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LA TIERRA, CURIOSO PLANETA

La alimentación: necesidad básica prioritaria

La comida es una necesidad básica y un elemento indispensable para el desarrollo de cualquier civilización. La forma de consumirla y su provisión están sujetos a diferentes condicionantes sociales, económicos y tecnológicos.

Por Juan Antonio Alberto - Email: [email protected]

Según José Miguel Mulet, Licenciado en Química y Doctor en Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Valencia, a lo largo de la historia, cada cultura ha tenido un tipo de alimentación particular. Teniendo en cuenta los últimos avances en el campo de la biotecnología, la genética o la nanotecnología, podemos anticipar qué consecuencias tendrá su aplicación y cómo será la comida y la alimentación en el futuro. Prevemos que aumentará la producción de alimentos y estos serán más respetuosos con el ambiente. Así mismo, las mejoras tecnológicas propiciarán una mejor conservación lo que facilitará la distribución y racionamiento en el planeta.

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SOMOS LO QUE COMEMOS

El filósofo alemán Feuerbach en el siglo XIX concibió la frase “somos lo que comemos”, mal comprendida por muchos, ya que mucha gente la tiñe de una connotación mística o trascendental, otorgándole interpretaciones de lo más variadas, asociándola a diferentes tipos de alimentación con disímiles personalidades, o bien sindicando una presunta superioridad moral de gente que sigue determinadas dietas, inferencias nada más lejos de la realidad. La cita original la escribió en una reseña sobre el libro “Enseñanza de la alimentación para el pueblo” de Jacob Moleschott publicado en 1850, en el que el filósofo alemán compuso textualmente “Si se quiere mejorar al pueblo, en vez de discursos contra los pecados denle mejores alimentos. El hombre es lo que come”. El enunciado solo significa que la primera necesidad básica es alimentarse, y si no tenemos una adecuada alimentación no podemos desarrollarnos como personas. Alimentarse es algo que no siempre ha sido fácil.

La alimentación suficiente y equilibrada para una gran parte de la humanidad es una conquista propia del siglo XX. En el año 1950, el planeta tenía unos 4.000 millones de personas de las que 1.000 millones pasaban hambre, mientras que en la actualidad somos más de 7.000 millones de personas, y menos de 800 millones pasan hambre. Esto supone que hoy está comiendo más gente que en cualquier período anterior de la historia de la humanidad. Para alcanzar dicho logro han sido forzosos adelantos como el desarrollo de variedades híbridas de cereales, los fertilizantes sintéticos, las mejoras en ingeniería aplicadas al riego, la gestión del agua, al procesado y conservación de alimentos y un extenso etcétera. Si examinamos de cerca este avance en la alimentación, los desarrollos tecnológicos recientes y su aplicación a la alimentación, podemos imaginar cómo será la alimentación del futuro.

COMIDA PARA CADA GUSTO Y NECESIDAD

Existen determinados consumidores con requerimientos específicos por alergias, intolerancias, por algún otro tipo de problema, o por elección personal, como veganos, vegetarianos o determinadas opciones religiosas que prefieren una alimentación Kosher o una Halal. Por esto, uno de los desafíos que está cerca de conseguirse es la comida individualizada. El uso de prácticas cuidadas con bases científicas rescatando saberes ancestrales permite, por ejemplo, conseguir vegetales más nutritivos o variedades de trigo aptos para consumidores con problemas u perfeccionar la producción y manipulación de alimentos que logren la aprobación de diferentes certificaciones de índole religiosa o filosófica. Incluso podemos ir más allá, hoy por ejemplo secuenciar un genoma humano es cada vez más barato, así en algún momento de las próximas décadas será probable que alguien secuencie su genoma entero y de acuerdo con él, se cree una dieta específica acorde a sus características metabólicas.

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Merece remarcarse que, actualmente, esta tecnología todavía no está disponible, si bien se venden dietas fraudulentas que juegan con esta idea. Además, tanto las mejoras de producción, como las de conservación y distribución, así como la optimización de los procesos, pueden hacer que en el futuro la producción de alimentos sea más fácil y eficiente, lo que suele incidir en un descenso de precios y suscita que la comida sea más accesible a todos. Por ende, seguirá disminuyendo la proporción de gente que pasa hambre. La comida del futuro será diferente, pero podemos adelantar que será más y mejor, y su producción será más respetuosa con el ambiente gracias al uso de la tecnología y fundamentos científicos valederos.

