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Fenómenos extremos por el cambio climático

La Tierra experimentó el mes de mayo más caliente de las últimas cuatro décadas, según los registros que lleva el programa de cambio climático Copernicus de la comisión europea. Los monitoreos que realiza esta agencia de la Unión Europea mostraron que en los últimos años se observaron temperaturas muy superiores a las normales, especialmente en la zona del Ártico.

Los análisis que realizan los expertos en clima de Copernicus, que se basan en grandes cantidades de datos que aportan satélites y sistemas de medición terrestres, aéreos y marítimos, confirmaron que la temperatura de mayo de 2020 en algunas zonas del planeta superó a los registros de 2016 y 2017. En la región de Siberia, por ejemplo, las temperaturas alcanzaron en ese mes marcas de casi 10 grados por encima de lo que es considerado normal para esa vasta región geográfica que se encuentra en la parte asiática oriental de la Federación Rusa.

Por otra parte, un equipo internacional de científicos alertó a principios de año sobre la pérdida de hielo que se observa en Groenlandia. Según los especialistas, esta enorme isla perdió 3,8 billones de toneladas de hielo entre 1992 y 2018, lo que podría hacer subir el nivel del mar en 10,6 milímetros. Otro dato que preocupa a los expertos es que la primavera boreal también fue especialmente suave en gran parte de la región ártica, especialmente en el oeste de Alaska, pero también en la Antártida. Los cambios que se observan tienen una relación directa con el calentamiento global que experimenta el planeta, provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades humanas. En ese sentido, los registros revelan que la Tierra sufre un aumento de más de un 1° C desde la era preindustrial, lo que generó fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor, sequías o inundaciones en distintos países.

Los fenómenos extremos que provoca el cambio climático parecen haber pasado a un segundo plano debido a la atención que se presta en estos días a la pandemia de Covid-19. Un informe elaborado por los economistas del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo, Bridget Hoffmann y Eduardo Cavallo, sostiene que si bien un aspecto positivo que se ha observado a causa de la pandemia es que las emisiones de dióxido de carbono han disminuido drásticamente durante el confinamiento obligatorio; esto no es necesariamente una buena noticia para el cambio climático, ya que es probable que las emisiones vuelvan a los niveles pre-pandemia una vez que se levanten las cuarentenas porque no ha habido un cambio estructural en las políticas relacionadas con el cambio climático que hagan prever que las reducciones vayan a ser permanentes.

El análisis de los economistas del BID advierte que el cambio climático seguirá siendo una de las mayores amenazas para la prosperidad a largo plazo; y que en los próximos 50 a 100 años se prevé que el clima en el mundo cambiará radicalmente. “Se estima que las temperaturas en América Latina y el Caribe aumentarán entre 1° y 4°C hacia el final del siglo, y que los huracanes serán más frecuentes e intensos a medida que las aguas se calienten y aumente el nivel de los mares. Los cambios en el clima que por su naturaleza avanzan más lentamente, como el aumento de las temperaturas, y los shocks climáticos, como los desastres naturales, tienen efectos económicos que probablemente reducirán el crecimiento económico y empeorarán la desigualdad”, señala el documento del BID.

El trabajo advierte, además, que los efectos negativos en la actividad económica tienen un impacto directo en la pobreza: los pobres son más vulnerables y están menos preparados para hacer frente a las consecuencias de los desastres naturales y, por lo tanto, sufren más que las personas que tienen mayores recursos.

También Naciones Unidas alertó que el cambio climático provoca cada vez más muertes, enfermedades y hambre en el planeta, tras recordar que el año pasado se alcanzó un nivel récord en el nivel del mar y en olas de calor con consecuencias trágicas para la biodiversidad. Se trata de un serio problema que no debe ser negado ni minimizado, y que obliga a poner en marcha un nuevo ciclo con una economía que respete la naturaleza. 

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