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Superó una neumonía, el Covid-19 y reabrió un comedor para el barrio

Una mujer celebra su alta y el de muchas otras personas del gran toba también. En su casa funcionaba un merende­ro comunitario que cerró por casi un mes.

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Leticia celebra haber superado la enfermedad como lo hicieron otras personas más en su barrio

La historia de Leticia Cáceres cobró trascendencia porque a mediados de mayo fue una de las pocas personas del Gran Toba que contó cómo convivía con la enfermedad y el aislamiento. Además es una conocida trabajadora del barrio Chilliyí 100 Viviendas por su compromiso social con las familias que necesitan alimento.

Hace años que desde su vivienda, próxima a una canchita de fútbol, ofrece una infusión con pan a los niños. Después de tres semanas de estrictos cuidados esta semana recibió la confirmación del alta: “Es una noticia que esperábamos con toda la familia cumpliendo el aislamiento”, describe y en la voz se nota una sonrisa. “Cuando la recibí me la pasé llorando todo el día, y agradeciendo a Dios”.

LOS CAMBIOS Como tantas personas en estos tiempos, Leticia aprendió a describir lo que pasa como en un parte médico: “El cuerpo reaccionó bien y no hizo falta medicación, solo cuidado y beber mucha agua, comida sana. Todo depende de cada cuerpo durante los 14 días”.

“La respiración, todo fue funcionando bien para mí después de una neumonía y teniendo una patología de base como la diabetes”. En una entrevista anterior había narrado que personal médico se la detectó en los controles domiciliarios de rutina.

A partir de saberlo comenzó a cambiar la alimentación y a beber más agua, y producto de esos cambios redujo algo del sobrepeso, otro factor de riesgo que también es aconsejable poner a raya. Con su marido tienen cuatro chicos, una con discapacidad, y todos están bien gracias a que la casa es grande y permite que cada quien cumpla el distanciamiento y medidas de cuidado necesarios.

UN PEDIDO

Leticia cuenta que la vida en el barrio sigue igual, ‘como si nada’. Aunque algunas personas cumplen el aislamiento hay otras que no lo hacen. “Si lo ves de afuera todo parece normal; hay gente que circula por la calle. Alguna con precaución, otra sin precaución, es como que todavía no caen”, dice.

Aunque también se comparte una enorme alegría porque cada vez son más los hermanos, muchos de ellos más jóvenes, que están prácticamente de alta ya.

“Es una buena noticia dentro de la comunidad. Y es importante también que se tome conciencia, que se haga caso a las recomendaciones”. No solo en la comunidad donde ella vive sino especialmente en el Gran Resistencia y dirigiéndose a los jóvenes plantea que falta prestar atención a sus mayores y a los gobernantes cuando les piden que se queden en la casa, que es muchísimo mejor.

“Más allá de que necesitamos algunas cosas básicas como el alimento, hay que aprovechar para solucionar eso cuando se tiene una o dos horas para salir”, propone.

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Ayer volvieron a cocinar un guiso de arroz con pollo para unas 100 personas sin posibilidades de preparar un plato caliente.

En la insistencia de reforzar el distanciamiento social insiste en que lo mejor es estar en la casa porque “no sabemos cómo reaccionar con todo lo que está pasando con esta pandemia en el mundo; al coronavirus los médicos todavía no le encontraron una vacuna ni un medicamento”, agrega.

Mientras en el centro de salud del barrio Toba el trabajo del personal sanitario se aboca casi en exclusividad a los nuevos contagios, Leticia reconoce que haber superado la enfermedad redobla el compromiso con el autocuidado. “Me tengo que cuidar mucho del frío y de los cambios de tiempo. Todavía tengo dolores de espalda, sobre todo si me da el viento”, aclara

“Vemos necesidad en nuestra comunidad”

El comedor que funciona en la casa de la familia Cáceres dejó de funcionar casi un mes. “Lo paramos unos 25 días pensando en la salud de los niños, adolescentes y sus mamás que vienen a retirar. Pero por la necesidad que estamos viendo en nuestra comunidad y para que no falte algo a la tarde esta semana las chicas que trabajan conmigo volvieron a arrancar con el merendero tres veces por semana. Y hoy (por ayer) se está volviendo con el comedor”, resume.

Al mediodía dos mujeres estaban preparando los ingredientes para unas cien porciones de guiso. Es la cantidad que suele acudir y que en picos de demanda llegó a unas 140 personas, la mayoría mujeres con niños.

“Les habíamos dicho que vengan a retirar las viandas los padres o las madres nomás, pero en la situación que estamos ahora siempre que se ve que hay una olla popular todos se acercan”, explica.


A los alimentos los provee la organización MTE, que conduce Romina Palacios, por lo que destaca el trabajo voluntario de sus integrantes, tomando siempre medidas de cuidado. Y pide al Estado provincial ayudar a los comedores y merenderos que hace años vienen haciendo un gran esfuerzo sin que “haga falta abrir nuevos”, plantea.

Agradecida por donaciones y preguntas

Entre las buenas noticias de estos días estuvieron las cuatro cajas de alfajores que les regalaron ayer. “Las donó un vecino del barrio Toba; va ser el postre para los chicos hoy”, cuenta Leticia. Otro aporte fue el pollo de una colecta solidaria en Resistencia y que llegó a través de la organización MTE. La tercera se relaciona con el contacto con este medio: “Me pone feliz que nos pregunten cómo estamos y cómo nos sentimos”. 

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