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La electrónica es casi el 50% del costo de un auto

Hace algunos años, los coches eran máquinas que servían para llevarnos de un punto a otro, sin importar de qué clase fuese. Pero los microchips irrumpieron en los años 80 y, poco a poco, se han ido integrando a los automóviles y nuestra vida de forma cotidiana. 

De hecho, con el auge de los smartphones que comenzó allá por 2007 una vida conectada y rodeada de componentes electrónicos es la norma y los automóviles no son una excepción.

Si se presta atención a algo tan trivial como la publicidad, los fabricantes ya no venden prestaciones, sino tecnología. Y esta tecnología, toda la electrónica que equipan en sus entrañas es la parte más cara en el desarrollo, y por ende en el precio final de venta en los concesionarios hasta el punto que hoy el despliegue electrónico dentro de un coche puede significar hasta el 40% de su valor sin tener en cuenta el motor o la transmisión.

El informe Deloitte

En un informe compilado por Deloitte, la compañía indica que en los 90 la informatización liberó su potencial en el mundo del motor sin que nadie imaginara hasta qué punto llegaría a ser relevante.

En 2004, por ejemplo, solo el 25 % de los coches tenían airbags y menos del 50 % asientos eléctricos. Desde entonces, el número de componentes electrónicos ha aumentado significativamente, en gran parte por las normas de seguridad. En 2004, menos del 20 % de los vehículos estaban equipados con elementos como control de estabilidad, airbags laterales, sensor de presión de neumáticos, sensores de aparcamiento o sistemas de monitoreo de punto ciego.

En 2017, muchos de ellos fueron equipados en más del 80 % de los vehículos. Todos estos son ahora elementos de seguridad básicos y, prácticamente, vienen con dotación de serie en todos los modelos vendidos en 2020; algunos de ellos impuestos por las leyes de tránsito.

Mientras tanto, las ayudas de asistencia a la conducción, como el control de crucero adaptativo, la detección de mantenimiento de carril y las advertencias para peatones se acercan a un nivel de automatización que está incluso por detrás de los avances en la tecnología de conducción autónoma.

El tablero de un Audi R8 completamente digital y dependiente de chips que cada día requieren ser más veloces y sofisticados.

Más electrónica, más caros

Es evidente que los coches actuales están mucho más desarrollados, pero todo tiene un precio: si en el 2000 la electrónica “consumía” el 18 % del costo total, en 2020 es del 40 %, y en 2030, se estima que alcanzará el 45 % si no es más gracias a algún avance que hasta ahora desconocemos.

En  2013, los costos de los chips incluidos en un auto eran de alrededor 300 Dólares por vehículo. Hoy la cifra supera los 400 Dólares y en dos años se estima que rondará los 600. A medida que la electrónica se vuelva más común, las tarifas asociadas a esta serán mayores, porque aunque la tecnología se abarate, cada vez se precisa que haya más y mejor .

La opinión de Car and Driver sobre el informe de Deloitte destaca la entrada de la Ley de Moore en la industria automotriz, la cual teoriza que la cantidad de transistores en un microchip se duplicará cada dos años, incluso si los costos se reducen a la mitad en el mismo período.

Sin embargo, ¿qué pasa con los fabricantes que hasta ahora se jactaban de su fiabilidad?. Bueno, eso es menos preocupante entre un público que ya no busca la propiedad y el mantenimiento de por vida, sino productos desechables pero eficientes.

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de probar un coche de última generación con todas las exquisiteces electrónicas que se puedan pedir, sabe que eso mismo puede costar mucho y ni hablar de una reparación, palabra que casi dejó de existir en el vocabulario de los mecánicos y agencias que en el caso de accesorios electrónicos se limitan a cambiar la pieza defectuosa (en caso de que se consiga).