Renovado llamado a cuidar la Casa Común
Se cumplió en mayo el quinto aniversario de la publicación de la Encíclica “Laudato Sí: sobre el cuidado de la casa común” del Papa Francisco. Se trata de un documento que está dirigida no solo a los fieles católicos sino a todas aquellas personas de todos los países que acepten el desafío de frenar el peligroso proceso de degradación del planeta.
Laudato Sí es un término en latín que traducido al castellano quiere decir “Alabado seas”. Proviene de un cántico de San Francisco de Asís que recuerda que la Tierra, que es la casa común de los seres humanos y de las otras especies que habitan el planeta, es también una hermana. La encíclica destaca la enorme importancia que tiene la defensa de la naturaleza y la vida animal y, por supuesto, la dignidad de los seres humanos. De la lectura del documento se desprende la necesidad de adoptar medidas urgentes para detener la degradación ambiental y los efectos del cambio climático. Es la segunda encíclica del papa Francisco, y fue firmada por el Pontífice el 24 de mayo de 2015. Si bien a lo largo de todos estos años, desde que se publicó el documento hasta nuestros días, el contenido de la encíclica fue tomado en distintas partes del mundo como una hoja de ruta para la acción en defensa del planeta y la biodiversidad, la irrupción de la pandemia de coronavirus no hizo otra cosa que confirmar la vigencia del documento papal, debido a que distintos estudios científicos volvieron a advertir que los desmontes, la destrucción de los hábitats y la alteración de los ecosistemas por la presencia humana tienen una relación directa con la aparición de nuevos virus. Además, un ejemplo de cómo las alteraciones en los ecosistemas impactan en la salud de las personas es la epidemia de dengue en América Latina, donde la quema de bosques para actividades agrícolas provoca, además de una pérdida de hábitats, la proliferación de ambientes donde se desarrollan los mosquitos.
Por otra parte, esta semana al cumplirse el quinto aniversario de Laudato Sí, la Conferencia Episcopal Argentina recordó que se trata de un llamado a la humanidad para proponer al mundo entero un nuevo modo de vincularse con el ambiente; y que la encíclica invita a renovar este llamado urgente y responder a la crisis ecológica analizando las consecuencias de un modelo económico basado en el extractivismo y la especulación financiera, que tiene su correlato en la desigualdad extrema que exhiben las sociedades actuales, donde se observa a escala global una enorme brecha entre ricos y pobres. Sobre este tema, el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, advierte su libro “El precio de la desigualdad” que “el uno por ciento de la población del planeta disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, los mejores médicos y el mejor nivel de vida, pero hay una cosa que el dinero no puede comprar: la comprensión de que su destino está ligado a cómo vive el otro 99 por ciento de los seres humanos”. La pandemia de Covid-19 mostró, de alguna manera, que la reflexión del economista también tiene vigencia, como lo tiene el contenido de Laudato Sí.
Conviene detenerse un momento en el concepto de “casa común”, que utiliza el Papa Franciso en su Laudato Sí, que contiene un llamado a los líderes mundiales, a los estados nacionales y a los pueblos para que se tome conciencia del peligro en que se encuentra la humanidad, para recordar que el sufrimiento de los más vulnerables puede afectar, tarde o temprano, el bienestar del conjunto de la sociedad. En distintas partes del planeta, y la Argentina no permanece ajena al problema, la exposición a contaminantes produce consecuencias en la salud de algunos sectores de la población, especialmente en las familias más pobres, provocando millones de muertes prematuras que podrían haberse evitado. En algunas localidades de nuestro país la contaminación del agua, las fumigaciones áereas en zonas productivas y el exceso en el uso de fertilizantes provocan severas enfermedades en niños y adultos. Si a esto se suma el avance de la frontera agropecuaria, la quema de superficie boscosa y los desmontes, se advierte un escenario de degradación que obliga a adoptar soluciones concretas y consensuadas para evitar el enorme peligro que estas acciones representan para la vida humana y el ecosistema.










