“El Estado llegó tarde al barrio Toba, está a tiempo de no repetir errores”
Un referente del Chilliyí asegura que el primer caso provino del Perrando y que falta mitigar espacios donde puede reunirse gente.
Carlos Núñez preside la organización 19 de Abril, un espacio que se organizó para ayudar a las familias arrasadas durante la crisis económica de 2001, “cuando éramos jóvenes y ahora ya tenemos más de cuarenta”, dice.

Para entender cuán rápido se transmitió el virus describe que los vínculos familiares interrelacionan los seis barrios que forman el Gran Toba. Como ejemplo sirve ver su caso: “Vivo en el Chilliyí, mi hermano en el Toba y mis hijos en el Camalote”. Por eso se enfoca en que ahora es necesario reducir al mínimo las posibilidades de encuentro social, especialmente pidió desactivar dos canchitas de fútbol.
“Estamos mal porque algunos todavía no tomaron en serio lo del aislamiento social, más los jóvenes que juegan al fútbol, organizan juntadas y pasean dentro y fuera del barrio”, reconoce.
Mucho antes
A mediados de marzo, mucho antes de que el panorama empeore ni se imaginaran que habría tantos contagios en el barrio, asegura que se formó un comité indígena de emergencia que presentó al Estado un pedido de refuerzo en tres aspectos: salud, seguridad y alimento. “Habíamos propuesto organizar una guardia comunitaria, durante la mañana y que por las noches acudan las fuerzas de seguridad. Pero se tardó en activar y recién se hizo cuando hubo un primer caso”, lamenta.
Con la confirmación de Covid-19 agrega que “se insistió y se lograron algunas cosas, pero al activar (la provincia) no se avisó al grupo que habíamos organizado, por lo que hubo descontento y desinformación en la gente”. Cita un ejemplo: se vallaron calles sin consultar en cuáles era mejor hacerlo con tierra y en cuáles con barreras.
Hoy, con la mayoría de las medidas ya desplegadas, subraya que es necesario que funcione el camión sanitario para realizar los hisopados. También que se encuentre una manera de disminuir la venta y consumo de bebidas alcohólicas en la zona –especialmente por la noche- y que en almacenes de proximidad cese la especulación con los precios a algunos productos básicos como la carne.
“Nos cuesta superar el miedo”
En una población de unas 4.500 personas, Núñez contabiliza quince muertes por covid-19 en casi dos semanas: “Estamos lamentando muchos

decesos; a veces más de uno en un día”.
Una a una menciona las reacciones que llegaron ‘de afuera’ con los primeros contagios. Desde audios virales alertando a extremar la higiene de verduras porque personas que viven en el Toba trabajan en el mercado frutihortícola o advirtiendo que un infectado viajaría a La Leonesa, hasta la denuncia por dos varones aislados que se habrían escapado del hospital, cuando en realidad los trasladó una ambulancia hasta su domicilio.
Todo junto –asegura- unió a los dirigentes, los llevó a limar diferencias y a reorganizarse en el comité indígena. “Mientras a algunos todavía nos está costando superar el miedo, seguimos trabajando para garantizar el alimento para los que ya no pueden salir a trabajar, para los artesanos para los ancianos y para las madres con varios chicos”.
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