MÁS Y MEJORES PRODUCTOS ALIMENTICIOS

Desde el neolítico, la producción de alimentos se funda en la biotecnología. No obstante nos atrae adoptar los apelativos de natural o tradicional en temas alimentarios, venimos varios milenios usando la tecnología en todas las fases de la cadena alimentaria, desde el producto hasta el procesado, la distribución y comercialización del producto y subproductos. Efectivamente, en agricultura se definen tres revoluciones verdes: la primera fue la invención de la agricultura en el neolítico, la segunda el uso de híbridos y fertilizantes sintéticos a partir de los años 50 y la tercera empezó hace unos 20 años y viene marcada por el uso de transgénicos en agricultura. Esta última revolución todavía ni ha tocado techo y seguimos viviendo de lleno en ella. El desarrollo de esta tecnología seguirá teniendo protagonismo en el futuro cercano. Algunos de estos hitos son:

Hibridación: Es una técnica ancestral conforme a la cual, un organismo se cruza genéticamente con otras variedades de la misma especie compatibles sexualmente, mejorando sus rendimientos aunque resultan infértiles para producciones posteriores.

Transgénico: Se trata de un organismo en el que, selectivamente, se han introducido uno o varios genes procedentes de la misma especie, de especies cercanas o de otros organismos, incluso, no compatibles sexualmente cambiando rendimiento, calidad y propiedades del producto.

CRISPR/Cas9: Es una innovadora herramienta molecular destinada a “alterar”, “cortar” y “pegar” de una manera fácil y barata cualquier molécula de ADN presente en una célula. Permite expresar genes concretos, corregir genes defectuosos, introducir modificaciones epigenéticas y muchísimas intervenciones más.

Nanotecnología: Consiste en un conjunto de técnicas que operan a un nivel de nanoescala, es decir, manipulando y reordenando las estructuras físicas moleculares y sus átomos.

Producción bajo cubierta y otros progresos: El suelo es un recurso limitado y escaso, y las nuevas superficies agrícolas suelen ser despojadas a la naturaleza, con el consiguiente impacto para la biodiversidad y el medio ambiente. Por suerte, las tecnologías que nos permiten cultivar comida bajo techo son una realidad. Los invernaderos comenzaron a desarrollarse en el siglo XVIII, pensados originalmente para poder mantener especies tropicales en los jardines botánicos durante los inviernos del norte de Europa en la época de los grandes descubrimientos. Su uso en la agricultura se desarrolló más tarde. Los invernaderos permiten cultivar fuera de temporada e independientemente de las condiciones climáticas externas. También se inventó el cultivo hidropónico que permite cultivar sin tierra y de forma controlada, creciendo las plantas en una solución nutritiva. Esto admite, entre otras mejorías, sembrar en vertical y no en horizontal, remediando la demanda de suelo. Contamos asimismo con técnicas para cultivar material vegetal in vitro, facultando retoñar de forma artificial especies o por medio de la biología celular generar nuevas variedades. Técnicas análogas se aplican a los animales, donde podemos clonar aquellos que más nos interesan.

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PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS Y AMBIENTE

Uno de los problemas que conlleva la producción de alimentos es el impacto sobre el entorno. No solo por el uso de suelo, sino por la alteración del ambiente. Tanto el uso de fertilizantes como la ganadería producen gases de efecto invernadero y contaminan los acuíferos con nitratos, nitritos y fosfatos; el riego intensivo favorece la salinización de los suelos. Reducir el impacto ambiental es una inquietud global, tanto para los ciudadanos como para los propios agricultores, que son los primeros afectados por la degradación del entorno.

Algunas opciones formuladas como la agricultura ecológica no han funcionado. Este tipo de agricultura se basa en utilizar únicamente para el cultivo productos de origen natural, independientemente de su eficacia. Esto ocasiona que caiga la producción. Esta caída de producción implica no solo un aumento del precio, sino una incremento de los costes ambientales, medidos como emisiones de CO2 o huella hídrica (índice que mide la eficiencia en el uso de agua).

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No obstante, el empleo de tecnología puede reducir el impacto ambiental. Los organismos transgénicos resistentes a insectos han economizado millones de toneladas de insecticidas al entorno, y el incremento de eficiencia permite seguir obteniendo alimentos sin ocupar más suelo. Se están investigando prácticas específicas para salvar este impacto. Por ejemplo, la ganadería porcina es superlativamente contaminante pues los purines son muy ricos en fosfatos. Si estos fosfatos alcanzan a algún acuífero, contribuye el crecimiento rápido de algas fotosintéticas que cubren toda la superficie e impiden que llegue la luz a niveles inferiores matando el ecosistema. Este problema ocurre porque la principal alimentación de la cabaña porcina es el maíz, que es rico en una molécula, el ácido fítico, la cual secuestra el fosfato e impide su asimilación por parte del animal, lo que obliga a suplementar el potasio. Una estrategia para evitar este problema es criar cerdos transgénicos que emitan una enzima llamada fitasa en su saliva, suceso que permitiría degradar el ácido fítico y aumentar la biodisponibilidad de fosfato, evitando de paso parte de los problemas de gestión de residuos.

Fuentes: http://elenacicuendez.blogspot.com. ar/2010/04/introduccion.html

http://www.ecologistasenaccion.org/rubrique423. html

https://www.excelenciasgourmet.com/es/ taxonomy/term/939 Mulet, J.M. La Alimentación que Viene. Fronteras de la Ciencia, 1 (2017) 80-87