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Fiesta de Pentecostés

Es indudable que las dos tablas de piedra con los 10 mandamientos entregadas por Dios en el Monte Sinaí a Moisés se enmarcan dentro del acontecimiento más grande en la historia del pueblo hebreo.

Esto ocurrió aproximadamente 1500 años antes de Cristo. Así también, la llegada desde el cielo del Espíritu Santo a la tierra, en el día de Pentecostés, fuera de la muerte y resurrección de Jesús, fue uno de los acontecimientos más destacados en la historia del cristianismo.

NACE LA IGLESIA

Recordemos que la Iglesia nace precisamente el día de Pentecostés, cincuenta días después de la resurrección de Jesús. También debemos señalar que algunos teólogos indican que la Iglesia ya estaba formada por los 120 discípulos que orando esperaban la llegada del Espíritu Santo en un espacio conocido en el texto bíblico como el “Aposento Alto”, lugar de oración de los primeros cristianos. Aún así, creemos que sin el Espíritu Santo no existe la iglesia.

Todos sabemos, lo afirma el texto bíblico, que la iglesia es una continuación de lo que Dios hizo primero con su pueblo Israel. Por eso asociamos en el pensamiento inicial a Moisés y Pentecostés. Cuando hablamos de iglesia, nos referimos al conjunto de personas que eligieron creer en Jesús y seguirle, no importa la nacionalidad que tuvieran.

Porque debemos recordar que antes de ello, solamente el pueblo hebreo tenía acceso a Dios, pero a partir del nacimiento de la iglesia, los gentiles, es decir, todos aquellos que no fueran hebreos, por medio del sacrificio de Cristo en la cruz, también tuvieron las puertas abiertas para pasar a engrosar las filas del pueblo de Dios. Así fue formada la iglesia primitiva, con hebreos y gentiles.

FIESTAS HEBREAS ANUALES

Los hebreos tenían tres fiestas anuales muy importantes a las que debían concurrir todos los varones, aun los que no vivían en Jerusalén. La primera en el calendario era Pascua; la segunda, la Fiesta de las Semanas y la tercera, la fiesta de los Tabernáculos. La Fiesta de la Semana luego tomó el nombre de Pentecostés porque se la celebraba 50 días después del evento conocido en la Ley Mosaica como el mecido de gavilla.

El mecido de gavilla fue establecido como una ofrenda a Dios y estaba ordenada para el pueblo hebreo; consistía en armar la gavilla cortando un atado de sarmientos, mieses (plantas de cereal madura), ramas y hierbas, todo en un tamaño mayor que el manojo y menor que el haz. Una vez realizada la gavilla se la mecía; es decir, se la movía acompasadamente con meneo vaivén de abajo hacia arriba. En eso consistía la ofrenda implementada por Dios. Pentecostés, para el pueblo hebreo, era sinónimo de la “Fiesta de las Semanas”.

¿Por qué se llamaba Fiesta de las Semanas?

Porque la debían celebrar después de siete semanas o cincuenta días a partir de la Pascua. El motivo de la mencionada fiesta era doble: daban gracias a Dios por la cosecha, y conmemoraban la promulgación de la ley de Moisés (los 10 mandamientos), acontecimiento que tuvo lugar a los 50 días de celebrada la primera pascua ocurrida posterior a la salida de Egipto. Como decíamos antes, la Fiesta de las Semanas tomó posteriormente el nombre de Pentecostés, porque para celebrarla tenían que pasar 7 semanas a partir del día 14 del mes de Abid o Nisan, que era el primer mes del año de los hebreos, fecha en que se festejaba la Pascua. Esa cuenta alcanzaba a 49 días y el primer día de la semana siguiente era domingo, el día número 50, cuando se festejaba Pentecostés.

LA LLEGADA DEL ESPÍRITU SANTO

Ya resucitado y antes de partir al cielo, Jesús les había prometido a sus discípulos: “recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Ya con la ausencia física de Jesús, cuando llegó el día de Pentecostés, estaban juntos 120 discípulos esperando la promesa, reunidos en un lugar que utilizaban para la oración, conocido como Aposento Alto, un sitio que las casas hebreas tenían en la parte superior, una habitación, generalmente construida en el techo y considerada también como digna de ser ocupada por los huéspedes respetados o distinguidos.

En esa espera, de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados los discípulos; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu les daba que hablasen. Desde ese día el Espíritu Santo, llamado por Jesús como “el consolador”, permanecerá en la tierra hasta el día en que la iglesia de Cristo sea arrebatada al cielo. Su lugar de permanencia en la tierra es el corazón de los creyentes; y es quien, en el terreno de la práctica, debería gobernar nuestra conducta cristiana.

NO HAY MANDATO BÍBLICO PARA LA IGLESIA DE CELEBRAR PENTECOSTÉS

A diferencia de lo que ocurría con el pueblo hebreo respecto de la obligación de conmemorar la Fiesta de las Semanas o Pentecostés, en el cristianismo no existe ninguna indicación bíblica de hacerlo. Solo es importante recordar que los cristianos no pueden funcionar como tales sin la capacitación y fortaleza que emanan del Espíritu Santo.

Precisamente, todas las desviaciones que ha sufrido la iglesia desde su nacimiento en Pentecostés, tienen que ver con que la mayoría de sus líderes se han despojado de la guía del Espíritu Santo y en su reemplazo han llevado adelante doctrinas de hombres que han pervertido al verdadero cristianismo.

Los líderes cristianos genuinos deberían tener como prioridad regresar a la sana costumbre de ser guiados por el Espíritu de Dios, porque de lo contrario, los resultados de su trabajo en la tierra no son los que Dios hubiera esperado. Mientras la iglesia no ponga en primer lugar a las Sagradas Escrituras, se seguirá guiando por mandamientos de hombres que la pervierten.

El Espíritu Santo se manifiesta en los líderes por medio de las Escrituras. Si los líderes no ponen en primer lugar el estudio bíblico, no habrá forma que el Espíritu les guíe. Como decíamos antes, no existe ningún mandamiento bíblico para que la iglesia festeje o conmemore Pentecostés; pero ya que se lo celebra, sería oportuno darle al Espíritu Santo el lugar que le corresponde y no tiene dentro de la iglesia.

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