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Doctora Laura Bover

“Volar para crecer no significa olvidar”

Laura Bover, doctora en Química Biológica de la Universidad de Buenos Aires, especializada en Inmunoterapia del cáncer y otras patologías.

Por Pablo Silvestri Raffin

Profesora, directora del Laboratorio de Anticuerpos Monoclonales del Centro Oncológico MD Anderson y Miembro de la Escuela de Graduados de Ciencias Biomédicas (GSBS) de la Universidad de Texas en Houston, Miembro del Comité de Revisión de Protocolos Clínicos, Miembro del Comité Directivo del Programa de Inmunología GSBS, Departamento de Inmunología / Departamento de Medicina Genómica. Creadora del Grupo de Investigadores CPC-19 (https://www.groupcpc-19.com).

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Laboratorio de Anticuerpos Monoclonales del MD Anderson Cancer Center

Conocí a la doctora Bover vía Facebook y en la primera comunicación escrita ya me dio su teléfono para poder estar en contacto. Trabajamos en esta entrevista casi un mes. En este tiempo conocí no solo a una destacada profesional sino también a una persona carismática, noble, que abre su corazón. Laura tiene muchos logros, pero el mayor es ser una buena persona, una gran mujer.

 

-Uno muchas veces mira a quienes ganaron un Premio Nobel, como personas inalcanzables. En tu caso ¿cómo fue la experiencia con César Milstein, como mentor?

-Tuve el honor de interactuar con cuatro Premios Nobel: el Doctor Leloir, director de la Fundación Instituto Leloir donde trabajé entre 1983 y 2002, el Doctor César Milstein, el Doctor Ralph Steinman y el Doctor James Allison. El denominador común en ellos es la pasión por la ciencia, la humildad, el amor por transmitir sus conocimientos y la interacción con gente ávida de aprender.

A poco de obtener el Premio Nobel, el Doctor Milstein nos visitó e instruyó, permitiéndonos ser pioneros en Argentina en desarrollar anticuerpos monoclonales.Todo lo aprendido permitió que hoy sea Directora del Laboratorio de Anticuerpos Monoclonales de mi Hospital, MD Anderson. El Doctor Jim Allison, Premio Nobel 2018, dirige el Departamento de Inmunología donde está mi laboratorio. Él descubrió un freno en el sistema inmune que impide que nuestras defensas actúen inhibiendo la progresión de un tumor y desarrolló un anticuerpo monoclonal para levantar el pie del freno aumentando la sobrevida en pacientes con melanoma. Llamativamente, sin Milstein, Allison hubiera descubierto ese freno, pero no sería un anticuerpo monoclonal el que curara a sus pacientes.

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Plasma de convalecientes.

-En el año 2002 decidiste partir a Texas. ¿Cómo transcurre tu vida teniendo a gran parte de la familia en Argentina?

-En el 2001 ávida por aprender e impulsada por mi pareja que notaba mis desvelos, escribí a dos laboratorios, uno mi actual Hospital. Ambos me ofrecieron contrato laboral. En la Universidad de California dirigiría un laboratorio de investigación. Pero el Anderson era mi sueño hecho realidad y aunque la posición ofrecida era una beca post-doctoral, acepté el desafío de empezar de nuevo.

La decisión fue dura, mis hijas estudiaban Bioquímica y Farmacia y ambas me impulsaron. El plan era unirse a nosotros al recibirse. Pero la vida las retuvo en Buenos Aires y el sueño nunca se concretó. Mi marido viajó 6 meses después. Tiempo durísimo. Departamento alquilado, todo prestado (colchón, mesa, olla, plato, cubiertos). Computadora, única adquisición, sobre un cajón. Era mi nexo con mis amores. Comencé a escribir una novela contando mis desventuras en el aprendizaje de vivir en una sociedad tan distinta que me acogió amorosamente. Con capítulos cómicos y otros que escribía llorando. Mis compañeros de trabajo fueron cruciales, 11 nacionalidades, lejos de nuestra gente, creamos lazos casi familiares.

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Junto al Premio Nobel 2018, doctor James Allison.

Mis nietos (20, casi 4, 2 y medio, uno en camino) y mis hijas, son la parte más dura de la distancia. Contacto diario con ellas y un perro tejido idéntico al que les regalé a los chiquitos, que canta y baila por skype, son los nexos. Viajo dos veces por año invitada para exponer en congresos médicos. Contacto frecuente con mis amigos hace imaginar que el tiempo no ha transcurrido.

 

-En marzo de este año, cuando el Covid-19 comenzó a hacer estragos y creíamos que el virus nunca llegaría a estas latitudes tuvimos que cambiar de óptica, vos tuviste una visión de tratamiento.

-Utilizar plasma rico en anticuerpos es una forma de inmunización pasiva: un paciente recibe como tratamiento anticuerpos que no fueron producidos por su sistema inmune sino originados por otro ser vivo. El concepto no es nuevo: a fines del siglo XIX, el Doctor von Behring aplicó suero de animales infectados con toxina diftérica a niños enfermos con difteria. Otras pandemias y enfermedades infecciosas utilizaron esta terapia con resultados diversos, algunos impactantes. En Argentina, el Doctor Julio Maiztegui en los 70’s utilizó en enfermos de fiebre hemorrágica plasma de pacientes recuperados, disminuyendo la mortalidad significativamente. En enero entré en alerta rojo; obsesionada pensaba en el uso del plasma. Me angustiaba pensar que Argentina pasara por lo mismo que España e Italia. El 28 de marzo el Hospital Methodist de Houston inició el tratamiento con plasma, el primero en EEUU.

