la ciudadanía.

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