 

-Creaste un grupo de whatsapp en el que hay profesionales de varias partes del mundo: el CPC-19.

-Sí, el 29 de marzo creé el grupo CPC-19 (https://www.groupcpc-19.com), donde incluí a treinta amigos, científicos, médicos, de otras profesiones. Todos argentinos, tres uruguayos, actualmente somos 90, la mayoría vive en Argentina y 9 en EEUU. Un médico residente de 28 años, Estanislao, me dijo por privado: “No debo estar en el mural, no aporto mucho”. ¡Pero él es el futuro! Y le dije: “Considerate nuestro becario y observá. Si alguna vez algo así vuelve a ocurrir, vos sabrás”. Entre los mayores, un distinguido colega, el DoctorEnrique Copolillo de 78 años, especialista en patología y ginecología, gran observador objetivo de la realidad. Miembros de la Cámara Argentina-Texana de Comercio, organización sin fines de lucro que crea lazos entre empresas de acá y allá, donaron el dominio web.

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Houston Medical Center.

-¿Cuál es la relación de trabajo con el eminente inmunólogo cubano Arturo Casadevall, de la Universidad Johns Hopkins?

-El Doctor Casadevall hizo públicos los protocolos clínicos para el uso del plasma en pacientes con diferentes manifestaciones de la enfermedad. Elegimos el protocolo para pacientes severos, porque representaba un gran desafío y armonizaba con nuestros objetivos: ayudar a aquel para quien no existen más recursos terapéuticos. Arturo ha estado disponible manteniéndonos actualizados en sus descubrimientos. Debido a su colaboración desinteresada, aceptó gustosamente ser Miembro Honorario de nuestro grupo.

 

-¿En qué consiste especí-ficamente el tratamiento en el que se utiliza plasma de pacientes recuperados de Covid-19? ¿Cuáles son los resultados obtenidos hasta el momento?

-Ante un proceso infeccioso, ciertos glóbulos blancos del sistema inmune alertan sobre la presencia del intruso (el virus). Las células B plasmáticas producen anticuerpos específicos contra el virus, la artillería con la que atacan en etapas iniciales del proceso. El paciente recuperado tiene en su sangre gran cantidad de anticuerpos contra el virus sin usar y puede donar. El proceso se asemeja a una donación de sangre y se denomina plasmaféresis: la parte líquida dorada de la sangre (plasma de convaleciente) se separa de las células (glóbulos rojos, blancos) que en solución fisiológica, vuelven al donante.

El plasma así separado, se transfundirá como proponemos, a un paciente grave, para quien ya no hay disponible otra terapia. Consideramos para ellos una opción que puede salvar su vida. Por eso se denomina de uso compasivo/de excepción y acceso extendido cuando se extiende a varias instituciones.

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Parte del Grupo de Investigadores CPC-19.

Muchos protocolos de uso compasivo/acceso extendido se están desarrollando en el mundo, el más importante evaluó 5.000 pacientes graves de todo EEUU, demostrando que la administración de plasma es segura (sólo 4 pacientes fallecieron presumiblemente por la transfusión). El número de pacientes tratados asciende a 16.000, pronto se conocerá la eficacia del tratamiento. Otros protocolos con menos pacientes demostraron que el plasma curó enfermos graves. Resultados muy alentadores sumados a que el plasma es una alternativa natural, económica, y experimental como cualquier droga en uso en esta pandemia.

 

-¿Podemos pensar en un mundo libre de coronavirus en un futuro cercano?

-Este como otros nuevos patógenos, aparecen para quedarse y el sistema inmune per se o la utilización de una vacuna, ayudarán a controlarlo. Las vacunas desafían al organismo con una versión atenuada del virus (un identikit) de tal forma que nuestro sistema de defensas esté preparado cuando llegue la infección real.

 

-¿Creés posible volver a residir en Argentina?

-Amo mi profesión porque me permite descubrir siempre algo nuevo y ayudar a los pacientes. Cuando a los 15 años alguien me preguntó qué quería ser al crecer dije médica investigadora, sin saber que esa carrera existía. Y aquí estoy. Pero no voy a envejecer lejos de mis hijas y mis nietos. Ser abuela es mi gran vocación.

 

-Siempre hay un momento para dar las gracias. ¿Vos a quién se las das?

-A mi marido Julio Pollarolo, impulsándome a lograr lo que no siempre creo poder alcanzar. A mis hijas, Gabriela y Natalia Baldoni, mis amores, mi orgullo, mujeres profesionales que llevan adelante sus vidas con fuerza y empuje admirables. A mis divinos nietos, Eliana, Sebas y Sofi por el amor sin límites ni distancias. Al chiquitín que aún está en el nido, esperanza en épocas de temor. A mis yernos que me quieren y a quienes quiero mucho. Miles de amigas hermanas porque no tuve una de verdad. Familia y más amigos de aquí y allá, repartidos por el mundo, de mil lenguas y razas, de quienes aprendés a respetar, a tolerar, a dar y a ayudar. Profesionalmente, al mejor jefe que tuve, Doctor Liu, quien fue mi real mentor reconociendo mi labor y abriéndome los ojos para hacerme notar mi fuerza interior. A mi terruño que me permitió encontrar mi vocación. A Dios, por estar siempre detrás.